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* El cataclismo que nunca ocurrió

IMMANUEL VELIKOVSKY Y SUS “MUNDOS EN COLISIÓN”: EL CATACLISMO QUE NUNCA OCURRIÓ

* The cataclysm that never happened

En 1950, el académico Immanuel Velikovsky publicó un libro llamado “Mundos en colisión”, que se convirtió en un best-seller instantáneo. En él describía el fruto de más de 10 años de trabajos en los campos de historia antigua y astronomía. Su tesis, que pretendía ser revolucionaria, era que numerosas leyendas sobre eventos catastróficos del mundo antiguo guardan una misteriosa similitud con relatos de eventos milagrosos de la Biblia hebrea.

Velikovsky encontró estas similitudes en culturas muy distantes entre sí, como las civilizaciones del lejano oriente y del nuevo mundo. Llegó a la conclusión de que todos estos mitos y legendas estaban realmente refiriéndose a hechos ocurridos en la época del éxodo del pueblo hebreo desde Egipto. Velikovsky vio indicios de que realmente sucedió una serie de catástrofes globales, que al final fueron anotados como milagros divinos del Dios de Israel. Y concluyó que el origen de estos cataclismos era extraterrestre.

La única explicación que encontró fue que un gran cuerpo celeste (o dos) casi colisionó con la Tierra hace unos 3000 años, causando un montón de disturbios en nuestro planeta. Entre ellos estarían las plagas del Egipto, la partición del Mar Muerto, el día descrito en el libro de Josué en que el Sol y la Luna pararon de moverse, etc.

Velikovsky explica que la casi colisión llegó a tal extremo que en algún momento dado la Tierra paró de girar, por causa de la gravedad del cuerpo amenazante.

Identifica al gigantesco cuerpo invasor como nada más ni nada menos que el planeta Venus, y quizá el planeta Marte, en algún otro momento. Hoy estos planetas están a decenas o centenas de millones de km de la Tierra, pero Velikovsky creía que hace 3000 años estos cuerpos rozaron a la Tierra, luego de haber sido expulsados del planeta Júpiter donde se habrían formado prácticamente ayer, en términos geológicos.

ELOGIOS A VELIKOVSKY

Immanuel Velikovsky era un personaje de intelecto brillante. Había realizado sus estudios secundarios en Moscú, terminado con medalla de oro. Los recursos de su familia le permitieron viajar por toda Europa y por Palestina, hasta que se decidió por estudiar medicina, comenzando en Montpellier, Francia, pasando a la Universidad de Edimburgo y recibiendo su diploma en la Universidad de Moscú, en 1921.

Se trasladó a Berlín, Alemania, donde comenzó una carrera académica. Preparó una serie de volúmenes científicos (contando inclusive con la ayuda de Albert Einstein para la parte de Ciencias Exactas) que luego intercambió en el mundo universitario, empresa que le ayudó a adquirir una importante colección de obras para la biblioteca de la recientemente creada Universidad Hebrea de Jerusalén.

Estudió psicoanálisis en Viena, bajo la supervisión de un ex-alumno de Sigmund Freud. Incursionó en psiquiatría, y en 1930 publicó un importante trabajo sobre el diagnóstico de la epilepsia usando encefalogramas.

En 1939, durante su año sabático (“vacaciones” que importantes universidades dan a sus docentes, para perfeccionamiento personal), viajó a New York, donde, inspirado por Freud, persiguió un interés en el origen de religiones antiguas.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Velikovsky se convirtió en residente permanente de los Estados Unidos, y afianzó sus estudios de mitos y legendas del mundo antiguo. Esta investigación culminó con su notable teoría sobre el origen de los relatos de catástrofes antiguas, dada a publicidad general en 1950 con su libro “Mundos en colisión”.

Numerosos críticos literarios elogiaron su erudición, su razonamiento deductivo, sus contribuciones al mundo de los pensadores. Atacaron el escepticismo con que solían ser recibidas las ideas nuevas, criticando inclusive a científicos establecidos. Defendieron a Immanuel Velikovsky calificándolo como un hombre entendido que ha osado unir la Ciencia, el Folklore y la Religión, encontrando sin ayuda una manera racional de hacerlo. (Fulton Ousler, "Por qué 'se paró' el Sol. Comentarios sobre el sensacional libro del doctor Inmanuel Velikovski, titulado 'Mundos en colisión'", en "Los grandes libros de Selecciones, I. Colección de 21 obras de éxito", Reader's Digest México, México D.F., 1962). 

CRÍTICAS A LA TEORÍA DE VELIKOVSKY

Immanuel Velikovsky es un caso anómalo en la Historia de la Ciencia del siglo XX. Por un lado, existe una enorme cantidad de artículos escritos SOBRE Velikovsky, pero casi nada escrito POR Velikovsky. Su producción científica, entendida como artículos presentados a y evaluados por la comunidad científica, es prácticamente inexistente. Lo que nos queda pues son sus títulos vendidos directamente al público.

Una de las primeras sorpresas que surgieron al analizar los trabajos de Velikovsky sobre la casi colisión de la Tierra con otro cuerpo celeste es que es una teoría multidisciplinar, que abarca tanto la historia como la astronomía. Esto de por sí no tiene nada de malo, pero es poco común. Normalmente, debido a la inmensa cantidad de conocimientos acumulados desde la revolución científica, en el siglo XVII, hoy en día lo más común es que los científicos se especialicen en campos específicos. Si bien es posible y hasta deseable que una persona posea amplios conocimientos en los más diversos campos, en la práctica es casi imposible que un mismo individuo sea especialista de varias disciplinas a la vez, especialmente cuando se mezclan Estudios Sociales y Humanidades con exactas.

Velikovsky sorprendió a los historiadores con sus detalladas explicaciones astronómicas, y a los astrónomos con sus complejas descripciones históricas. Pero un primer alerta de que algo andaba mal vino cuando se reunieron historiadores con astrónomos para discutir el trabajo. Los historiadores opinaron que la parte histórica tenía demasiados defectos, pero la parte astronómica era intrigante. Al mismo tiempo, los astrónomos dijeron que las teorías astronómicas de “Mundos en colisión” no tenían pie ni cabeza, pero la parte histórica era digna de ser investigada en profundidad.

Opiniones de especialistas son simples opiniones. Pero el problema era que los astrónomos no encontraban ninguna evidencia astronómica para la hipótesis de que Venus hubiera surgido del planeta Júpiter, y en su camino hasta su actual órbita, hubiera rozado a la Tierra, especialmente cuando esto no sigue los movimientos planetarios descritos por Kepler, la dinámica newtoniana y la Gravitación Universal. Velikovsky decía que las evidencias de que esto ocurrió estaban en los relatos de pueblos antiguos. Por su parte, los historiadores no entendían por qué la historia conocida de la antigüedad necesitaba de alguna revisión, necesitando agrupar diferentes anécdotas alrededor de una misma fecha, para hacerlas coincidir, en este caso, con el éxodo de los judíos, cuando lo que se sabía era que se trataban de relatos apocalípticos de diferentes épocas y en diferentes circunstancias. Velikovsky afirmaba que el roce del planeta Venus con la Tierra debía ser el punto de referencia para determinar las cronologías históricas.

Velikovsky decía a los astrónomos que su hipótesis astronómica se sustentaba en pruebas históricas. Al mismo tiempo, decía a los historiadores que su hipótesis histórica se sustentaba en pruebas astronómicas. En realidad, lo que intentaba hacer era confirmar una hipótesis ofreciendo como prueba otra hipótesis. Lastimosamente para él, en Ciencia una idea se comprueba con hechos, y no con más ideas.

Las espectaculares hipótesis de “Mundos en colisión” languidecieron por las siguientes décadas, sin que casi nadie se preocupase por investigarlas. Esto permitió que su autor acusase a la comunidad científica de conspiración e intento de censura. La verdad es que muchos piensan que “Mundos en colisión” tuvo más prensa de lo que merecía. Al fin, en 1974, la prestigiosa Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia le ofreció la tarima a Velikovsky, pero aún así no se llegó a ninguna conclusión.

El problema de una teoría que no puede ser comprobada es que no constituye ningún avance en los conocimientos humanos. Si no sabemos si es real o no, no aprendemos nada nuevo. No hay ningún descubrimiento. No cambia nada nuestra visión del mundo. Seguir discutiendo algo que no puede ser comprobado se convierte en pérdida de tiempo, o en todo caso, sale del terreno de la Ciencia y va para el terreno de la Filosofía, la Literatura o la Religión. Por eso los científicos prefieren ignorar temas demasiado especulativos como este, y que cada uno siga con su trabajo rutinario.

De cualquier manera, cincuenta años de descubrimientos en Astronomía, Geología, Arqueología e Historia aportaron nuevos datos que pueden ser usados para analizar fríamente las propuestas de “Mundos en colisión”.

En primer lugar, descubrimos que la composición química de Venus no tiene nada que ver con la composición química de Júpiter. Mientras que el gigante gaseoso es de hidrógeno y helio, nuestro vecino rocoso tiene mayormente CO2 en su atmósfera, típico de regiones cercanas al Sol, donde no abundan aquellos gases más livianos que son la materia prima principal de Júpiter. Esto indica que ambos planetas nacieron en lugares diferentes del Sistema Solar, bajo condiciones diferentes.

En segundo lugar, análisis de los sedimentos terrestres muestran que el mundo hace 3000 años estaba en relativa calma, sin grandes movimientos de tierras o alteraciones en el clima. No hubo ningún cataclismo global de la magnitud sugerida.

En tercer lugar, las pruebas arqueológicas muestran que muchos pueblos antiguos, que deberían fusionarse si es que compartieron una historia común, realmente eran pueblos diferentes, de épocas diferentes y por tanto de desarrollos culturales diferentes, incluyendo sus mitos.

Y finalmente, la cronología de los diferentes eventos del mundo antiguo sigue siendo consistente, sin “vacíos” que pudieran ser llenados por eventos tan graves. Lo que recordamos en forma de Historia muy probablemente fue así, y no es un producto originado por haber estado la Humanidad supuestamente sometida a sufrimientos indecibles causados durante un supuesto cataclismo global, teniendo como consecuencia un caso de amnesia colectiva supuestamente afectando nada menos que a la población mundial entera, como sugirió Velikovsky.

En conclusión, hay que entender que en Ciencia siempre hay que partir de lo conocido para entrar en lo desconocido, y no simplemente ignorar lo conocido para sustituirlo por lo desconocido. Todas las grandes revoluciones científicas se han dado por una mejora en las explicaciones sobre lo que vemos todos los días, y no por “grandes ideas” que contradicen lo que vemos.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 18 de mayo de 2008. Ilustración: Josué ordenando al sol que se quede quieto. Crédito: dibujo de Gustave Doré, gravado por Adolphe Gusman, en "La Sainte Bible", de acuerdo a la Vulgata, nueva traducción de Jean-Jacques Bourassé y Pierre Désiré Janvier, ornamentación de texto por H. Giacomelli, aprovado por el Monseñor Arzobispo de Tours, en dos volúmenes, Alfred Mame & Fils, Tours, 1866, y versión inglesa por Cassell & Co., Londres, 1866, Libro de Josué, Capítulo 10, ilustración B (correspondiente a Jos 10:12-14). Con permiso de Octopus Publishing Group.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.