* El programa lunar secreto soviético

DE LOS ARCHIVOS DE LA GUERRA FRÍA: EL PROGRAMA LUNAR SECRETO SOVIÉTICO

* The secret Soviet lunar program

Los libros de Historia registran que el 12 de abril de 1961 se realizó el primer vuelo de un ser humano por el espacio. La hazaña fue de los soviéticos, como lo fue el primer satélite artificial. Luego de tales éxitos parecía que la URSS sería la primera en llegar a la Luna. Pero ellos siempre negaron haber tenido también ese objetivo. Décadas después se descubrió que al final sí lo intentaron. He aquí ese capítulo secreto de la Historia.

En su libro “Hombres del planeta Tierra” (en coautoría con Malcolm McConnell, Bantam Books, New York, 1989), publicado con motivo del 20 aniversario de la llegada de la Apollo 11 a la Luna, el astronauta estadounidense Buzz Aldrin, copiloto en aquella histórica misión, reveló que apenas semanas antes de su histórico vuelo en 1969 los analistas de la CIA descubrieron algo preocupante para el programa espacial estadounidense: un satélite espía había sacado una foto del cosmódromo de Baikonur, en la Unión Soviética, donde aparecía un cohete gigantesco en una gran rampa, listo para el lanzamiento. Los astronautas y los ingenieros sabían que por el enorme tamaño del artefacto su único destino debía ser la Luna.

Los estadounidenses esperaron y esperaron con mucha aprehensión cualquier noticia por los medios, hasta que días después, llegaron datos satelitales actualizados. La rampa de lanzamiento estaba en ruinas y totalmente quemada: el gigantesco vehículo había explotado. Los estadounidenses respiraron con alivio, y el 20 de julio de 1969 Aldrin y Neil Armstrong eran los que escribían la historia al caminar sobre la cara de la Luna.

Dos meses después de publicado el libro de Aldrin, con el comunismo ya desintegrándose alrededor del mundo, el periódico oficial “Izvestija” reconoció que efectivamente había existido un programa rival al programa Apollo. En los años 90 fueron surgiendo más y más datos, y luego fotografías, planos técnicos y finalmente los propios ingenieros responsables comenzaron a salir de la oscuridad. Explicaron en qué había consistido este ambicioso programa soviético, y por qué había fracasado.

EL COHETE LUNAR SOVIÉTICO

Efectivamente el cohete en cuestión, que se llamaba N1, era casi tan grande como el vehículo de lanzamiento lunar estadounidense, el Saturn V. Medía 105 m de altura total, pero tenía más etapas que las 3 etapas del cohete estadounidense. La primera etapa tenía 30,1 m de altura por 16,9 m de ancho. Encima se montaba un segundo cohete, o segunda etapa, de 20,5 m de alto por 9,8 m de ancho; luego una tercera etapa de 14,1 m de altura por 6,4 m; y una cuarta etapa de 9,1 m de altura por 4,4 m. Sobre esta estructura se montaba el equipo de sería usado al llegar a la Luna.

Otra de las grandes diferencias con el cohete estadounidense era que en vez de usar 5 motores grandes en la primera etapa usaba 30 motores pequeños. La segunda etapa tenía 8 motores, la tercera 4 motores y la cuarta 1 motor. Los tanques no eran cilindros sino que esferas; con las grandes abajo y las pequeñas arriba el cohete adquiría forma cónica.

La masa total cargado llegaba a 2 735 000 kg, de los cuales cerca del 90 % era combustible, como en cualquier cohete. Pero a diferencia del Saturn V que usaba oxígeno líquido y el ultrafrío hidrógeno líquido en sus etapas superiores, el N1 soviético usaba oxígeno líquido y keroseno líquido en todos sus motores.

Y como el Saturn V, podía lanzar personas a velocidades cercanas a los 40 000 km/h.

Fue diseñado por Sergei Korolev, el mismo ingeniero responsable por los éxitos del Sputnik y Gagarin. Los componentes se hacían en fábricas de la región de Samara y el ensamblaje final ocurría en Baikonur.

LAS NAVES LUNARES SOVIÉTICAS

La estrategia de alunizaje de la URSS era similar a la estadounidense, con una nave madre y un módulo lunar. La diferencia era que las naves eran más pequeñas y hubieran estado ayudadas por una tercera nave: un módulo de propulsión. Las tres naves hubieran viajado acopladas hasta la Luna, con el módulo de propulsión adelante, el módulo lunar en el medio y la nave madre en la parte trasera. Cuando hubiesen estado llegando a la Luna, la gravedad de ésta hubiera hecho que comenzase a aumentar la velocidad de las naves, pues hubieran estado en caída libre. Para evitar el choque, el módulo de propulsión (o quinta etapa) hubiera activado su motor y hubiera frenado al conjunto. La nave madre hubiera esperado en órbita lunar, en cuanto que el módulo de propulsión hubiera seguido desacelerando al módulo lunar hasta la superficie; segundos antes del toque se hubiera separado, dejando a las patas del módulo lunar libres para realizar el alunizaje. La vuelta hubiese sido semejante a la de las Apollo: el módulo lunar hubiera despegado (dejando atrás sus pesadas patas) para unirse con la nave madre. Luego el módulo lunar hubiera sido descartado y los cosmonautas hubiesen puesto rumbo a la Tierra. Ya cerca de nuestro planeta, una pequeña cápsula con la tripulación dentro se hubiera desprendido; su escudo térmico los hubiese protegido del choque contra el aire, y unos paracaídas hubieran hecho el descenso final.

Otras diferencias adicionales eran que sólo una persona hubiera bajado hasta la Luna y no un par como en el caso estadounidense, con lo que la tripulación total hubiera sido de dos. No había un túnel comunicando directamente a la nave madre con el módulo lunar, por lo que el cosmonauta hubiese tenido que salir al exterior y flotar de una escotilla a la otra. La cápsula de reentrada hubiera llevado adosada a su punta un segundo cubículo para aumentar el volumen habitable en la larga misión de una semana. Y el poso final no se habría hecho en el mar sino que en tierra firme, amortiguado por pequeños cartuchos adicionales de propelentes.

Diseñado por Korolev, la nave madre (ó LOK, por sus siglas en ruso) tenía 10 m de largo por 2,9 m de ancho, con una masa total de 9 850 kg. El módulo lunar (ó LK) medía 5,2 m de alto por 4,5 m de ancho, con una masa total de 5 560 kg (sólo un tercio de la masa del módulo lunar de los EUA). Y el módulo de propulsión (ó Bloque D), que no existía en la versión estadounidense, tenía 5,7 m por 2,9 m, con 18 200 kg.

EL RESULTADO FINAL

Los vuelos, con Alexei Leonov como cosmonauta jefe, fueron los siguientes (datos de Mark Wade's Encyclopedia Astronautica, http://www.astronautix.com):

1967: Soyuz 1: prueba de la nave madre en órbita alrededor de la Tierra. Múltiples fallas y muerte de su tripulante Vladimir Komarov al estrellarse durante el regreso. Fue la primera víctima fatal espacial en vuelo, tragedia que se recuerda cada 24 de abril.

1968-1969: Soyuz 2-3, Soyuz 4-5: pruebas tripuladas de la nave madre en órbita alrededor de la Tierra, incluyendo acoplamientos. Exitosas.

1968-1970: Zond 4, Zond 5, Zond 6, Zond 7, Zond 8: pruebas de la nave madre en vuelos por atrás de la Luna y regreso, sin tripulación. Todas, excepto la Zond 7, fallaron.

1970-1971: Cosmos 379, Cosmos 398, Cosmos 434: pruebas del módulo lunar alrededor de la Tierra, sin tripulación. Las tres, exitosas.

1969-1972: N1-3L, N1-5L, N1-6L, N1-7L: pruebas, sin tripulación, del cohete para el lanzamiento conjunto de las tres naves. Cuatro intentos. Cuatro explosiones.

Luego del éxito de las misiones Apollo, los EUA cambiaron de prioridad y empezaron a desarrollar el transbordador espacial. Los altos mandos de la URSS creyeron que éste podría llegar a ser una amenaza, por lo que ordenaron redireccionar los fondos del fracasado N1 y construir un transbordador soviético, diciéndole adiós a la Luna. Y así, tan secretamente como había comenzado, el programa lunar soviético llegó a su fin.

RAZONES PARA EL FRACASO

En los Estados Unidos, la NASA decidía qué debía hacerse, el ámbito académico realizaba las investigaciones y la industria privada, mediante licitaciones, construía los equipos. En la URSS, la Academia Soviética de Ciencias daba el visto bueno para cada misión, pero los 26 escritorios de investigación y las cerca de 500 fábricas (todas estatales) tenían cada una su presupuesto permanente que les permitía trabajar todas por separado. Y el dinero se distribuía de manera extraña: el equipo de Sergei Korolev era el más experimentado, pero los mayores rubros fueron a parar al equipo de Vladimir Chelomei, cuya única experiencia previa era fabricar misiles para los militares. (Coincidentemente uno de sus ingenieros era nada menos que el hijo del dictador Nikita Khrushchev.)

El plan de Chelomei era modificar estos misiles para vuelos alrededor de la Luna, y llegado el momento de una misión de alunizaje, tratar de lanzar el pesado equipo agrupando varios misiles en uno. Es así que nunca se desarrolló el cohete de hidrógeno líquido ultrafrío, más poderoso que otros tipos: era demasiado engorroso para operaciones militares.

El N1, la solución lunar de Korolev, sólo tuvo prioridad después de un cambio de gobierno en la URSS. Pero aún así no pudo contar con el mejor proyectista de motores, Valentin Glushko: estaba enemistado personalmente, y se fue a trabajar con Chelomei. No hubo alternativa más que colocar la absurda cantidad de 30 motores convencionales en la primera etapa del N1, complicación que llevó a sus múltiples fallas. Para colmo, Korolev murió inesperadamente en 1966, y su sucesor, Vasili Mishin, no tenía la misma habilidad para persuadir a los políticos, apáticos a cualquier proyecto sin utilidad militar.

El programa lunar secreto soviético fue aprobado recién en 1964, tres años después de que haya comenzado el programa Apollo. Y peor aún: el proyecto soviético acabó recibiendo de dos a cinco veces menos dinero que lo que recibió el proyecto estadounidense. Así, el resultado fue el que consta en los libros de historia: el primer ser humano en la Luna se llamó Neil Armstrong, y no Alexei Leonov.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 29 de abril de 2007. Fotografía: Dos cohetes lunares  N1 aparecen en las plataformas en Tyura- Tam a comienzos de julio de 1969. En primer plano está en vehículo de lanzamiento número 5L con una carga útil funcional para una misión orbital lunar. En el fondo está la maqueta de tamaño natural 1M1 de pruebas en tierra del N1 para ensayar operaciones de lanzamiento paralelas. Crédito: R.K.K. Energiya, vía Asif Siddiqi, "Desafío a las Apollo: la Unión Soviética y la Carrera Espacial, 1945-1974", Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos y la Comisión de los Estados Unidos del Centenario del Vuelo. Reproducida con permiso de Asif Siddiqi y NASA History Program Office. Agradecimientos especiales a Asif Siddiqi y Steve Garber por esta cortesía.

 Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.