* Del té de "tajy" al beta-lapachone

LA TRADICIÓN INDÍGENA QUE INSPIRA NUEVAS DROGAS CONTRA EL CÁNCER: DEL TÉ DE "TAJY" AL BETA-LAPACHONE

Los guaraníes han usado el té de lapacho ("tajy", en vernáculo) para el tratamiento de heridas, inflamaciones y hasta cáncer. La comunidad científica ha tomado nota de esta costumbre: se han realizado numerosos experimentos para descubrir específicamente cuáles de entre todas sus sustancias químicas son las benignas, para extraerlas, concentrarlas y purificarlas.

CONTRA LAS INFECCIONES

En un trabajo divulgado en 1993, Claudia Anesini y Cristina Pérez examinaron 132 extractos de plantas medicinales folklóricas de Argentina buscando actividad contra los microbios. La corteza de lapacho produjo algunos de los extractos más activos. Klaus Müller, Andreas Sellmer y Wolfgang Wiegrebe descubrieron en 1999 que por su potente actividad contra el crecimiento de células de la piel humana llamadas keratinocitos, algunos componentes derivados del lapacho parecen ser prometedores como efectivos agentes contra la psoriasis, una enfermedad que afecta la piel y las articulaciones. Una de las sustancias presentes en el lapacho, el lapachone, mostró actividad comparable a la droga antipsoriática "anthralin". Sin embargo, como se observa con el "anthralin", el tratamiento de ciertas células con este potente compuesto del lapacho también causó un notable daño a las membranas. 

En el año 2000 se descubrió que ciertos compuestos muestran propiedades antiinflamatorias. Resultados de otros experimentos divulgados ese año corroboran una tendencia a matar el parásito tripanosoma, e indican que puede ser usado como guía para el descubrimiento de moléculas con potencial contra el Mal de Chagas. Otro grupo de investigadores detectó propiedades semejantes por parte de ciertos derivados sintéticos del lapacho. Estos derivados son candidatos potenciales para más test experimentales. 

En el 2001 Aída Portillo y colaboradores probaron 14 plantas paraguayas usadas en la medicina tradicional para el tratamiento de enfermedades de la piel. Contra 11 tipos diferentes de hongos, el que mostró la mayor actividad fue el lapacho. En otro estudio se preparó un extracto acuoso de la corteza interna y se lo administró vía oral a ratones. Se consiguió inhibir los edemas en cerca del 13 %. En los ratones la toxicidad aguda fue baja. 

Otro grupo probó la actividad de la sal de potasio del compuesto lapachol, también presente en el lapacho, contra cierta especie de caracol y sus huevos. Se descubrió un fuerte efecto combativo. También probaron derivados del lapachol contra ciertas formas del "Tripanosoma cruzi", causador del Mal de Chagas, y vieron propiedades relevantes, matando hasta el 95.7% de los parásitos. 

En el 2003 Thelma Machado y colaboradores usaron extractos de 14 plantas de la medicina tradicional brasilera, entre ellas el lapacho, usadas para tratar enfermedades infecciosas. Buscaron propiedades potenciales contra ciertas bacterias importantes desde el punto de vista médico que son resistentes a los antibióticos. Los resultados indican que este producto natural puede ser un efectivo candidato potencial para el desarrollo de nuevas estrategias para el tratamiento de infecciones que no responden a los antibióticos usados hasta ahora.

CONTRA EL CÁNCER

En 1975 Maria da Consolação Linardi y colegas descubrieron un compuesto que extiende la actividad del lapachol, llegando a ser efectivo contra leucemia en ratones. Después de un tratamiento de 9 días, la expectativa de vida aumentó 80%. En 1997 se descubrió que ataca significativamente ciertos tipos de cáncer de pulmón y de colon. 

Con estudios "in vitro" (en un ambiente artificial) se descubrió en el año 1997 que el lapachol sí tiene efectos contra el cáncer, pero esta actividad era inhibida por la vitamina K. Resultados del año 2001 sugieren que el lapachone puede causar daño al DNA de células cancerígenas. 

En el año 2002 Zhiwei Jiang y Jane Hodgeland patentaron un novedoso proceso para sintetizar la sustancia relacionada beta-lapachone. El proceso comprende la conversión de la materia prima industrial en lapachol. Luego, el lapachol es convertido en beta-lapachone con un tratamiento con ácido sulfúrico y purificado por recristalización a partir de etanol. Este novedoso proceso es extremadamente simple y provee beta-lapachone de excelente calidad y en grandes cantidades. Ese año también se realizó una síntesis y evaluación farmacológica preliminar de nuevas sustancias estructuralmente relacionadas al lapachol. Los exámenes farmacológicos proveyeron evidencia de actividades biológicas significativas, incluyendo efectos contra la proliferación de un tipo de células de cáncer mamario, contra la infección por el virus de tipo 2 del herpes simple, e inclusive contra ciertos efectos del veneno de serpiente. 

Un derivado mostró actividad parecida a las de las drogas benzodiazepinas, sugiriendo una novedosa estructura con efectos en las neuronas. 

En un estudio publicado en 2003 algunos extractos exhibieron potentes efectos antioxidantes. 

Otros descubrimientos, de Choi Dai-Yean y colegas, sugieren que la inhibición de la proliferación de células de cáncer de hígado humano y carcinoma de la vejiga inducida por el beta-lapachone está asociada con la inducción de cierto tipo de muerte celular. Ese año se descubrieron las estructuras de algunos compuestos del lapacho por medio de espectroscopia de resonancia magnética nuclear de alto campo, y se descubrió que la actividad biológica del principal compuesto, lapachol, y un compuesto relacionado, el alfa-lapachol, así como otras sustancias, pueden explicar, al menos en parte, los efectos atribuidos a la droga cruda en la medicina folklórica paraguaya. 

Resultados de otros estudios publicados demostraron unos mecanismos combinados que son los que utiliza el beta-lapachone para actuar selectivamente y explicaría algunos de sus efectos anticáncer. Minoru Suzuki y colegas descubrieron en el 2006 que, en radioterapias, en primer lugar la radiación deja a las células sensibles al beta-lapachone al alterar la regulación de cierta sustancia, y en segundo lugar el beta-lapachone deja sensibles a las células a la radiación, al inhibir la reparación de daños por radiación. La combinación de beta-lapachone con la radioterapia es una modalidad potencialmente prometedora para el tratamiento del cáncer en los humanos. 

Finalmente, en junio de 2007 Erik Bey y colaboradores descubrieron el mecanismo de acción del beta-lapachone y concibieron una forma de utilizarlo en una terapia individualizada.

TÉ DE "TAJY" NO ES LA MISMA COSA QUE BETA-LAPACHONE

Robert Morrison y otros estudiaron en 1970 los efectos tóxicos del lapachol administrado oralmente a roedores, perros y monos. Ocurrieron muertes en los monos, y otros signos en perros y monos, incluyendo anemia moderada a severa y dolencias de nombres asustadores tales como reticulocitosis, normoblastosis, bilirubinuria, y proteinuria. Adicionalmente, ocurrieron efectos que llevan nombres nada alentadores tales como trombocitosis transitoria, leucocitosis y una tal actividad elevada de fosfatasis alcalina serosa, más otros efectos. 

En 1974 Jerome Block y otros realizaron estudios clínicos en 19 pacientes con tumores no leucémicos avanzados, y en 2 pacientes con un tipo de leucemia crónica recurrente. Todos los pacientes habían recibido anteriormente una variedad de terapias, que fallaron. Esta vez se les dio lapachol. Una paciente con cáncer de seno avanzado, en metástasis, tuvo mejora de una lesión en la cadera, pero ningún cambio en numerosas otras lesiones óseas. Todos los otros pacientes o bien permanecieron clínicamente sin cambios en sus condiciones o bien experimentaron un avance en la enfermedad. También reportó que la toxicidad observada en los pacientes participantes de las pruebas clínicas incluyeron nausea y vómitos y otros efectos a dosis muy altas. Se tuvo que suspender los estudios clínicos, por causa de un indeseable efecto anticoagulante de la sustancia y porque para obtener algún efecto benéfico se requería dosis demasiado altas, con las consecuentes nauseas y vómitos. 

En 1989 se encontró una similitud de sus propiedades anticoagulantes a las propiedades de dos sustancias llamadas sulfaquinoxalina y warfarin. Estos resultados proveen una orientación sobre cómo funcionan. 

En febrero de 1985 el lapacho fue prohibido por el Organismo Federal de Protección de la Salud de Canadá hasta que sus distribuidores prueben que es seguro y efectivo, agregando que el Acta Federal de Drogas y Alimentos no permite que el lapacho sea publicitado o vendido como un tratamiento, prevención o cura para ciertas enfermedades, incluido el cáncer. Un análisis de corteza de tres especies de lapacho mostró en 1988 que, diferente a lo que sucede con su madera, no contienen lapachol ni la sustancia dehidro-alfa-lapachone entre sus principales constituyentes. Dependiendo de la especie, estos compuestos estaban o bien presentes en muy poca cantidad o bien totalmente ausentes. En vez de esto, tres derivados del lapachol fueron detectados; sus propiedades fisiológicas parecen ser muy similares a las del lapachol. 

En 1998 un análisis de 12 productos de lapacho disponibles en Canadá reveló que solamente uno contenía lapachol. En 1988 se descubrió que, aunque ha sido considerado como un potencial agente contra la malaria, el lapachol exhibe actividad muy baja. 

Los resultados de los experimentos de Martha Guerra y otros en 1999 muestran que las ratas embarazadas no son afectadas por el lapachol pero sí sus embriones, con una mortalidad fetal de 100%. Datos de experimentos de 2001, 2002 y 2006 corroboraron el fuerte efecto abortivo del lapachol en las ratas. 

En el periódico “CA: A Cancer Journal for Clinicians”, de setiembre-octubre de 1993, se cuestiona a las terapias nutricionales como métodos de administración del cáncer. Informa que aunque medidas dietéticas pueden ser útiles para prevenir ciertos tipos de cáncer, no hay evidencia científica de ningún régimen nutricional que sea apropiado como tratamiento principal para el cáncer. Pone como ejemplo el tratamiento con té de lapacho, junto con tratamientos con vitamina C, una tal dieta Gerson, la terapia herbal de Hoxsey, la dieta macrobiótica, la terapia metabólica de Manner y la terapia metabólica de Kelley. Algunos de estos tratamientos involucran una dieta que es nutricionalmente inadecuada. Otros envuelven dosis potencialmente tóxicas de vitaminas u otras sustancias. Algunas son muy caras. Todas presentan el riesgo de que los pacientes abandonen tratamientos que sí son efectivos. Por tanto, la American Cancer Society recomienda que las “curas nutricionales para el cáncer” sean evitadas.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 23 de setiembre de 2007. Fotografía: "Tabebuia impetiginosa", o lapacho rosado, en la costanera de Corrientes, Argentina, en 2006. Crédito: Copyright © 2006 Carla Antonini (licencia original, de la fotografía únicamente, obtenida en: http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5/ar/deed.es), vía Wikimedia Commons.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.