* Así nació el programa Apollo

LA CASA BLANCA, LA NASA Y LA DECISIÓN DE COLOCAR SERES HUMANOS EN LA LUNA: ASÍ NACIÓ EL PROGRAMA APOLLO

* ...and the Apollo Program was born

El 12 de setiembre de 1962, el presidente John F. Kennedy daba un discurso en la Universidad Rice sobre el Esfuerzo Espacial Nacional de su país. Reflexionaba así (John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston): “¿Pero por qué - algunos dicen -  la Luna? ¿Por qué elegir esto como nuestra meta? Y ellos muy bien podrían preguntar ¿por qué escalar la montaña más alta? ¿Y por qué - 35 años atrás - volar [a través de] el Atlántico? ¿Por qué [los Búhos de] Rice juegan [fútbol americano contra los Cuernos Largos de] Texas?” Y respondía: “Nosotros elegimos ir a la Luna. Nosotros elegimos ir a la Luna y hacer las otras cosas, no porque son fáciles, sino porque son difíciles” 

Semanas después de que el 12 de abril de 1961 la Unión Soviética haya colocado por primera vez a un ser humano, Yuri Gagarin, en órbita alrededor de la Tierra, el vicepresidente de Estados Unidos, Lyndon Johnson, en respuesta a un memorandum, daba su opinión de la situación al presidente Kennedy. Decía que los Estados Unidos de América debían ser realistas y reconocer que otras naciones, sin importar su aprecio por los valores idealistas de los estadounidenses, tenderían a alinearse con el país que creyesen se convertiría en el líder mundial, o sea, el ganador a largo plazo. Y en esa época, algo que estaba siendo cada vez más identificado como uno de los más importantes indicadores de ese liderazgo mundial eran los dramáticos logros en el espacio.

EL ANÁLISIS DE VON BRAUN

En materia espacial, el mayor especialista de los Estados Unidos era sin duda Wernher von Braun. Consultado por su gobierno, von Braun explicó que con determinado reciente lanzamiento a Venus (la sonda Venera 1), los Soviéticos habían demostrado que tenían a su disposición un cohete que podía colocar 6350 kg de carga útil en órbita alrededor de la Tierra. Cuando uno consideraba que la cápsula espacial Mercury de los estadounidenses, para una sola persona, pesaba sólo 1770 kg, se volvía inmediatamente aparente que el cohete lanzador soviético hubiera sido capaz de lanzar varios astronautas en órbita simultáneamente. (Esa cápsula para varias personas hubiera podido ser considerada y podido servir como un pequeño “laboratorio en el espacio”). También hubiera podido hacer aterrizar suavemente una carga útil sustancial en la Luna. La estimativa de von Braun del máximo peso de la carga útil neta que el cohete soviético era capaz de aterrizar, suavemente, en la Luna era de alrededor de 635 kg (un décimo de su carga útil en órbita baja). Esta capacidad de peso no era suficiente para incluir un cohete para el vuelo de regreso a la Tierra, de una persona que hubiera aterrizado en la Luna. Pero era enteramente adecuado para un potente radio transmisor, que habría podido enviar datos lunares de vuelta a la Tierra, y que hubiera sido abandonado en la superficie lunar después de completar su misión. Se planeaba una misión similar para el proyecto estadounidense “Ranger”, que usaba un cohete de lanzamiento Atlas-Agena 3. La porción de aterrizaje “semi-suave” del paquete Ranger pesaba 133 kg. La fecha del lanzamiento fue fijada para Enero de 1962.

El cohete soviético existente en aquel momento hubiera podido, aun más, lanzar una cápsula de 1800 a 2300 kg alrededor de la Luna, con una posterior reentrada a la atmósfera de la Tierra. Esta disponibilidad de peso debía ser considerada marginal para un viaje de una persona alrededor de la Luna. Específicamente, no hubiera sido suficiente para proveer a la cápsula y a su ocupante con una capacidad segura de “abortar y regresar”, una característica que, bajo las reglas de procedimiento de la NASA para la seguridad de los pilotos, era considerada obligatoria para todas las misiones espaciales tripuladas. Sin embargo, Von Braun alertaba que uno no debería menospreciar la posibilidad de que los Soviéticos hubieran facilitado sustancialmente su tarea, simplemente ignorando este requerimiento.

Para aterrizar una persona en la Luna y traerlo de regreso a la Tierra, era necesario un cohete más o menos 10 veces más poderoso que el cohete de lanzamiento soviético para Venus. Se hubiera podido dejar en segundo plano el desarrollo de tal supercohete, por medio de un encuentro orbital y reabastecimiento en el espacio de cohetes más pequeños, pero el desarrollo de esta técnica por los Soviéticos no hubiera quedado oculto a los ojos de los estadounidenses, e indudablemente, hubiera requerido varios años de trabajo (posiblemente, tanto o más tiempo que el desarrollo de un gran supercohete para un vuelo directo).

En resumen, von Braun creía que:

a) Los Estados Unidos de América no tenían una buena chance de derrotar a los Soviéticos en materia de un “laboratorio en el espacio” tripulado. Los rusos hubieran podido ponerlo en órbita ese mismo año de 1961, mientras que los estadounidenses hubieran podido colocar un laboratorio (un poco más pesado) solamente después de la disponibilidad de un cohete Saturn C-1 confiable, disponibilidad que debía ocurrir en 1964.

b) Los Estados Unidos tenían una posibilidad igual a la de los Soviéticos de vencerlos en materia de un aterrizaje suave en la Luna de una estación transmisora de radio. Von Braun no tenía manera de saber si este objetivo estaba en el programa de los soviéticos, pero sabía que en lo que se refería al cohete de lanzamiento, estos hubieran podido hacerlo en cualquier momento. Los estadounidenses planeaban hacer eso con el Ranger número 3, impulsado por un cohete Atlas-Agena B, a comienzos de 1962.

c) Los Estados Unidos tenían una posibilidad igual a la de los Soviéticos de mandar una tripulación de tres personas alrededor de la Luna antes que el rival (Von Braun pensaba que para 1965 ó 1966). Sin embargo, los Soviéticos hubieran podido conducir un viaje alrededor de la Luna antes, si hubieran estado dispuestos a ignorar ciertas características de seguridad en caso de emergencias, y limitaban el viaje a una sola persona. La estimativa era que hubieran podido realizar esa tarea simplificada en 1962 ó 1963.

d) Los Estados Unidos tenían una excelente chance de vencer a los Soviéticos en materia del primer aterrizaje de una tripulación en la Luna (incluyendo la capacidad de regreso, por supuesto). La razón era que, para lograr esta hazaña, era necesario un salto en desempeño de 10 veces más que el de los cohetes que tenían en aquel momento. Si bien en 1961 los estadounidenses no tenían tal cohete, von Braun sabía que era poco probable que los Soviéticos sí lo tuviesen. Por lo tanto, los Estados Unidos no hubieran tenido que entrar en la carrera hacia esa obvia próxima meta en la exploración del espacio luchando contra unas probabilidades desesperanzadoras a favor de los Soviéticos. Von Braun se atrevió a decir que creía que, siguiendo un programa de total urgencia, los Estados Unidos podían conseguir este objetivo en 1967 ó 1968.

Calculó que “programa de total urgencia” significaba más de 2 mil millones de dólares anuales, pero al mismo tiempo alertó que las jornadas laborales no debía sobrepasar las 46 horas semanales, para evitar errores causados por la fatiga.

KENNEDY PIDE EL DINERO

Un mes después, el presidente John F. Kennedy se presentó ante el Congreso de su país y expuso lo que consideraba las “necesidades nacionales urgentes”.

Entre pedidos de armas y más armas para detener a la Unión Soviética, explicó que era el momento para que su nación tomase un claro rol de liderazgo en los logros espaciales que, según Kennedy, en muchas maneras podrían ser la clave para el futuro de los Estados Unidos en la Tierra.

Kennedy creía que los estadounidenses poseían todos los recursos y talentos necesarios, pero dijo que la verdad del asunto era que ellos nunca habían tomado las decisiones nacionales o convocado los recursos nacionales requeridos para tal liderazgo. Nunca habían especificado metas a largo plazo con un marco de tiempo urgente, o administrado el tiempo y los recursos de los Estados Unidos para asegurar que se completasen esas metas.

Reconociendo la delantera obtenida por los Soviéticos con sus grandes motores de cohetes, lo que les daba muchos meses de ventaja, y reconociendo la probabilidad de que estos explotarían tal delantera por muchos meses más en el futuro, con éxitos aun más impresionantes, Kennedy dijo que los estadounidenses de todas maneras estaban obligados a hacer nuevos esfuerzos por cuenta propia. Y agregó que si bien no podían garantizar que algún día serían los primeros, sí podían garantizar que el no hacer este esfuerzo los hubiera dejado en último lugar. Aclaró que los Estados Unidos corrían un riesgo adicional al hacerlo a plena vista de todo el mundo, pero que como la hazaña del astronauta Alan Shepard mostró, este mismo riesgo aumentaba la estatura de su nación cuando tenían éxito. Pero para Kennedy aquella no era meramente una carrera.  

Ahora el espacio estaba abierto a los estadounidenses, y según su presidente, el entusiasmo de ellos para compartir su significado no estaba gobernado por los esfuerzos de otros. Decía que los Estados Unidos iban al espacio porque las personas libres debían participar completamente de lo que sea que la Humanidad deba realizar.

Por tanto, Kennedy pidió al Congreso, por encima y además de los aumentos que él mismo anteriormente había pedido para las actividades espaciales, que proveyese los fondos que se necesitaban para alcanzar determinadas metas nacionales.

Y en primer lugar, Kennedy creía que su nación debía comprometerse a conseguir la meta, antes de que terminase esa década, de aterrizar una persona en la Luna y retornarlo de vuelta con seguridad a la Tierra. “Pero en un sentido muy real, no será solo una persona yendo a la Luna” resumía en un Mensaje Especial al Congreso de su país en Washington, D. C., sobre Necesidades Nacionales Urgentes (John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston), sino que “será una nación entera, porque todos nosotros deberemos trabajar para colocarlo allá.” Así nació, el 25 de mayo de 1961, el programa lunar Apollo.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 19 de julio de 2010. Fotografía: El presidente John F. Kennedy conversa con Wernher von Braun durante una visita al Centro George C. Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA, en Huntsville, Alabama, el 18 de mayo de 1963. Crédito: U. S. Army Aviation and Missile Command.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.