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* ¿Cuál es la verdad sobre el origen del Universo?

Telescopio espacial Hubble moderno instrumentoo permite ver regiones más antiguas Universo, miles de millones años-luz distancia. Crédito: Misión mantenimiento STS-82 (transbordador "Discovery") NASA

TENTATIVAS DE CONCILIAR CIENCIA CON RELIGIÓN: ¿CUÁL ES LA VERDAD SOBRE EL ORIGEN DEL UNIVERSO?
Existe hoy en día un movimiento que inútilmente intenta conciliar la Ciencia con la Religión, ignorando que estos dos ámbitos de la vida humana se separaron hace casi 400 años con el juicio a Galileo Galilei. Pero en determinadas condiciones y con mucha imaginación aún sería posible unir el relato bíblico a los conocimientos científicos.

Sobre el origen del mundo, la Religión judeocristiana occidental tradicionalmente se ha remitido al relato del Génesis, escrito por muchas manos pero adjudicado al Moisés del Egipto de allá por el año de 1350 B.C.E.

En 1701, un académico irlandés llamado James Ussher fijó la cronología expuesta en el Génesis tomando las fechas de diferentes partes de la Biblia y comparando estas fechas con varios documentos antiguos y fuentes arqueológicas. Si el Génesis es literal y verdadero entonces, de acuerdo a aquél, la luz, los cielos y la Tierra fueron creados el domingo 23 de octubre del año 4004 B.C.E., los mares fueron creados el lunes 24 de octubre del 4004 B.C.E., los continentes y las plantas el martes 25 de octubre, el Sol, la Luna, los otros planetas y otras estrellas el miércoles 26, los seres acuáticos y las aves el jueves 27 y los animales terrestres y el ser humano el 28 de octubre del 4004 B.C.E. Para el 29 de octubre del 4004 B.C.E. el Universo estaba listo y no había nada más que retocar.

Sin embargo, observando y probando durante los últimos tres siglos desde la cronología de Ussher hemos visto que las cosas son un poco diferentes. Las evidencias empíricas nos muestran a todos, creyentes y no creyentes, que la creación del mundo (si la hubo) está en un tiempo no observado, antes de que el Universo comenzara una gran expansión conocida como Big Bang y del cual surgieron los cielos y la luz hace 13 700 millones de años. Las primeras estrellas surgieron hace 13 mil millones de años, el Sol hace 4900 millones de años, la Tierra, la Luna y otros planetas hace 4600 millones de años, los primeros seres acuáticos hace 3600 millones de años, los primeros animales terrestres hace 520 millones de años, las primeras plantas hace 480 millones de años, los primeros seres humanos hace por lo menos 3,18 millones de años, los seres humanos actuales hace 100 mil años o poco más, y aún hoy el Universo sigue cambiando y evolucionando constantemente sin que veamos bien hacia donde se dirige.

Antes de acusar a uno u otro bando de mentiroso, tal vez podamos hacer un ejercicio mental e intentar ver bajo qué condiciones estas discrepancias se podrían explicar.

SI LA BIBLIA ES LITERAL

Una opción es que el Génesis es verdadero y el Universo realmente fue creado en la semana del 23 al 29 de octubre del año 4004 B.C.E., pero Dios lo creó de tal manera que nada más aparenta tener miles de millones de años, simplemente para probar nuestra Fe. Esto parte de la suposición de que Dios es todopoderoso y por tanto podría crear pistas falsas que nos hagan creer que el Universo es muy viejo cuando en realidad sólo tiene unos 6000 años. Es una línea de pensamiento similar a la que decía que los fósiles de dinosaurios en realidad eran obras del Diablo para despistar a los seres humanos, o el caso del sacerdote que se negó a observar por el telescopio de Galileo porque decía que era un instrumento satánico y no conocería la verdad acerca del Universo a través de él.

Pero hablando más en serio, nadie estuvo en las primeras épocas del Universo para saber cómo realmente era, ni cómo fue evolucionando. Lo único que podemos hacer es suponer que el Universo fue de determinada forma entendiendo como funciona actualmente y suponiendo que ha estado funcionando de la misma manera desde que surgió. Pero si las "leyes" de la naturaleza son arbitrarias y caprichosas y cambian constantemente, según diga Dios, entonces no tendremos manera de saber cómo era el Universo en el pasado, cuándo fue este pasado, ni qué cambios hubo. Sin embargo, no hay ninguna evidencia fuera de los relatos religiosos que apoye esta suposición. Lo más simple es pensar que las pruebas físicas que tenemos a mano son reales y no frutos de un engaño o espejismo.

SI LA BIBLIA ES UNA METÁFORA

La otra posibilidad es que el Génesis es simplemente una metáfora y el Universo en realidad fue creado por Dios en el Big Bang hace 13 700 millones de años, de modo que Ciencia y Religión están de acuerdo. Esto es lo que probablemente piensa la mayoría de la población, y es una buena tentativa de conciliar la necesidad de vivir en un mundo moderno rodeado y dependiendo de la Ciencia y la Tecnología, y la cultura religiosa heredada o adquirida según las necesidades emocionales o espirituales de cada uno. Pero aún así, hay dos problemas: uno es que si la Biblia ahora no es literal sino que está sujeta a la interpretación de cada uno según los tiempos cambien y los conocimientos científicos avancen, va a resultar difícil decidir qué parte de la Biblia es literal y qué parte es inventada o exagerada. Debemos recordar que muchos todavía dicen que Jesús de Nazareth sí podía realizar milagros "sobrenaturales" verdaderos y no simples trucos de ilusionista, y sí resucitó de entre los muertos y no que su cuerpo fue robado o escondido por sus seguidores o tirado a la Gehena. Ver la Biblia según la conveniencia del momento le quita credibilidad.

Comúnmente esta hipótesis todavía implica que Dios jugó algún papel en el destino del Universo, ya sea creando las "leyes" iniciales de la naturaleza o guiando la evolución por tal o cual camino. Inclusive se dice que Dios influye en el día a día de las personas hasta hoy. Pero ahora el problema es que Dios no consigue ser tan caprichoso o todopoderoso como en la hipótesis anterior: tiene que respetar ciertas normas, ciertas "leyes" de la naturaleza para que el Universo tenga consistencia y no sea algo caótico, imposible de predecir. En esta hipótesis la voluntad de Dios tiene límites. ¿Cuáles son esos límites, y porqué son esos y no otros? ¿Por qué las "leyes" de la naturaleza son las que son, y no son otras? Hasta ahora, no vemos una explicación para esto. Es más, el propio Darwin descubrió que la evolución en realidad es aleatoria y no dictada por alguien para conseguir un fin. De las innumerables mutaciones que existen en el mundo natural, algunas sobreviven y otras no. El drama de la Vida es impredecible y no existe un guión dictado por alguien que se sigue al pie de la letra. Es lo que observamos, y fuera de los ámbitos religiosos, no existe nada que nos indique que estemos equivocados.

Si ambas de estas especulaciones son falsas, entonces o la Religión es falsa o la Ciencia es falsa.

CIENCIA Y RELIGIÓN: FILOSOFÍAS OPUESTAS

Al hablar de Ciencia y Religión, nunca hay que olvidar que, si bien ambas buscan la verdad, usan sistemas de pensamiento totalmente diferentes. La religión admite que la verdad viene de “arriba”, a través de una revelación divina que ciertos intérpretes (las autoridades religiosas) se encargan de hacer llegar y explicar al público.

La Ciencia es muy diferente porque no admite la existencia de ninguna autoridad al que se le debe hacer caso, ni ningún conocimiento sobre el mundo exterior que pueda llegarnos a través de una reflexión interior. Parte de la base de que el mundo es como es y no como nos gustaría que sea, o sea que para conocerlo no tenemos que escuchar a grandes eruditos ni hacerle caso a tradiciones milenarias, sino que tenemos que mirar lo que hay a nuestro alrededor. Hay que observar, tocar, probar por uno mismo. Es el experimento y no la teoría el que nos dice la verdad acerca del mundo que nos rodea.

Es natural pues que la Ciencia exija que todo relato sobre el origen del mundo, independientemente de la fama, respeto o nivel jerárquico que tenga la persona que proponga la explicación, se base ante todo en cosas que todas las otras personas puedan ver y tocar por sí mismas, sin recurrir a la necesidad de tener que confiar o no en el relato o relator. La Ciencia es intrínsecamente escéptica. De hecho el escepticismo, que en ámbitos religiosos es mal visto, es una cualidad esencial del buen científico. “Sólo creeré cuando vea y cuando toque” es una de las frases que mejor ejemplifica los diferentes puntos de vista entre la Ciencia y la Religión: para la Ciencia esa es una actitud correcta y deseable, para la Religión es una actitud errada y condenable.

A. L.

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Basado en una charla dada en la USP, el 12 de octubre de 2002. Publicado originalmente en ABC Color, el 16 de setiembre de 2007. Fotografía: El telescopio espacial Hubble es uno de los modernos instrumentos que nos está proveyendo información acerca de las regiones más antiguas del Universo, al permitirnos ver a través de miles de millones de años-luz de distancia. Crédito: Misión de mantenimiento STS-82 (transbordador "Discovery") de la NASA.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.