* ¿Vida en Marte?

A UNA GENERACIÓN DESPUÉS DEL PRIMER EXPERIMENTO CONTROLADO SOBRE VIDA EXTRATERRESTRE: ¿VIDA EN MARTE?

* Life on Mars?

Algunos años atrás hubo un furor por una fotografía de la NASA en donde aparece una “cara en Marte”, una monumental estructura que para muchos era una esfinge egipcia, cerca de “pirámides pentagonales”. Pero las expectativas de la comunidad científica siempre han sido mucho más modestas: se contentarían con encontrar algunas bacterias.

La foto en cuestión fue sacada en 1976 por el satélite-sonda Viking Orbiter 1, cuyas cámaras podían mostrar detalles en el suelo que tuviesen un tamaño mínimo de 100 m. En 1996 la NASA lanzó una nueva sonda, la Mars Global Surveyor, con cámaras capaces de sacar fotos 10 veces más nítidas y con un altímetro topográfico a laser. Conclusión: son apenas montañas naturales. No hay civilizaciones marcianas.

LA IMPORTANCIA DE UN FÓSIL DE BACTERIA

En 1961 Frank Drake, quien buscaba civilizaciones extraterrestres con radiotelescopios, declaró lo obvio: para empezar, no sabemos si la vida puede surgir en otros planetas.

Algunos opinan que el hecho de que la materia inanimada de repente se haya vuelto viva es tan extraordinario que debe haber sido producto de un accidente, tan improbable que sucedió una sola vez (hace 3800 millones de años) y en un solo lugar del Universo (aquí en la Tierra). Otros van más allá y dicen que el “accidente” no es sólo improbable sino que imposible, y sólo pudo suceder por intervención de “un ser superior”.

Los que opinan que sí surgió vida también en otros lugares piensan que, al contrario, nosotros no somos nada especiales y que la vida debe ser una constante en el Universo y no una excepción. Las bases científicas para esta teoría aparecieron en 1860 cuando Louis Pasteur descubrió que ningún ser vivo puede ser creado de la nada y que todo ser vivo actual viene de uno anterior. En 1859 Charles Darwin explicó que la selección natural tiene como consecuencia la evolución de las especies vivas, o sea, que los seres vivos alguna vez fueron mucho más primitivos, inclusive simples células. Y en 1953 el químico Stanley Miller probó experimentalmente que, en las condiciones apropiadas, sustancias químicas simples se juntan formando estructuras moleculares muy complejas, como las que encontramos en nuestros cuerpos.

Hasta donde sabemos, los objetos caen hacia abajo tanto en la Tierra como en la Luna o en Alfa Centauri; todas las sustancias químicas que hay aquí también existen en el resto del Universo, y todas las que detectamos allá afuera también existen en la Tierra. La pregunta es: ¿hay “leyes” de la Biología que sean las mismas en cualquier parte del Universo? Encontrar una simple bacteria extraterrestre podría ayudar a responder esto.

EL AMBIENTE MARCIANO

Marte es el único planeta cuya superficie podemos ver con un telescopio pequeño: una bolita de color arena (un gigantesco desierto) con manchitas blancas cerca de los polos: casquetes polares, que crecen y disminuyen con las estaciones. También tiene manchas oscuras que durante algún tiempo se pensó podían ser vegetación. En 1895 Percival Lowell inclusive llegó a escribir que veía líneas rectas saliendo de los casquetes y dirigiéndose hacia el ecuador marciano: canales, según él, para abastecer de agua a una moribunda civilización marciana. Pero en 1965 la sonda Mariner 4 descubrió que Marte tiene muchos cráteres, lo que significa una falta de erosión por agua, o sea, que no llueve hace miles de millones de años, debido a la muy baja presión atmosférica. Las esperanzas revivieron en 1971, cuando la sonda-satélite Mariner 9 comenzó a realizar mapas globales de Marte, donde aparecen lechos secos de ríos, indicando que el ambiente fue más benigno justo en la época en que surgía la vida aquí en la Tierra. ¿Por qué no surgiría también en Marte?

PRIMERA BÚSQUEDA DE VIDA EN MARTE

En los primeros años de la Era Espacial se llegó al consenso de que debía buscarse vida en Marte pronto, en cuanto el planeta se mantuviese no contaminado por los humanos. En 1968 fue aprobado el proyecto interplanetario Viking, el más complejo y caro hasta esa época: casi mil millones de dólares. Serían naves dobles, donde una mitad quedaba girando alrededor del planeta, realizando estudios desde arriba, y la otra mitad bajaba a la superficie.

El 20 de julio de 1976, luego de desprenderse del Viking Orbiter 1, la Viking Lander 1 finalmente tocó suelo. La primera fotografía transmitida desde Marte muestra una de sus patas y confirmó que estaba firmemente apoyada sobre la superficie. El 3 de septiembre de 1976 la Viking Lander 2 bajó en el hemisferio opuesto. Estas naves consiguieron las primeras mediciones meteorológicas y geológicas desde la propia superficie de Marte.

Como no podían volver a la Tierra, tenían varios instrumentos para detectar vida a control remoto. Primero y lo más obvio: un par de cámaras. Estas no detectaron caballos ni árboles marcianos, por lo que se presumió que no hay vida macroscópica. Entonces lo siguiente era buscar vida microscópica, que en la Tierra está por todas partes y soporta todo tipo de clima. Con brazos robot se recogieron muchas muestras que fueron colocadas en varios instrumentos dentro de cada nave. Uno era un cromatógrafo a gas acoplado a un espectrómetro de masas, para detectar cualquier tipo de moléculas que suelen estar presentes en los seres vivos. Otro dispositivo contaba con recámaras separadas donde diversas muestras podían ser sometidas a básicamente tres experimentos: uno para detectar reacciones químicas que indicasen procesos metabólicos semejantes a respiración, otro para reacciones químicas que indicasen procesos semejantes a digestión y otro para indicios de fotosíntesis.

Los tres experimentos metabólicos dieron el siguiente resultado: positivo. Pero (siempre hay un pero) el cuarto experimento no: el cromatógrafo a gas y espectrómetro de masas no conseguía detectar ninguna molécula asociada a seres vivos. Este equipo había sido probado en desiertos secos de la Antártida, e incluso en estos lugares tan inhóspitos había conseguido detectar moléculas orgánicas complejas, pero no en Marte. O sea, había metabolismo, pero no se encontraba el cuerpo, ni siquiera sus restos soplados por el viento. Ambas naves, en hemisferios opuestos, dieron resultados semejantes.

Hoy, 35 años después, podemos hacer las siguientes reflexiones: o las reacciones químicas no eran de origen biológico, o sea, eran generadas por sustancias del suelo en sí, como peróxidos o superóxidos. O se detectó algún tipo de biología con otra clase de moléculas para las cuales el instrumento no estaba preparado, por ejemplo, que no contienen carbono. O ambas naves tuvieron fallas técnicas muy semejantes. O simplemente Marte es más inhóspito que el lugar más inhóspito de la Tierra, la Antártida.

EL METEORITO MARCIANO

Los meteoritos son piedras que caen del cielo. De los encontrados hasta ahora, se vio que unos 40, comparando con los análisis de naves espaciales, corresponden a la Luna, y otra treintena, a Marte, probablemente arrojados al espacio por colisiones con asteroides. Uno que fue parte de Marte hace más de mil millones de años atrás estuvo en el centro de una polémica cuando, en 1996, David McKay y colaboradores presentaron un informe científico titulado “Búsqueda de vida pasada en Marte: posible actividad biogénica reliquia en el meteorito marciano ALH84001”. Mostraron que es una roca volcánica que había estado expuesta a un medio fluido, que tiene glóbulos de carbonatos, partículas de magnetita y sulfato de hierro (que son residuos comunes en cierto tipo de actividad metabólica), moléculas orgánicas complejas y lo que parecen microfósiles de bacterias. La confusión vino porque algunos quisieron emplear la palabra “posible” como si fuera “probable”, y hay quien llegó al extremo de entender “probado”. Es posible que hayan existido bacterias en Marte y que luego fueron lanzadas hacia la Tierra, pero se piensa que es muy improbable que lo encontrado en ese meteorito en particular sean indicios de vida extraterrestre. Reflexionando sobre el caso 15 años después, nos quedan las dudas siguientes: o el meteorito contenía vida marciana; o fue contaminado después, en la Tierra; o los “indicios” son todos de origen no biológico sino que de procesos minerales naturales. Una vez más, el principio desarrollado por David Hume, Pierre-Simon Laplace, Marcello Truzzi ("On the extraordinary: an attemp at clarification", Zetetic Scholar, Volumen 1, Número 1, 1978, pp. 11-19) y otros y popularizado por una cierta persona se aplica: es mejor que tenga usted algunas evidencias bastante extraordinarias si es que va a tomar en serio unas alegaciones bastante extraordinarias, para poder probarlas. 

NUEVAS POSIBILIDADES DE ENCONTRAR VIDA EN MARTE

En el 2000 la Mars Global Surveyor fotografió, con nitidez de 2 m, lo que parecen ser marcas de arroyos brotando sobre el desierto: como las arenas son siempre cambiantes, ahora no estamos hablando de agua en un pasado remoto, sino que en el presente. Aunque aparentemente en este caso son producto del deshielo, no se descarta que exista agua líquida protegida en lugares subterráneos. Las nuevas naves investigan esta posibilidad.

En 2004 la Agencia Espacial Europea intentó bajar la sonda Beagle 2, que tenía un espectrómetro de masas 10 veces más sensible que los de las Viking, buscando detectar los hipotéticos residuos moleculares de vida marciana. Infelizmente la misión se perdió.

La NASA continúa con su política de mandar naves espaciales a Marte cada 26 meses. Toda nave que debe bajar es completamente esterilizada para no perjudicar futuros experimentos biológicos, y para evitar destruir cualquier forma de vida marciana. Ya se están estudiando misiones que colocarían, por fin, un cohete en Marte capaz de lanzar hacia la Tierra cápsulas con muestras frescas, para análisis más detallados y confiables en laboratorios de aquí. Claro, siempre evitando contaminar nuestro planeta con cualquier forma de vida marciana. De todos modos, parece que la mejor manera de salir de la duda de si existe o no vida en Marte va a acabar siendo el envío de biólogos humanos hasta allá.

A. L.

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Basado en una charla dada en la USP, el 30 de agosto de 2003. Publicado originalmente en ABC Color, el 10 de setiembre de 2006. Fotografía: El Viking Lander 2 cubierto por el polvo marciano soplado por los fuertes vientos. En el medio, el mástil de la antena parabólica para comunicarse con la Tierra. A la derecha, uno de los generadores nucleares. Abajo a la derecha, parte de la boca redonda del procesador biológico. Crédito: NASA / JPL-Caltech. Con permiso de NASA HQ History Program Office.

A scientific, very respectful and well-thought reply to the popular question "Do you believe in UFOs?"  This book evolved as a reply to one of the most frequent questions that I used to hear from the public when I was working in an astronomical observatory: "Do you believe in UFOs?". That seems an odd question to ask to scientists, but after researching conscientiously for about a full year, I discovered, to my surprise, that mainstream Science has a few things to say about the topic.  This book is not about conspiracy theory, "NASA is hiding the truth", or much less, that flying saucers have already landed on the lawn of the White House. Rather, it is a book about what is the most rational reply that a scientist, or in my case, a science writer, can offer when people insist on asking that question.  As one advances through the chapters, explores the following rationale: Is there life in the Universe? The answer is yes: us. Are there civilizations capable of spaceflight? The answer is again yes: us. Can we expand those two questions? Can we answer also: "them" and "them"?  All illustrations are also available at naturapop.com