* Así abrieron la ruta al Everest


Monte Everest visto desde monte Kala Patthar Nepal

PIONEROS DE LA CIMA DEL MUNDO: 
ASÍ ABRIERON LA RUTA AL EVEREST
* They opened the route to Mount Everest

Hoy en día, casi cualquiera que tenga 65.000 dólares puede ser llevado por guías hasta el pico más alto del mundo. Es así que ya lo han escalado más de 2000 personas. Pero la estadística de que por cada 10 personas que lo consiguen 1 muere nos recuerda que abrir la ruta hasta la cima ha sido uno de los mayores desafíos de la Historia.

Si bien que altas montañas ya habían sido escaladas en la antigüedad, el montañismo moderno nació en 1786, luego de que el naturalista suizo Horace-Bénédict de Saussure lanzara un premio a quien escalase el Mont Blanc, considerado el más alto de Europa. En poco tiempo, picos famosos como el Kilimanjaro en África, el Aconcagua en Sudamérica y el McKinley en Alaska habrían sido escalados.

En 1852, el matemático hindú Radhanath Sickdhar descubrió por cálculos trigonométricos que una montaña más allá de la frontera con Nepal se elevaba cerca de 8850 m, o sea, era la más alto del mundo. Como su nombre tibetano, Chomolungma, no se conocía, inusualmente recibió el nombre de un importante topógrafo británico, George Everest.

En 1893 Francis Younghusband consideró una expedición al Tibet para escalarlo, pero por aquella época aquel país estaba cerrado para los occidentales. Aún así, en 1913 John Noel llegó secretamente a 65 km del monte Everest, pudiendo identificar su cima.

LA RUTA POR EL LADO NORTE

En 1921, la Royal Geographical Society y el Club Alpino de Londres, como financistas y organizadores, consiguieron finalmente el permiso diplomático. Liderados por Charles Howard-Bury, exploraron la cordillera del Himalaya, encontraron una ruta que los acercaría al Everest y se convirtieron en los primeros humanos en subir por él.

La estrategia de escalada consistía en fundar una fila de campamentos cada vez más elevados, por donde una caravana llevaría los equipos y suministros, volviendo a campamentos inferiores para recuperar las fuerzas y protegerse del clima. El lema era “escalar alto, dormir abajo”. A medida que se iban aclimatando podrían subir un poco más. Este plan era lento, requería muchos suministros y era caro, pero era más seguro.

Como necesitaban mucha mano de obra, contrataron a una tribu local llamada sherpa.

Así, el 24 de setiembre, George Mallory, Guy Bullock y el topógrafo Oliver Wheeler lograron llegar a una diminuta y precaria planicie a 7066 metros de altitud: la Silla Norte, donde el Everest se separa del Changtse. Pero ahí el terrible viento los detuvo.

Al año siguiente, liderados por Charlie Bruce, lograron establecer cinco campamentos en las laderas, el último a 7772 m. El 27 de mayo el físico George Finch y Geoffrey Bruce alcanzaron 8320 m. El 7 de junio, la tragedia: una avalancha mató a 7 sherpas.

En una entrevista publicada por el New York Times el 18 de marzo de 1923 ("Climbing Mount Everest is Work for Supermen"), le preguntaron a Mallory por qué quería escalar el monte Everest. Su seca respuesta se hizo célebre: la mera existencia de tal posibilidad era razón por demás suficiente para hacerlo.

En 1924, nuevamente con Charlie Bruce como líder, lograron establecer 6 campamentos en las laderas, el más elevado a 8170 m. A partir de ahí, el 5 de junio Edward Norton escaló hasta los 8573m, el local más elevado al que un ser humano haya accedido jamás. Tres días después Mallory y Andrew Irvine salieron para una segunda tentativa. Pero llegó la noche y no regresaron, ni tampoco al día siguiente. Años después, en 1933, otra expedición encontró el hacha para hielo de Irvine. El cuerpo congelado de Mallory fue descubierto recién en 1999. Su compañero sigue desaparecido hasta hoy.

Los siguientes intentos fueron el de 1933 (liderado por Hugh Ruttledge), 1935 (Eric Shipton), 1936 (Ruttledge) y 1938 (Harold Tilman), sin superar la marca de Norton.

Por esa época también llegaron los primeros “turistas ricos” al Everest. Intentando subir casi sin ayuda, Maurice Wilson se congeló a 6000 metros de altitud en 1934. En 1947, Earl Denman se salvó porque recapacitó al enfrentar una tempestad, a 6700 m.

LA RUTA POR EL LADO SUR

En 1950 China anexó al Tíbet y nuevamente la ruta del norte fue cerrada. Nepal accedió a abrir su territorio, y a partir de ahí las expediciones se harían por el lado sur del monte.

En 1951, liderados por Eric Shipton, subieron por el glacial (río de hielo) Khumbu, escalando una catarata congelada, pero luego una enorme grieta en el hielo los detuvo.

En 1952 apareció competencia: una expedición suiza, liderada por Edouard Wyss-Dunant. Estos atravesaron la gran grieta del Glacial con un puente de cuerdas y subieron hasta a una precaria planicie, llamada Silla Sur, ubicada a 7880 m de altitud, donde el Everest se separa del monte Lhotse. De allá Raymond Lambert y el sherpa Tenzing Norgay subieron a 8290 m, donde pasaron la noche en condiciones miserables. Cuando llegaban a sólo 250 m de la cumbre, el 28 de mayo, una ventisca cayó sobre ellos.

Los suizos esperaron otra oportunidad, después de las tempestades de verano (del monzón). Liderados por Gabriel Chevalley, otra vez llegaron a la Silla Sur. Subieron 90 metros más, pero la montaña mató a un sherpa, el clima empeoró y todos regresaron.

El permiso anual de 1953 fue de nuevo para la Royal Geographical Society. Eligieron a John Hunt como líder, y éste, con ayuda de los médicos, preseleccionó a los dúos Edmund Hillary con Tenzing Norgay y el físico Tom Bourdillon con el doctor Charles Evans para la cumbre. El 10 de marzo partieron de Kathmandu, capital de Nepal, con 8300 kg de equipos y provisiones distribuidos sobre los hombros de 362 porteadores, 20 guías sherpas y 15 escaladores, para una caminata de 280 km hasta la base del Everest. Pararon por tres semanas en el monasterio de Thyangboche, a 3658 m, para aclimatarse.

El Campamento Base fue establecido el 12 de abril, cerca de la cascada de hielo del Glacial Khumbu. Establecieron el segundo campamento en la propia cascada, aunque resultó demasiado peligroso y fue abandonado. El tercer campamento fue colocado por encima de la Cascada Congelada; el cuarto, que llamaron Base Avanzada, a 6460 m, llegando al Circo (lago congelado) Occidental. A partir de ahí cambiaron ligeramente la dirección: en vez de subir directamente por la ladera del Everest, iban a subir primero por la ladera del monte Lhotse, y de ahí cruzar por la Silla Sur de vuelta al Everest, ya a casi 8000 m de altitud. Así, vía tres campamentos más, lograron alzar 345 kg de carga, incluyendo tres carpas, a lo que sería el Campamento 8 en la Silla Sur.

LOS ÚLTIMOS 300 METROS

Hunt decidió preparar un noveno campamento, ya avanzando por sobre el Everest. El 26 de mayo llevaron la primera carga hasta los 8340 m. Allí Hunt y Da Namgyal donaron sus propios aparatos de oxígeno y regresaron al Campamento 8 en la Silla Sur sin esta ayuda. Al llegar, Hunt se desmayó. Bourdillon y Evans, que estaban equipados con aparatos de oxígeno de alto rendimiento, siguieron hasta lo más alto posible. Con un esfuerzo supremo llegaron a la Cumbre Sur (8751 m) a la 1:00 de la tarde. Bourdillon, más joven, insistió en seguir y avanzó un poco más, pero luego escuchó a Evans: si no estaban en el Campamento 8 en la Silla Sur antes del anochecer podrían morir. La siguiente misión para los cuatro sería bajar del monte: su agotamiento era irreversible.

Desde abajo había llegado el equipo final: George Lowe, Alfred Gregory, Ang Nyima, Tenzing y Hillary. Ya nadie más consiguió subir hasta la Silla Sur. Aquellos partieron el 28 de mayo con la segunda carga, y a 8500 m fundaron el Campamento 9: una carpa, un hornillo a kerosén, una olla a presión, comida, dos sacos de dormir y tanques de oxígeno. Sus habitantes serían Tenzing y Hillary. Mientras, el resto bajaba.

Hillary, de 33 años y 1,95m, era un ex apicultor cuyo amor por la naturaleza lo llevó a explorar los Alpes de su nativa Nueva Zelanda. Era veterano de la expedición de 1951.

Tenzing, de 39 años, era un ex pastor de alta montaña contratado por las expediciones de 1935, 1936 y 1938. Luego los suizos lo nombraron capataz de los sherpas.

A las 3:30 de la madrugada Tenzing y Hillary se levantaron. ("Tiger of the snows", copyright 1955 por Tenzing Norgay y James Ramsey Ullman, G. P. Putnam's Sons, New York. Condensado en "Los grandes libros de Selecciones, I. Colección de 21 obras de éxito", Reader's Digest México, México D.F., 1962). Se alimentaron casi a la fuerza, porque sus sistemas digestivos ya casi no respondían, y derritieron nieve para hidratarse, lo más que pudieron. Se colocaron el equipo y a las 6:30 salieron de la carpa: el viento, que había aullado toda la noche, estaba parando, y el cielo estaba despejado. Ahora el éxito de toda la expedición dependía de ellos dos. Alcanzaron la Cumbre Sur a las 9 de la mañana. Poco después encontraban el último obstáculo hasta la cima: una pared rocosa, vertical, de 17 m. A un lado vieron adherida una placa de hielo, y se metieron entre ésta y la pared para trepar. Siguieron. La montaña se iba haciendo cada vez más y más estrecha. Mirando hacia los costados comenzaron a ver el Tíbet, ya hacia el lado norte. Unidos por una cuerda, siguieron abriendo escalones en el hielo con golpes de hacha, hasta que a las 11:30 de la mañana del 29 de mayo de 1953 levantaron la vista y vieron un último montículo de nieve, de unos pocos metros de diámetro. Lo siguiente fue dar unos pasos hasta colocar los pies en la cima del mundo.

Habían vencido y se abrazaron vigorosamente. Luego, Hillary comenzó a documentar con su cámara: un humano en la cumbre (Tenzing), y los lados norte, sur, este y oeste de la montaña en donde estaban parados. El sherpa ofrendó dulces a la montaña y hundió en la nieve un lápiz de color de su hijita. El occidental dejó el crucifijo del jefe de la expedición. Por primera vez en sus vidas, si querían ver montañas no debían mirar hacia arriba sino que hacia abajo. Y ahí mismo, el sherpa le habló a Chomolungma y le dio las gracias.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 3 de febrero de 2008. Fotografía: El monte Everest visto desde el monte Kala Patthar, en Nepal. Crédito de la fotografía: Pavel Novák (licencia original, de la fotografía únicamente, obtenida en: http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5/deed.es), vía Wikimedia Commons.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.