* El hombre vitruviano

LA BÚSQUEDA (FALLIDA) DEL CUERPO HUMANO PERFECTO: EL HOMBRE VITRUVIANO

* The vitruvian man

Desde los tiempos antiguos se ha buscado el ideal de “cuerpo perfecto”. Esta filosofía ha llegado a degenerar en racismo y otras malezas humanas. Sorprendentemente, una de las instancias en donde estos “cuerpos perfectos” deberían aparecer, los Juegos Olímpicos, han demostrado que este concepto probablemente no tiene razón de ser.

El arquitecto e ingeniero romano Vitruvius (posiblemente: Marcus Vitruvius Pollio) vivió en tiempos de César Augusto, en el siglo I antes de nuestra era. Escribió un texto privado llamado “De Arquitectura”, dividido en 10 partes o “libros”, que son: Libro I: Principios generales; Libro II: Los materiales y su empleo; Libros III y IIII: Los órdenes y su aplicación en los templos; Libros V y VI: Los edificios públicos y privados; Libro VII: Los revestimientos decorativos; Libro VIII: Las aguas; Libro VIIII: La Astronomía aplicada a la medición del tiempo; y Libro X: Las maquinas.

El manuscrito circuló en forma privada durante los siglos siguientes, siendo copiado durante la Edad Media por los escribas de Carlo Magno. Unas 55 copias llegaron hasta el Renacimiento, y fueron redescubiertas por el humanista florentino Poggio Bracciolini, quien las dio a conocer a los artistas y pensadores de su época, interesados en revivir la cultura y las ciencias de la Roma y la Grecia clásicas.

Para escribir “De Arquitectura”, Vitruvius se basó en su experiencia personal pero también copió muchos textos griegos más antiguos, ahora infelizmente perdidos. Su importancia radica en que es el único tratado clásico de teoría arquitectónica que llegó hasta nuestros días. Sirvió de inspiración al resurgimiento de la Arquitectura Clásica en el Renacimiento y continuó teniendo influencia hasta entrado el siglo XX.

De particular atención en nuestro caso son los Libros III y IIII: Los órdenes y su aplicación a los templos. La palabra “órdenes” se refiere a los diferentes estilos de la arquitectura clásica, distinguibles por las características de sus famosas columnas. Los griegos tenían tres estilos: dórico, jónico y corintio, al que los romanos agregaron dos estilos arquitectónicos más: toscano y compuesto.

Estos estilos arquitectónicos tenían reglas bien definidas, cuyas bases Vitruvius explica mejor que nadie en el capítulo I del Libro III (traducido al inglés por Frank Granger, editora William Heinemann, Ltd., Londres, 1931):

1) El planeamiento de templos depende de la simetría: y los métodos de ésta los arquitectos deben diligentemente aprender. Surge de la proporción (que en griego se llama analogía). La proporción consiste en tomar un módulo fijo, en cada caso, tanto para las partes del edificio como para el conjunto, por el cual el método de simetría es puesto en práctica. Porque sin simetría y proporción ningún templo puede tener una planta regular; esto es, debe tener una proporción exacta basada en los miembros de un cuerpo humano elegantemente moldeado.”

2) Porque la Naturaleza ha planeado el cuerpo humano de tal manera que el rostro desde el mentón hasta la parte superior de la frente y el nacimiento del cabello es una décima parte; también la palma de una mano desde la muñeca hasta la parte superior del dedo medio es la misma cantidad; la cabeza desde el mentón hasta la coronilla, una octava parte; desde la parte superior del pecho hasta la coronilla, una cuarta parte; una tercera parte de la altura del rostro es desde la parte inferior del mentón hasta la parte inferir de las fosas nasales; la nariz desde la parte inferior de las fosas nasales hasta la línea entre las cejas, la misma cantidad; desde esa línea hasta el nacimiento del cabello está la frente que se da como una tercera parte. El pie es un sexto de la altura del cuerpo; el cubito es un cuarto, el pecho también un cuarto. Las otras extremidades también tienen sus propias medidas proporcionales. Y por el uso de estas, los pintores antiguos y los escultores famosos han alcanzado grande e ilimitada distinción.”

3) De la misma manera los miembros de los templos deben tener las dimensiones de sus numerosas partes respondiendo adecuadamente a la suma general de su magnitud total. Ahora, el ombligo está naturalmente en el centro exacto del cuerpo. Porque si un hombre se acuesta sobre su espalda con las manos y los pies extendidos, y el centro de un círculo es colocado sobre su ombligo, los dedos de sus manos y dedos de los pies serán tocados por la circunferencia. También un cuadrado será encontrado descrito dentro de la figura, de la misma manera que una figura redonda es producida. Porque si medimos desde la planta del pie hasta la parte de arriba de la cabeza, y aplicamos esta medida a los brazos extendidos, el ancho será encontrado como igual a la altura, justo como los lugares que son convertidos en cuadrados con una regla.”

4) Por tanto si la Naturaleza ha planeado el cuerpo humano de tal manera que sus miembros corresponden en sus proporciones a la configuración completa, los antiguos aparentemente han tenido razón al determinar que en la ejecución de sus trabajos deben observar un exacto ajuste de sus varios miembros al diseño general de la planta. Por tanto, desde el momento en que en todos sus trabajos ellos han instalado órdenes, lo hicieron de esta manera especialmente en la construcción de templos, cuyas excelencias y fallas usualmente duran por generaciones.”

LA INTERPRETACIÓN DE LEONARDO DA VINCI

Leonardo da Vinci tomó conocimiento de las “proporciones vitruvianas” aparentemente cuando era aprendiz en el taller del maestro Verrochio, que en ese momento era el centro de las corrientes intelectuales de Florencia. Tal vez le llamó la atención alguna obra de Leone Alberti, quien fue uno de los primeros que intentó dibujar la descripción de Vitruvius acerca de “el círculo y el cuadrado”.

Pero Leonardo, quien no era sólo un artista sino que también un científico, se dio cuenta de que el cuadrado no podría estar inscrito dentro del círculo, sino que ligeramente más abajo, con lo que se deduce que el ombligo sólo estará en “el centro del círculo” si se está con los brazos y piernas estiradas como calculado por Leonardo, pero en ninguna otra posición. El cuadrado demuestra lo de “el ancho es igual a la altura”, y en este caso el centro se aproxima al centro de gravedad del cuerpo humano. Así Leonardo, con este dibujo que realizó alrededor del año 1487, es uno de los primeros en describir con claridad que las cosas tienen dos centros: el centro de gravedad y el centro de figura, y que en ciertos casos ambos están en el mismo lugar pero a veces no.

EN BUSCA DEL CUERPO HUMANO PERFECTO

Pero más allá de estos tecnicismos, el “hombre vitruviano” llamó la atención hacia la simetría en la Naturaleza y su relación con la belleza y la perfección. En 1810, Giuseppe Bossi escribió un tratado sobre el mundialmente famoso mural “La última cena” y cómo Leonardo usó conceptos vitruvianos para guiar su notable geometría. Un año más tarde publicó otro tratado profundizando sobre el tema y lo dedicó al escultor Antonio Canova, cuyas delicadas obras son las más famosas exponentes del Neo-Clásico.

Pero al pasar de las estatuas de mármol a los cuerpos de carne y hueso esta búsqueda por la perfección degeneró en una pseudociencia llamada eugenesia, o la búsqueda de la raza perfecta. En una bizarra interpretación de lo que los griegos antiguos querían, es famoso el incidente en las Olimpiadas de Berlín de 1936 en que Adolf Hitler aparentemente se habría negado a estrechar la mano de Jesse Owens, quien acababa de ganar 4 medallas de oro, por no ser de la “raza superior”. (Owens, sin embargo, se quejó del racismo imperante en su propio país, EUA, más que en Alemania; al final esta anécdota palidece frente a lo Hitler llegó a hacer más tarde, desde luego.)

EXCEPCIONES

Y es justamente de los Juegos Olímpicos (irónicamente, también inventados por los griegos) de donde nos vienen la mayor cantidad de ejemplos de que no existe un solo tipo de cuerpo humano “perfecto”.

El corredor Usain Bolt, que rompió los records de los 100 m y 200 m llanos y posta 4 x 100 m en Beijing 2008 y de nuevo el record olímpico de 100 m planos y el record mundial de posta 4 x 100 m en Londres 2012, tiene un cuerpo más alto y musculoso que el promedio de la población, con 1,96 m y 86 kg. Pero el record para los 42 kilómetros y 195 metros de la Marathon, donde importa más la resistencia que la fuerza, pertenece a Haile Gebrselassie, que con 1,65 m y 56 kg es claramente más pequeño que el promedio de los seres humanos. Stephen Kiprotich, medallista olímpico de Oro en Londres 2012, es un poco más alto pero tiene el mismo peso, así que es todavía más flaco. También son más pequeñas las estadounidenses Shawn Johnson, que con 1,45 m y 41 kg ganó cuatro medallas en gimnasia artística en Beijing 2008, y la medallista de Oro individual de disciplinas combinadas en Londres 2012, Gabrielle Douglas de 1,50 y 40 kg. Es famoso que los jugadores de ciertos deportes como el básquetbol son muy altos: la china Chen Nan, cuyo equipo llegó a la semifinal en Beijing 2008, tiene 1,97 m y 86 kg, a la par de la medallista olímpica de Oro en Londres 2012, Sylvia Fowles de 1,96 m del equipo de los E.U.A.

En algunas modalidades los cuerpos sí se aproximan a lo que los fotógrafos encuentran bello: Yelena Isinbaeva, quien rompió el record del mundo en salto con garrocha en Beijing 2008, tiene 1,74 m, 64 kg, es también modelo publicitaria para un conocido fabricante de aparatos electrónicos, y Anna Chicherova, la campeona olímpica de salto alto de Londres  2012, no tiene problemas en posar con prendas minúsculas fuera de los escenarios deportivos.

EXCEPCIONES A LAS EXCEPCIONES

De todas maneras, a pesar de que las estadísticas insinúan que existe un tipo de cuerpo para cada tipo de deporte, la discusión de si los campeones nacen o se hacen está lejos de terminar. Fabiana de Oliveira, dos veces campeona olímpica con Brasil en volleyball, en Beijing 2008 y Londres 2012, tiene 1,66 m, dato que recuerda a la estadounidense Liane Sato, que con 1,62 m ganó una medalla de bronce en esta modalidad en Barcelona 1992 y también se destacó en volley de playa.

Otras condiciones físicas tampoco impiden participar (muy dignamente) de unas Olimpiadas. En Beijing 2008 tenemos los ejemplos de estadounidense Dara Torres, quien ganó tres medallas plateadas en natación a los 41 años de edad, superando rivales de las que por la diferencia de edad podría ser su madre. El deportista de equitación Hiroshi Hoketsu aún compite a la edad de 71, 48 años después de su primera aparición en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Él declaró que su mayor motivación para intentar de nuevo en Londres 2012 es porque siente que está mejorando. La argentina María Belén Dutto, semifinalista en ciclismo BMX en Beijing 2008, es sorda, y la sudafricana Natalie du Toit logró clasificar para natación en aguas abiertas a pesar de que le falta una pierna.

Así, el verdadero espíritu de los Juegos Olímpicos modernos parece no estar tanto en “Citius, Altius, Fortius” (“más rápido, más alto, más fuerte”) sino más bien en el respeto y la celebración a la enorme diversidad humana.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color el 24 de agosto de 2008. Dibujo: El hombre según el arquitecto romano Vitruvius, como interpretado por Leonardo da Vinci. El famoso dibujo está en las páginas de uno de los cuadernos de Leonardo, de alrededor del año 1487, técnica de estilete metálico (punta de plata o de plomo), pluma y tinta, con toques de acuarela, sobre papel blanco de 344 mm X 245 mm; y se conserva en la Galería de la Academia de Bellas Artes de Venecia, Gabinete de los Dibujos e Impresión, número de catálogo 228r. Via exposición "La mente de Leonardo", Museo Galileo - Instituto y Museo de Historia de la Ciencia, Florencia, 2006, coordinación de producción fotográfica por Franca Principe con la colaboración de Sabina Bernacchini, Paola Scortecci y Susanna Cimmino, optimización de imagen por Andrea Braghiroli, elaboración de imagen digital por Senza Filtro, Florencia.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.