Artículos - Una ventana a la Filosofía Natural

Entre el 21 y el 27 de diciembre de 1968, los estadounidenses Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders realizaron un vuelo de pruebas con el Módulo de Comando Apollo 8… en trayectoria interplanetaria hacia la Luna. Fue el primer viaje tripulado a otro mundo.  Al acercarse la Navidad de 1968, el plazo dado por el presidente John F. Kennedy de colocar un ser humano en la Luna antes del final de la década se estaba terminando. Peor, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos estaban obteniendo informaciones de que un gigantesco cohete soviético estaba siendo preparado, en las llanuras de Asia Central.   Entonces la NASA respondió con una jugada osada: saltear el cronograma de pruebas de su propio cohete gigante, el Saturn V, lanzándolo directo hacia la Luna ya en su primer vuelo experimental con personas en su punta.   Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders se convirtieron así en los primeros seres humanos en ver con sus propios ojos maravillas como la cara oculta de la Luna, aquella que nunca muestra durante su movimiento orbital alrededor de la Tierra.  Estos tres seres humanos también fueron los primeros seres humanos que vieron su planeta natal como realmente es: como una gran bolita de vidrio azul en el inmenso vacío del espacio. La Tierra entera quedaba así reducida a un pequeño juguete para niños.   Después de veinte alucinantes órbitas a 100 km de altura sobre la superficie lunar, comenzaban el viaje de regreso a la Tierra.

Artículos de Ciencia y Tecnología sobre Aeronáutica, Astronáutica, Astronomía, Automovilística, Biología, Cosmología y Física escritos en lenguaje común.

Copyright © 1998-2016. Se prohíbe la reproducción. Todos los derechos reservados.


Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.

Subpages (86): View All