* Arthur C. Clarke, creador de "2001: una odisea espacial"

OBITUARIO: ARTHUR C. CLARKE, CREADOR DE “2001: UNA ODISEA ESPACIAL”

* Arthur C. Clarke, creator of "2001: a space odyssey"

Ha muerto a los 90 años de edad el escritor Arthur C. Clarke, quien junto con Isaac Asimov y Robert Heinlein fue considerado uno de los “Tres Grandes” de la ciencia ficción del Siglo XX. Muy famoso luego de su nominación al Oscar por el guión de la película “2001”, Clarke publicó más de 70 títulos, en los cuales exploró el papel de la Ciencia y la Tecnología en el futuro de la especie humana.

Arthur C. Clarke nació en el pueblo costero de Minehead, Inglaterra, el 16 de diciembre de 1917, en una familia de granjeros. Terminó la escuela en su comunidad natal, y se mudó a Londres en 1936. Allí persiguió un interés en las ciencias espaciales, uniéndose a la British Interplanetary Society. Fue columnista del Boletín de esta Sociedad, experiencia que lo llevó a escribir sus primeros trabajos de ficción científica.

Esta vocación se interrumpió en 1939 con la llegada de la Segunda Guerra Mundial. Reclutado por la Fuerza Aérea británica, sus habilidades lo llevaron a unirse a uno de los grupos que en aquel momento experimentaba con el radar y otros novedosos equipos electrónicos de navegación aérea.

Después de la guerra, volvió a Londres y a su colaboración con la British Interplanetary Society, de manera tan destacada que eventualmente se convirtió en su presidente, entre 1947 y 1950, y de nuevo en 1953.

Consiguió dinero y volvió a estudiar, recibiéndose en Física y Matemática en el King’s College de Londres, en 1949.

CONTRIBUCIONES CIENTÍFICAS

Arthur C. Clarke publicó en 1945 la idea de colocar equipos de transmisión de radio y televisión en satélites artificiales, a suficiente altura como para que puedan ser visibles desde dos continentes separados al mismo tiempo. La señal sería enviada desde un continente al satélite, y luego desde el satélite, re-transmitida al otro continente. Clarke pensó que sería muy útil colocar estos satélites en órbitas grandes, de 24 horas de duración, puesto que así andarían acompañando el giro de la Tierra. Una vez colocados sobre determinado lugar, los movimientos del planeta y el satélite estarán sincronizados, y las personas (o antenas) de ese lugar siempre verán al artefacto.

En determinado momento Clarke consultó con un abogado sobre la posibilidad de patentar la idea, pero éste le dijo que, sin la tecnología para materializarla, hubiera sido rechazada. Para 1954, el desarrollo de post-guerra de los cohetes hizo que en las publicaciones científicas ya abundasen soluciones concretas para la colocación en órbita de pequeños satélites artificiales. Pero ahora para Clarke ya era demasiado tarde: la idea inicial ya estaba ampliamente difundida, por lo que no podrían otorgarle la exclusividad.

De cualquier manera, trabajó con científicos e ingenieros en el desarrollo de naves espaciales y vehículos de lanzamiento. También tuvo la oportunidad de hablar ante la ONU durante las deliberaciones sobre el uso pacífico del espacio exterior.

Una idea más reciente de Clarke y que todavía está muy lejos de realizarse es el “ascensor espacial”, de 36 000 km de altura desde el suelo hasta el espacio, por donde astronautas y cargas podrían entrar directamente en órbita sin necesidad de cohetes.

UNO DE LOS MAYORES ESCRITORES DE CIENCIA FICCIÓN

Clarke ya comenzó a vivir exclusivamente de sus artículos y libros por el año 1951. La primera historia que vendió profesionalmente se llamaba “Patrulla de Rescate”, escrita en marzo de 1945 y publicada en el número de mayo de 1946 de la revista “Asombrosa Ciencia Ficción”. A partir de ahí, comenzaría una carrera de más de 70 títulos en total. Entre sus más destacados en la categoría de no ficción están “La exploración del Espacio”, de 1951, “La construcción de una luna”, de 1957, y “Perfiles del futuro”, de 1962; entre sus obras de ciencia ficción, se convirtieron en clásicos “El fin de la infancia”, de 1953, “Cita con Rama”, de 1972, “Fuentes del paraíso”, de 1979, “Cánticos de la lejana Tierra”, de 1986, y por supuesto la inmortal “2001: una odisea espacial”, de 1968, cuyo éxito generó las secuelas “2010”, “2061” y “3001”.

En 1964, comenzó a trabajar con el famoso cineasta Stanley Kubrick, quien venía de hacer “Lolita” y “Dr. Insólito”. El punto de partida de esta colaboración era un cuento escrito por Clarke en 1948, llamado “El Centinela”. Al principio Kubrick le pidió a Clarke que escribiera un guión cinematográfico, pero el tiempo pasó y Clarke no conseguía avanzar con las técnicas literarias de la industria del cine, por lo que se acordó que escribiría primero una novela y después Kubrick haría la adaptación. En realidad, acabaron trabajando en paralelo, y de hecho Kubrick terminó la versión cinematográfica antes. La versión del escritor, publicada después de la película, tiene algunas diferencias, con un monolito más activo y un final más entendible.

Lo que comparten en común Clarke y Kubrick, sin embargo, es su gusto por la llamada “ciencia ficción dura”, es decir, lo más realista posible, sin recurrir a la magia o el esoterismo, o a soluciones demasiado fantásticas que rompen la credibilidad (y el suspenso) en sus aventuras. Todo lo que describen respeta las leyes naturales, y puede llegar a suceder algún día. (Si Estados Unidos hubiese mantenido el dineral para el espacio en 5% de su presupuesto federal, como en la década de 1960, habríamos estado en Marte en 1980 y en Júpiter en el 2001). Vale recordar que “2001” es una de las pocas películas en donde explosiones en el espacio no hacen ruido, y aun así son dramáticas.

En este tipo de obras, la fuente de asombro y de maravillas para el espectador viene de una de las observaciones más famosas de Arthur C. Clarke, la denominada por él mismo su Tercera Ley (publicada en "Los riesgos de las profecías: el fracaso de la imaginación", en "Perfiles del futuro", edición revisada, Harper & Row, New York, 1973) que dice que una demostración de determinada tecnología parecería virtualmente idéntica a una manifestación de magia si es que la tecnología en cuestión es suficientemente avanzada.

OTROS INTERESES

En 1981, escribió y presentó una serie de televisión de 13 capítulos titulada “El mundo misterioso de Arthur C. Clarke”, donde explora grandes incógnitas y aspectos bizarros del mundo natural que nos rodea. Esta serie fue seguida por “El mundo de los poderes extraños”, en 1984, donde curiosea sobre fenómenos parapsicológicos.

Clarke visitó la isla de Sri Lanka, en el océano Índico, en diciembre de 1954, y le gustaron tanto sus playas y la vida submarina, que se mudó de manera permanente a esta nación. Vivió en la parte sur y luego en la capital Colombo por sus siguientes 52 años.

En las últimas décadas de su vida, Arthur C. Clarke se mantuvo confinado a una silla de ruedas, debilitado por un caso de poliomielitis de muchos años atrás. Sin embargo, su producción como escritor no disminuyó con esto, ni tampoco con la edad avanzada.

EL MISTERIO DE “2001”

Una cierta persona cuenta una anécdota con relación a la filmación de la película “2001: una odisea espacial”. El guionista Arthur C. Clarke y el director Stanley Kubrick le confesaron un grave contratiempo que estaban teniendo: de qué forma ilustrar a los seres alienígenas de la manera más realista posible. Esta cierta persona trajo a colación una tesis conocida en la comunidad científica: cualquier civilización extraterrestre que tuviera la capacidad de viajar entre las estrellas y llegar hasta la Tierra tendría que ser mucho más avanzada que la nuestra, por lo que serían muy diferentes. También, debido a que es imposible saber qué caminos podría haber seguido la evolución biológica en un planeta diferente a la Tierra, sería casi imposible que los eventuales seres, productos de esta otra evolución, sean parecidos a nosotros. Lo más probable es que tengan una constitución biológica, fisiológica y anatómica muy diferente a la nuestra. Por tanto, cualquier entidad biológica extraterrestre (término acuñado aparentemente por el Dr. Detlev Bronk) que el director pudiera hacer para la cinta sin duda sería pura fantasía. Ayudado por este asesoramiento, Kubrick decidió entonces no hacer aparecer a ningún E.B.E.: se contentaría simplemente (o como sucedió después, magistralmente) en apenas llevar a intuir su presencia, de manera indirecta, a través de un pasivo monolito.

En realidad, la idea del monolito-observador viene del propio Clarke, puesto que es una pieza central de “El centinela”. Inclusive, escenas como el descubrimiento del artefacto en la Luna, y las pruebas arqueológicas demostrando su edad de muchos millones de años, fueron recicladas para “2001”. Aquí Clarke se había anticipado a aquella cierta persona.

Un detalle que muchos espectadores no consiguieron apreciar es que “2001” describe la historia de la evolución del Universo pensante. Comienza cuatro millones de años en el pasado, con los hombres-monos, se traslada al tiempo presente (la “Era Espacial”), y termina, de la mano de los alienígenas, millones de años en el futuro, si no literalmente, por lo menos en forma de una transferencia de conocimientos, acumulados por parte de esta civilización ultrafuturista a través de millones de años de exploración del Universo.

Por otro lado, el estilo del libro es el estilo de Clarke, si lo comparamos con otras obras como “Cita con Rama”; en cuanto que el estilo de la película es el estilo de Kubrick, como lo demuestra la similitud con otros filmes como “El resplandor” o “De ojos bien cerrados”, en los que predominan el lenguaje visual y musical en detrimento de los diálogos, o inclusive “La naranja mecánica”, donde se explora la influencia de los instintos animales sobre seres supuestamente civilizados y modernos.

Fiel a su vocación de divulgador de la Ciencia, en su libro “2001” Clarke explica el final con todas las letras. Sin embargo, Kubrick prefirió guiarse por aquella cierta persona y dejar todo en un misterio. La verdad es que el contacto entre dos civilizaciones de desarrollo tan diferente, una de ellas 4 millones de años más avanzada que la otra, se asemeja más bien a un intento de diálogo entre Homo sapiens y chimpancés. Así que si “2001: una odisea espacial” le pareció una película, como quien dice, "inentendible", probablemente fue así porque era justamente eso lo que el director quería mostrar. 

Con la muerte de Arthur C. Clarke, el 19 de marzo de 2008, el mundo perdió a un gran visionario. El futuro quedó ahora, paradójicamente, un poquito más distante.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 13 de abril de 2008. Fotografía: Arthur C. Clarke en su oficina hogareña en Colombo, Sri Lanka, el 28 de marzo de 2005. Crédito: Amy Marash, con permiso.

A scientific, very respectful and well-thought reply to the popular question "Do you believe in UFOs?"  This book evolved as a reply to one of the most frequent questions that I used to hear from the public when I was working in an astronomical observatory: "Do you believe in UFOs?". That seems an odd question to ask to scientists, but after researching conscientiously for about a full year, I discovered, to my surprise, that mainstream Science has a few things to say about the topic.  This book is not about conspiracy theory, "NASA is hiding the truth", or much less, that flying saucers have already landed on the lawn of the White House. Rather, it is a book about what is the most rational reply that a scientist, or in my case, a science writer, can offer when people insist on asking that question.  As one advances through the chapters, explores the following rationale: Is there life in the Universe? The answer is yes: us. Are there civilizations capable of spaceflight? The answer is again yes: us. Can we expand those two questions? Can we answer also: "them" and "them"?  All illustrations are also available at naturapop.com