* El caso del meteorito peruano

UNA DE LAS CAÍDAS MÁS ATÍPICAS DE LAS QUE SE TIENE REGISTRO: EL CASO DEL METEORITO PERUANO

* The case of the Peruvian meteorite

A las 11:45 de la mañana del sábado 15 de setiembre de 2007 los pobladores del pueblo de Carancas, en Perú, escucharon alarmados un estruendoso ruido. Numerosos testigos observaron un objeto luminoso en el cielo, llameante, que iba descendiendo hasta que impactó contra el suelo, causando una explosión que dejó pedazos de material calcinado esparcidos por la zona.

La señora Justina Limache, de 74 años de edad, contó a Carlos Fernández Baca del periódico El Comercio, que ella abandonó a su rebaño de alpacas y corrió a su pequeña casa, con su nieta de 8 años de edad, al escuchar un rugido que venía del cielo, similar al trueno. Tuvo miedo de que la casa llegue a derrumbarse porque llovieron pequeñas piedras sobre el techo de su vivienda durante varios minutos, luego de que el objeto impactó.

Inicialmente la caída no afectó a ninguna persona, pero hay rumores de que apareció un toro muerto. Los campesinos de la zona temieron que se produzca el brote de alguna enfermedad, debido a las esquirlas esparcidas.

Efectivamente, entre 100 a 200 personas que se acercaron al cráter del meteorito pronto informaron sentirse mal. Los primeros policías que fueron a investigar la escena también se sintieron mal. En los siguientes días el número de personas que cayeron enfermas aumentó. Los pacientes fueron tratados por náusea, dolores de cabeza, diarrea y vómitos. Los lugareños tomaron la decisión de parar de beber de las fuentes de agua cercanas por miedo a una contaminación.

LA LEYENDA DE LAS PIEDRAS QUE CAEN DEL CIELO

Los meteoros, que son fenómenos luminosos que aparecen en el cielo, son conocidos desde tiempos muy antiguos. Por ejemplo, el texto chino Ch’un-ch’iu (citado por Peter M. Millman, American Scientist, Vol. 59, 1971, pp. 700-705) registra que el 23 de marzo de 687 B.C.E. “cayeron estrellas como lluvia”. El dramaturgo inglés William Shakespeare, en su obra Ricardo II, Acto 2 (citado por Millman, en el mismo artículo), le hace decir al personaje Salisbury: “Veo tu gloria, como una estrella fugaz, caer a la base de la tierra desde el firmamento”. Nadie conocía exactamente en que consistían estos fenómenos luminosos, pero poco a poco empezaron a surgir algunas ideas.

En 1803, Jean-Baptiste Biot, un joven científico de 29 años, fue enviado por el Ministro del Interior para hacer un informe sobre una espectacular caída de piedras ocurrida el 26 de abril, en el pueblo de l’Aigle, 140 km al noroeste de Paris. En esa época la mera existencia de estas piedras (apodadas meteoritos) era ferozmente debatida. Biot partió de París con una brújula, un mapa del área y una muestra de una piedra que también se decía había caído de cielo (sobre Barbotan, en 1790). Dejó claro que su espíritu era el de ser “un testigo extraño a cualquier sistema” (Jean-Baptiste Biot, en "Mémoires de la classe de sciences mathématiques et physiques de l'Institut National de France 7", Paris, 1803, páginas 224 a 265, citado por M. Gounelle, "The meteorite fall at L'Aigle on April 26th 1803 and the Biot Report", 66th Annual Meteoritical Society Meeting, 2003).

No comenzó sus investigaciones en el pueblo de l’Aigle, sino que a varios kilómetros del lugar, en el pueblo vecino de Alençon, con el objetivo de investigar la mineralogía de la región y conocer los productos de la industria y la artesanía local. En su recorrido entre Alençon y l’Aigle, interrogó a los viajeros y a los cocheros acerca del fenómeno luminoso que se había visto en el cielo el mismo día en que cayeron las piedras. Al llegar a l’Angle, interrogó al cura y sus asistentes, así como también a las personas comunes, sobre la aparición de las piedras y también sobre el fenómeno luminoso.

Biot hizo un análisis de los datos disponibles: había un buen número de testigos que aseguraban haber visto “una lluvia de piedras que salieron despedidas del [fenómeno luminoso en el cielo]” (Biot, obra citada). Estos testigos eran de diversas profesiones, con intereses variados y de diferentes niveles socioeconómicos. No había en la región ninguna piedra o artefacto que fuera similar a las piedras que se habían encontrado. Estas piedras, todas idénticas, habían aparecido súbitamente, y eran similares a la piedra encontrada en Barbotan, que la leyenda decía también habían caído del cielo.

Biot concluyó que las evidencias apuntaban a que las piedras eran verdaderamente de origen extraterrestre.

INVESTIGANDO EL EVENTO EN PERÚ

Un equipo coordinado por José Macharé del Instituto Geológico Minero y Metalúrgico de Perú presentó un informe científico preliminar sobre lo sucedido (Luisa Macedo & José Macharé, "The Carancas meteorite fall, 15 September 2007. Official INGEMMET initial report", Instituto Geológico Minero y Metalúrgico del Perú, Lima, 21 de setiembre de 2007).

El vuelo aparente del meteoro era hacia el noreste. Tenía una cabeza fuertemente luminosa (luz blanca) con una humeante cola blanca. No se observó la caída de ningún otro objeto después de la caída del cuerpo principal. Hubo una fuerte explosión que fue sentida hasta la ciudad de Desaguadero, a 20 km del sitio del impacto. Se rompieron algunos vidrios de las ventanas del Centro de Salud local, distante 1 km del sitio. El sonido de la explosión continuó retumbando por muchos minutos. 

El impacto creó un cráter en el suelo blando. La altura máxima del borde en forma de pared circular es de 1 m sobre el nivel original del suelo, justo en la parte norte del cráter. Los materiales eyectados del cráter consisten en tierra marrón con una especie de barniz grisáceo (polvo meteórico), y fueron encontrados hasta 200 m del punto de impacto.

Este cráter está compuesto por un agujero y un borde en forma de pared elevada, circular, formado por el material eyectado. El agujero central se convirtió en un charco, debido a que se llenó con agua subterránea que se filtró después del impacto. El tamaño del charco es de 7,4 a 7,9 m en cuanto que, con el borde en forma de anillo, el cráter entero mide entre 13,3 y 13,8 m.

Después del impacto se vio agua hirviente dentro del cráter, y se formó una columna de humo que duró varios minutos. Se reportó un olor “sulfuroso”.

Tres días después de la caída, el agua en el charco estaba a 1 m por debajo del nivel original del suelo. Tenía un aspecto turbio amarronado. 

La composición química del agua del charco y de muestras de suelo de la zona de impacto está siendo analizada. No se detectó material radioactivo asociado al meteorito.

El punto de impacto está localizado en una planicie elevada, de rocas sedimentarias. La zona es de una tierra marrón rojiza, y esta capa tiene unos cuantos metros de espesor.

A simple vista el material espacial es rocoso, frágil, finamente granulado, de color gris claro, y tiene diseminadas en él partículas de hierro de 1 mm de diámetro.

Cuando la geóloga Luisa Macedo llegó, 36 horas después de ocurrido el impacto, los pobladores ya se habían apoderado de los fragmentos más grandes del meteorito.

Los fragmentos recogidos fueron llevados al laboratorio, donde se realizaron cortes en forma de finas rebanadas, que luego fueron pulidas y preparadas para realizar las determinaciones petromineralógicas con un microscopio óptico. Los exámenes realizados por Teresa Velarde, César Cánepa, Hans Bernhardt y Laura Plascencia, con Vicentina Cruz en la geoquímica, revelaron que su textura corresponde a la categoría de condritos, y está compuesto por el mineral piroxeno de tipo 1 en un 40%, olivina en un 20%, 15% de kamacita, feldespato en un 10%, piroxeno de tipo 2 en un 10%, triolita (5%) y rastros de cromita y cobre nativo.

A partir de las observaciones de campo y de las informaciones dadas por el Director de Salud de la Región de Puno, el reporte inicial de que cerca de 200 personas fueron afectadas por dolores de cabeza, vómitos y dolores de estómago parece ser exagerado. Las personas que se sintieron mal serían alrededor de 30.

Las causas son todavía desconocidas, pero las especulaciones van desde el polvo levantado por el impacto, pasando por vapores del agua subterránea que contendría arsénico, hasta efectos debidos al stress psicológico que sufrieron estos pobladores por lo aterrador del evento. La composición del meteorito no tendría ninguna relación.

OTRAS IMPORTANTES CAÍDAS DE METEORITOS

A las 10:38 de la mañana del 12 de febrero de 1947, cerca de las montañas Sikhote-Alin, en Rusia, se vio una enorme bola de fuego más brillante que el Sol, y minutos después se escucharon detonaciones que rompieron vidrios, abrieron puertas e hicieron saltar el revoque de las paredes. En el horizonte apareció una enorme columna de humo blanco, con resplandores rosados y azulados. El meteorito se había despedazado ya en el aire, y miles de fragmentos cayeron en una zona elíptica de cerca de 1 km x 2 km, dejando más de cien cráteres, el mayor de ellos de 26 m de diámetro por 6 m de profundidad. Se calcula que la masa total llegaba a las 70 toneladas. Los análisis químicos indicaron que era mayormente de hierro puro, con 5,9% de níquel, 0,4% de cobalto, 0,5% de fósforo, cerca de 0,3% de azufre y rastros de otros de elementos.

Otro evento, el 4 de marzo de 1960, en Bruderheim, Canadá, dejó piedras negras dispersas en una elipse de 3 km x 5 km sobre la blanca nieve. La más grande tenía 30 cm y las menores eran como granos de trigo. Se recuperaron cerca de 700 fragmentos, totalizando unos 300 kg.

Otro evento importante ocurrió en Allende, México, en 1969; de una extensa área se recuperaron unos dos mil kilogramos.

Entre los meteoritos pedregosos, el evento más masivo ocurrió el 8 de marzo de 1976, en Jilin, China. Se recuperaron 4 toneladas de fragmentos, el mayor de los cuales produjo un cráter de 6 metros de profundidad.

El 9 de octubre de 1992 un bólido cayó en Peekskill, EUA; uno de sus fragmentos atravesó el maletero de un Chevrolet Malibu estacionado. 

A las 9:22 h del 15 de febrero de 2013, un gran bólido, más brillante que el sol, fue visto por el público y grabado por cámaras de video sobre la región de Chelyabinsk, Rusia. Minutos después, llegó una poderosa onda expansiva sobre áreas pobladas que causó daños generalizados especialmente a los vidrios de las ventanas. Numerosas personas buscaron auxilio mádico. Con el transcurrir de las horas, comenzaron a ser recogidos de la nieve pequeños pedazos y días después fue encontrado un agujero en la superficie congelada de un lago de las inmediaciones. Después de meses de búsqueda y esfuerzos, fue izada hasta la superficie una masa de 540 kg de meteorito pedregoso. En total, cerca de una tonelada de material fue collectado.  

El único caso comprobado de un ser humano que fue alcanzado por una roca del espacio ocurrió el 30 de noviembre de 1954, en Sylacauga, EUA: una piedra de tipo condrito, de 4 kg, atravesó el techo de una casa y golpeó a Ann Hodges, quien sufrió feas magulladuras en la cintura. En total, en los registros figuran al menos 1062 caídas comprobadas. Inclusive aparecen algunas cuya piedra encontrada tiene paradero actual desconocido, como una en Paraguay, fechada el 20 de julio de 1925, ocurrida en Villarrica. Del evento habría sido recuperado un meteorito pedregoso de 12 centímetros de largo, 7 cm de altura y 5,5 cm de ancho. Talvez fue robado por uno de esos vergonzosos cazadores de meteoritos, que no respetan las leyes ni la ética científica. Talvez fue clasificado erróneamente y descansa en algún estante de la bodega de algún museo. O tal vez nunca fue tal. Un misterio más que aguarda a investigadores con espíritu de ser “un testigo sin ninguna convicción previa”. 

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 5 de noviembre de 2007. Fotografía: El cráter dejado por el meteorito caído en Carancas, región de Puno, Perú, el 15 de setiembre de 2007, fotografiado con ayuda de una pértiga de 6 m de altura. La cantidad de tierra mandada por los aires es prueba de la violencia de la explosión. El charco es por infiltración de agua subterránea. Crédito: Prof. Dr. Thomas Kenkmann / Museo de Historia Natural - Instituto Leibniz para la Investigación de la Evolución y la Biodiversidad en la Universidad Humboldt de Berlin. Copyright © 2008 Thomas Kenkmann. Con permiso de Thomas Kenkmann, ahora en el Instituto de Geociencias de la Universidad de Freiburg, Alemania.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.