* Criónica: ¿medicina de vanguardia o entierro para excéntricos?

LA PRESERVACIÓN BAJO CERO DEL CUERPO HUMANO: CRIÓNICA: ¿MEDICINA DE VANGUARDIA O ENTIERRO PARA EXCÉNTRICOS?

* Cryonics: avant-garde Medicine or burial for eccentrics?

Un tema muy popular en la ciencia ficción es congelar personas con enfermedades incurables para ser reanimadas en un futuro distante, cuando la medicina esté lo suficientemente avanzada como para curarlas. La primera parte (congelar un cuerpo) es relativamente fácil y ya se hace: el primer cliente lleva casi cuatro décadas congelado. La segunda parte (reanimarlo) todavía pertenece al reino de la fantasía.

Películas como “El dormilón” de Woody Allen, series de dibujos animados como “Futurama” y el rumor de que el mismísimo Walt Disney está congelado en una cápsula bajo EPCOT Center hacen parecer que el tema está bien entendido. Como las dos principales empresas del ramo, Alcor, en Arizona, EUA, y el Cryonics Institute, en Michigan, EUA, ya tienen más de 150 personas en estado de preservación criónica, con una lista de espera de otros 1000 clientes, parecería que se trata de alta tecnología suficientemente madura. Sin embargo, existe mucha confusión.

El procedimiento consiste normalmente en esperar a que se produzca la muerte del paciente, para después comenzar a enfriar el cuerpo lo más rápidamente posible, todavía en el hospital. En una primera etapa se llega a una temperatura sobre los 4 grados Celsius, con ayuda de todo tipo de fármacos y de equipos, de una manera similar a como se hace con los órganos para transplante, sólo que la técnica se aplica al cuerpo entero. Luego es transportado hasta la sede de la organización. Ahí se le aplican otras sustancias químicas que van a proteger a las células del frío intenso. Finalmente se lo coloca dentro de una cápsula especial donde con ayuda de nitrógeno líquido se continúa el enfriamiento hasta los 196 grados Celsius bajo cero. A partir de ahí, la organización se compromete a preservar el cuerpo del cliente por todo el tiempo que sea necesario.

Parece fácil, pero ahora entremos en los detalles.

En primer lugar, está la definición del momento de la muerte. Normalmente se considera que es el momento en que el corazón deja de latir o el cerebro deja de funcionar. Pero las células de diferentes partes del cuerpo pueden continuar viviendo por varias horas después de esto, y es exactamente por este motivo que pueden existir transplantes de órganos, donde el transporte puede durar horas. Diferentes fármacos, sustancias y técnicas permiten prolongar este periodo. Por otro lado, después de muchas horas o de días las células efectivamente se deterioran de manera irreversible.

Idealmente, las entidades que realizan el servicio de criónica deben comenzar antes de que ocurran daños a las células, o sea, minutos después de que el médico de cabecera del paciente declare la muerte legal. Y aquí es donde empieza la confusión.

Para los defensores de la técnica, lo que se intenta con esto es evitar que se produzca una muerte completa. En este sentido ellos siguen alegando que la persona no ha muerto, sino que está muy pero muy al borde de la muerte, tanto que la medicina actual ya no puede hacerse cargo.

Dicen inclusive que si el cuerpo humano tiene un alma, ésta todavía no se habrá separado si se actúa lo suficientemente rápido.

Evitan aplicar la técnica a personas con muerte cerebral, especialmente si ya han pasado varias horas.

Por tanto, ellos no estarían congelando personas muertas, sino que estarían preservando a pacientes gravísimamente enfermos para la medicina del futuro. Para afirmar esto, se basan en el hecho de que las técnicas de terapia intensiva han avanzado muchísimo en los últimos tiempos, de manera que hoy las personas pueden continuar viviendo en estado muy grave mucho más tiempo que lo que era posible hace algunas décadas. Se espera que casos que hoy son irreversibles no lo sean con nuevos avances, por lo que en el futuro el momento de la muerte se va a retrasar cada vez más.

Pero por otro lado, sí existe un momento de la muerte legal para el paciente, lo que quiere decir que para todos los fines prácticos esa persona ya no puede continuar entre nosotros. Las entidades que prestan servicios de criónica continúan llamando a sus clientes “paciente” años después de haber sido congelados, aludiendo a que todavía no están realmente muertos, y que las instalaciones donde están almacenados tendrían el estatus de un hospital para personas con un estado de salud inusualmente grave.

Pero la verdad es que, por ejemplo, el Cryonics Institute opera con una licencia para cementerio, y las técnicas de preparación del cuerpo, a pesar de toda su parafernalia, no son muy diferentes en esencia de lo que realizan las casas funerarias para embalsamar a un difunto. De hecho, normalmente se realizan con la ayuda de estos últimos profesionales. La diferencia estaría en que el mejor embalsamamiento ocurre con temperaturas bajo cero, donde las reacciones químicas suceden muy lentamente como para que haya descomposición.

Pero esto no quiere decir que se preserven los tejidos sin dañarlos. Las mayores críticas a la criónica vienen justamente por el hecho de que al congelar las células los líquidos forman cristales, es decir, las moléculas se reordenan en una nueva estructura diferente a la anterior. El tejido se destruye.

Se ha intentado disminuir este daño con ayuda de grandes concentraciones de sustancias químicas que retardan la formación de cristales, a temperaturas mucho más bajas. Pero estas sustancias químicas son sumamente tóxicas, y no se sabe cómo retirar estas grandes cantidades de dentro de las células cuando llegue el momento.

En los últimos años han habido grandes avances en la elección de las sustancias conservantes, de manera que ahora es posible bajar la temperatura hasta 124 grados Celsius bajo cero sin que ocurra la formación de cristales. Ahora se está empleando una técnica llamada vitrificación, en donde las moléculas efectivamente dejan de desplazarse, como en un sólido, pero permanecen donde están sin reordenarse en una estructura cristalina, como en el vidrio. Esto es un gran avance porque se minimiza el daño a las células, pero las sustancias todavía siguen siendo sumamente venenosas.

El objetivo de estas empresas es continuar con sus estudios hasta lograr preservar los tejidos a temperaturas muy bajas sin daños por formación de cristales usando sustancias que no sean tóxicas o que puedan ser eliminadas fácilmente cuando llegue el momento, sin daño residual. Qué tan cerca estamos de esto es imposible saber. Pero de cualquier manera, ellos esperan que cualquier daño causado hoy al preservar a un “paciente” pueda ser revertido por la medicina de un futuro distante. Es por eso que todavía continúan preservando a clientes congelados con técnicas de las décadas de 60 y 70, a pesar de que se sabe que están en peores condiciones que los clientes actuales. Alegan que aquellos simplemente van a tener que esperar más, en cuanto que los clientes de las décadas (o siglos) por venir van a ser preservados con técnicas más avanzadas y van a ser los primeros candidatos para la reversión del proceso, si esto es posible.

Pero hoy por hoy, muchos críticos dicen que el proceso de “preservación” causa mucho más daño al cuerpo que la propia enfermedad que tenía el paciente, por lo que lo que va a definir el momento de intentar reanimar a una persona dependerá mucho más de la capacidad de la medicina de reparar estas células que de que se encuentre la cura para el cáncer o el SIDA. Puede suceder que la cura para la enfermedad se encuentre en algunas décadas, pero aun así no se pueda hacer nada por la persona porque la reparación del cuerpo después del procedimiento criónico aun no estaría disponible, y puede que continúe no disponible por muchos siglos más.

Sea medicina altamente experimental o sea un singular tipo de entierro para personas excéntricas, la criónica todavía no es ciencia, por el simple hecho de que el experimento aun no ha finalizado: aún no se ha intentado reanimar a nadie. Que la medicina del futuro pueda conseguir hacerlo es una cuestión de fe. Así como la fe de algunos les hace pensar en la vida después de la vida de la manera tradicional, donde uno se reencuentra con sus seres queridos en el cielo, otros esperan reencontrarse con sus seres queridos en el siglo 25. Ambos puntos de vista podrían ser válidos.

El costo para conseguir esta última voluntad ronda los 150.000 dólares. Muchos pagan simplemente con su seguro de vida, colocando a la empresa especializada como la beneficiaria para cuando les llegue la hora. Se necesitan unos 1000 dólares más por año para reponer el nitrógeno líquido que se va evaporando, y este dinero suele venir de los intereses de una cuenta bancaria especial abierta a perpetuidad, para evitar incomodar a los parientes. En los países desarrollados estas sumas están al alcance de personas de la clase media, no apenas de millonarios.

La muerte es siempre un tema muy sensible, y los puntos de vista sobre la criónica son tantos que al final seguramente las opiniones serán muy personales.

Y hablando de millonarios visionarios, Walt Disney no fue congelado: sus cenizas están enterradas en el cementerio Forest Lawn Memorial Park, de Glendale, California.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 26 de noviembre de 2006. Fotografía: Este gran frasco de Dewar (recipiente térmicamente aislado, que no necesita electricidad) contiene varios "pacientes" inmersos en nitrógeno líquido a una temperatura de 77 kelvins (196 grados Celsius bajo cero). Crédito de la fotografía: Cortesía de Alcor Life Extension Foundation, 15 de febrero de 2004. Reproducida con permiso del Comité de Comunicaciones de Alcor. Agradecimientos especiales a D'Bora Tarrant por haber hecho posible este trámite.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.