* El conocimiento de la sombra de la Tierra

LA PREDICCIÓN DE LOS ECLIPSES LUNARES EN LA HISTORIA: EL CONOCIMIENTO DE LA SOMBRA DE LA TIERRA

* The knowledge of the shadow of the Earth


“Produciré portentos tanto en el cielo como sobre la tierra - sangre, fuego y columnas de humo.

La luz del sol será convertida en oscuridad y la luna del color de la sangre, antes que el día del SEÑOR [Yavé] venga - ¡ese día grande y terrible!” 

Esto pertenece al libro del profeta hebreo Joel, capítulo 2, versículos 30 y 31 (NET [New English Translation] Bible, Biblical Studies Press, Richardson, Texas, 2005). Fue escrito en alguna época entre el año 800 B. C. E. y el 350 B. C. E., y muestra con claridad lo que en la mente de los antiguos se pensaba del origen o causa de los eclipses.

Y en otras culturas era similar: “El eclipse de la Luna que tuvo lugar en Marchesvan (mes VII) comenzó [en el este]. Esto es malo para Subartu. ¿Qué [está mal]? (…) ¿Qué se está haciendo para que el mal pase?” clamaba el escriba Bel-suma-iskun de Babilonia en el 675 B. C. E. (citado por F. Richard Stephenson, Eclipses históricos y la rotación de la Tierra, Cambridge University Press, Londres, 1997, página 125).

Pero en el “Libro de las Odas” de la China del siglo VIII B. C. E. ya se intuía alguna regularidad en el fenómeno: “Entonces la Luna se hizo muy pequeña (…) que la Luna sea eclipsada es un asunto ordinario.” (citado por Stephenson, en el mismo libro, página 222).

Para esa época los babilonios ya tenían registros de siglos de observaciones astronómicas, escritas en tablillas de arcilla, con las posiciones del Sol, la Luna y los planetas en diferentes épocas. Con esta base de datos se dieron cuenta de que si hay un eclipse hoy, habrá otro eclipse parecido dentro de 223 lunas llenas más. Este ciclo fue posteriormente conocido como el ciclo de Saros, y fue el primer sistema usado para predecir los eclipses con más o menos precisión.

GRECIA Y ROMA

Cerca del año 450 B .C. E. un griego llamado Anaxágoras fue mandado a prisión por no practicar la religión y por enseñar teorías sobre las “cosas en lo alto”. Él decía que el Sol no era un dios y que la Luna estaba hecha de tierra común, y simplemente reflejaba la luz del Sol. La mayor parte de sus textos infelizmente se han perdido, pero Hipólito de Roma (ca. 170 - ca. 236), en su obra “Refutación de todas las herejías” (reproducida en Los Padres ante-nicenos, volumen 5, editado por Alexander Roberts y James Donaldson, revisado y arreglado cronológicamente por Cleveland Coxe, T & T Clark, Edimburgo, 1885), nos acerca un dato importante sobre él : “Esta persona afirmó (...) que la Luna es eclipsada cuando la Tierra está interpuesta, (…) fue la primera en formular definiciones acerca de los eclipses y las iluminaciones”. 

Pero este conocimiento difícilmente conseguía salir de los círculos científicos. Así, Plutarco nos habla del tropiezo de Nicias (ca. 470 - 413 B. C. E.), un general ateniense que tenía cercada a Siracusa y se preparaba para el asalto final. Pero en esa noche hubo un eclipse de Luna. A Nicias lo inundó un terror supersticioso y abandonó inmediatamente sus planes. Esto dio tiempo al enemigo para un contraataque y Nicias acabó prisionero.

Ya Alejandro Magno, posiblemente el general más exitoso de la historia, consiguió ser más astuto. El 20 de setiembre del año 331 B .C. E., mientras se preparaba para la batalla de Arbela, ocurrió un eclipse de Luna. El historiador Quintus Curtius Rufus (De la vida y las acciones de Alexandro, el Grande, traducido de la lengua latina en la española por don Mateo Ibañez de Segovia y Orellana, Marqués de Corpa, Caballero del Orden de Calatraba. Con licencia. En Madrid: en la imprenta de Ramon Ruiz. Año de M. DCC. XCIV. [año 1794], Libro Quarto, Cap. X) relata que “causó en el Exército tan religiosa conmocion aquel improviso accidente (sobreviniendo en ocasion de estar para darse tan sangrienta batalla, y cuyo suceso tenia á todos en bastante cuidado) que pasando á desmesurado pavor, prorrumpian los soldados, preocupados de él, en altas y desconsoladas voces”. Alejandro Magno rápidamente convocó a sus generales y ordenó a sus adivinos egipcios que den su opinión. Estos sabios ya conocían la causa real de los eclipses: que el movimiento cíclico de la Luna la llevaba a quedar justo detrás de la Tierra. Pero se resolvió no explicar esto a los soldados comunes: en vez de eso, se les dijo “Que el Sol denotaba á los Griegos y la Luna á los Persas; y que ningun eclypse de ésta dexó de serles [a estos enemigos] infausto presagio de alguna calamidad. (…) Con lo qual, no habiendo medio mas eficáz para refrenar la barbaridad popular, la qual por desenfrenada é inconstante que se halle, si llega á estar tocada de alguna vana sombra de religion, obedece mejor á los Adivinos, que á sus Generales.”

Un comportamiento un poco más democrático lo tuvo el tribuno romano Sulpicius Gallus, más tarde cónsul. Hombre aficionado a las letras, sabía que había una previsión de eclipse para la noche del 21 de junio del 168  B. C. E.. El historiador Titus Livius nos cuenta (La historia de Roma, volumen 6, Ernest Rhys, editor, Rev. Canon Roberts, traductor, J. M. Dent & Sons, Londres, 1905) que en el día anterior discursó ante las tropas de su compatriota Lucius Paulus, diciéndoles que “no debían tomar el oscurecimiento [de la Luna] cuando está oculta en la sombra de la Tierra como un portento sobrenatural” porque así como ellos no temían al ciclo del día y de la noche y a las fases lunares, no debían temer a los eclipses, “porque esto sucedía en el orden natural de las cosas a intervalos prefijados.” En cambio, los adivinos del enemigo no pudieron dar otra explicación al fenómeno que no fuese la caída de su reino: “gritos y aullidos se repetían en el campamento macedónico”. Lucius Paulus venció la batalla y con ella la Tercera Guerra Macedónica llegó a su fin.

CRISTIANISMO

Pero la superstición tardó más en dejar a las culturas fuertemente teocráticas. Incidentalmente, el historiador judío Flavio Josefo nos da la fecha de la muerte del cruel Herodes el Grande, diciendo que fue poco después de una de sus famosas matanzas, en cuya noche hubo un eclipse de Luna. Con la astronomía moderna se calcula que este eclipse pudo haber sido el del 23 de marzo del año 5 B.C.E. o el del 13 de marzo del 4 B.C.E.. Con estos datos y remitiéndose a los Evangelios, se puede especular que Jesús de Nazareth nació antes de esta última fecha.

En Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, Simón Pedro continúa asociando la ira de Dios con los eclipses, al insistir que la profecía de Joel se había cumplido cuando la crucifixión de su maestro. Los cálculos modernos muestran que “la Luna se convirtió en sangre” sobre Jerusalén el 24 de noviembre del año 29 de nuestra era, y otra vez el 3 de abril del año 33, potencialmente indicando la fecha de muerte de Jesús de Nazareth.

En esos días los griegos ya tenían complejas fórmulas matemáticas para predecir hasta la hora de los eclipses, principalmente gracias a las observaciones de los movimientos de la Luna y su distancia hechas por el más grande astrónomo de la antigüedad: Hiparco. Pero en la Edad Media todavía era posible ver en la literatura occidental frases como “Aquí estaba la Luna como si ella fuera con sangre engendrada” en el año 734, y “toda ensangrentada” en el año 1117, según se puede leer en “La crónica anglosajona”. (La primera frase en los manuscritos A [Cambridge], B [Londres], C [Londres], D [Londres] y E [Oxford], al menos, y la segunda en el manuscrito E [Oxford], transcripción y revisión por Tony Jebson, http://asc.jebbo.co.uk). 

EL TRUCO DE COLÓN

En la Edad Moderna, el brillante pero a la vez autoritario Cristóbal Colón decidió una vez más aplicar lo de “el conocimiento es poder”. En 1504, él y su tripulación de más de 50 españoles estaban aislados en la pequeña bahía de Santa Gloria (actual Saint Ann), en Jamaica, hacía ya tiempo. La situación empeoró en febrero, cuando los nativos se rehusaron a continuar suministrando comida a los extranjeros.

David Thomas, en su libro “Christopher Columbus: Master of the Atlantic” (André Deutsch Ltd., Londres, 1991, p. 194) cuenta que Colón reunió a todos los caciques locales. Les advirtió que su dios les castigaría con hambre y enfermedades si no ayudaban a los españoles. Y que como demostración de sus intenciones haría una señal en el cielo: un oscurecimiento de la Luna.

Algunos caciques temieron y otros se burlaron, pero pronto una sombra oscura comenzó a pasar por sobre la cara de la Luna. Un gran miedo se apoderó de los indígenas. Ellos imploraron a Colón que intercediera ante su dios. El europeo se retiró a su cabina por alrededor de 1 hora, y luego volvió junto a los caciques. Les explicó que los españoles eran cristianos, que creían en un dios que vivía en los cielos y que premiaba a los buenos y castigaba a los malos. Les informó que el dios estaba preparado a retirar su amenaza de castigo si ellos se portaban bien y volvían a suministrar comida y otras necesidades a los cristianos, y que como muestra de que estaba dispuesto a perdonar a los indígenas, retiraría la sombra de encima de la Luna.

Desde luego, el truco era que Colón tenía en su nave “Capitana” una copia del calendario de Johann Müller, publicado en Nuremberg allá por 1474. Contenía las predicciones de eclipses lunares por muchos años por delante. Colón notó que había una predicción para el 29 de febrero de 1504, justamente en la época de la disputa que quería zanjar.

Los indígenas, en su ignorancia, aceptaron las condiciones del dios cristiano, y cuando la sombra se fue se maravillaron. A partir de ahí, los españoles siempre obtuvieron de estos indígenas lo que quisieron.

EJEMPLO DE PREDICCIÓN SENCILLA MEDIANTE EL CICLO DE SAROS

Como leímos, los babilonios percibieron que hay una rara periodicidad, de 18 años y 11 días y pico, en la que suelen haber eclipses. Por ejemplo, el eclipse lunar visto en fecha 2011 JUN 15 ocurrió 18 años y 11 días después del de fecha 1993 JUN 4. El ocurrido en 2011 DIC 10, fue 18 años y 11 días después del de 1993 NOV 29. El más reciente fue en 2014 ABR 15, y una vez más, al revisar los registros históricos, vemos que eso fue también a 18 años y 11 días de otro eclipse del pasado, en este caso el eclipse lunar de 1996 ABR 4:


1986 ABR 24

1986 OCT 17 

1989 FEB 20 

1989 AGO 17 

1990 FEB 9  

1992 DIC 9    

1993 JUN 4    

1993 NOV 29 

1996 ABR 4    

1996 SET 27  

1997 SET 16

2000 ENE 21

2000 JUL 16

2001 ENE 9

2003 MAY 16

2003 NOV 9

2004 MAY 4

2004 OCT 28

2007 MAR 3 

2007 AGO 28 

2008 FEB 21 

2010 DIC 21 

2011 JUN 15 este eclipse ocurrió a 18 años y 11 días después de otro del pasado.

2011 DIC 10  ← este eclipse ocurrió a 18 años y 11 días después de otro del pasado.

2014 ABR 15 ← este eclipse ocurrió a 18 años y 11 días después de otro del pasado.

2014 OCT 8

2015 ABR 4

2015 SET 28

2018 ENE 31

2018 JUL 27

2019 ENE 21

2021 MAY 26

2022 MAY 16

2022 NOV 8


Siguiendo nuestro análisis de registros en la parte alta de esta tabla, vemos que hubo un eclipse de Luna en fecha 1996 SET 27. Con este dato podemos intentar predecir el próximo eclipse:

1996 + 18 años = 2014.

SET 27 + 11 días y pico = OCT 8 / OCT 9, la noche que contenga la luna llena.

Datos de la NASA muestran a la Luna en eclipse total a las 10:54:36 horas del 8 de octubre de 2014, UTC. ¡Genial!

Y con esta “magia”, concluimos. Les deseo cielo despejado para todos ustedes.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 4 marzo de 2007. Ilustración: El eclipse de luna de Cristóbal Colón. Crédito: Camille Flammarion, Astronomie Populaire, Charles Marpon & Ernest Flammarion, Editores, París, 1879-1880, libro II: La Luna, capítulo IX: Los eclipses, p. 231, Fig. 86.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.