* El vuelo espacial de Yuri Gagarin

UN HÉROE PARA LA HUMANIDAD: EL VUELO ESPACIAL DE YURI GAGARIN

* Yuri Gagarin's spaceflight

En abril de 1961, un hombre vio la película cómica musical “¡Tenga cuidado, abuela!” (de Nadezhda Kosheverova, con Faina Ranevskaya, Ariadna Shengelaya y Lyudmila Markeliya; Lenfilm, 1960), jugó ajedrez y badminton y subió a un cohete para viajar por el espacio. Fue uno de los eventos más importantes del siglo XX, no sólo desde el punto de vista tecnológico, sino que también político. El cohete y la cápsula fueron proyectados originalmente para objetivos militares, aunque acabaron siendo usados como armas propagandísticas. El piloto elegido, Yuri Gagarin, debía convertirse en “Héroe de la Unión Soviética”, pero hoy en día es recordado como héroe de toda la humanidad.

Al término de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos tenía el monopolio de la fuerza a nivel global. Gracias a la bomba atómica ningún país osaría atacarlos. Hasta que en 1949, con ayuda de planos robados, la Unión Soviética construyó la suya.

Sin embargo los EUA aun conservaban la ventaja estratégica: sus bombarderos eran capaces de hacer llover estas armas en el corazón de la URSS en cuestión de horas. Pero el dictador Stalin tenía otro plan “genial”: utilizar un invento de los nazis, el misil balístico. Desarrollado con ayuda de ingenieros alemanes prisioneros, el misil R-7 (código aliado: SS-6 “Sapwood”) sería capaz de catapultar una bomba de 3,5 toneladas y 1 megatón de un lado a otro del planeta en apenas media hora.

DEMOSTRACION DE FUERZA

Para demostrar al mundo este poderío, durante el Año Geofísico Internacional la URSS buscaría lograr velocidad suficiente para dar la vuelta entera al planeta, cambiando la carga de 3,5 toneladas por otra más liviana. Una carga científica, de “buena voluntad”: un satélite artificial. Querían lanzarlo para octubre de 1957, en el 40 aniversario de la Revolución Bolchevique (y antes de los estadounidenses, que pretendían el de ellos para diciembre). Pero el sofisticado satélite de 1300 kg no estuvo listo a tiempo. Entonces, se improvisó una esfera de metal del tamaño de una pelota de playa y le instalaron dos transmisores. El segundo vuelo de prueba de un misil R-7 lo colocó en órbita el 4 de octubre de 1957. Lo llamaron Sputnik 1. Nacía la Era Espacial.

Sin embargo, esto fue un shock para el pueblo de los Estados Unidos: demostró que si los soviéticos querían bombardearlos, podrían hacerlo, y no había defensa posible. Un mes después, otro shock: un cilindro de media tonelada (Sputnik 2) con una perrita de laboratorio dentro, Laika.

EL VERDADERO PROGRAMA ESPACIAL.

Aparte de estos lanzamientos publicitarios, el gobierno soviético escondía otro proyecto, para ellos más importante: el satélite Zenit (“arriba, en la vertical”). Un nombre más adecuado sería Nadir (“abajo, en la vertical”) porque era justamente eso lo que haría: llevaría al espacio un telescopio de 1 m de largo para mirar al “patio ajeno” del enemigo.

Su diseño era muy interesante: la tecnología de transmisión de imágenes era precaria en los 50, por lo que sería necesario sacar fotografías y traer la película de vuelta a la Tierra. Para poder resistir al choque a alta velocidad contra la atmósfera, había que construirlo como un vehículo de reentrada. Llevaría acoplado un módulo de “servicio”, con baterías, tanques de propelentes para apuntar la nave y un motor que disminuiría su velocidad para que caiga hacia la Tierra al final de la misión. Dentro de la nave, el delicado telescopio y el cassette de película de 1500 fotos debían funcionar en temperatura controlada, por lo que se requeriría un sistema de aire acondicionado y presurización. Debido al tamaño del telescopio la cápsula de reentrada debería tener al menos 2 m de diámetro. La nave se montaría, como siempre, en la punta del vehículo de lanzamiento R-7, con una etapa de cohete adicional por la mayor carga de 5 toneladas.

UN ANTIGUO SUEÑO PARECE POSIBLE.

El proyecto Zenit ya había comenzado en 1956, pero debido a los éxitos de los Sputniks, Sergei Korolev, el diseñador en jefe de los programas espaciales soviéticos, propuso que el satélite espía sea transformado para llevar un ser humano en lugar del telescopio. Nikita Khrushchev, el nuevo premier soviético, quedó convencido del potencial propagandístico de tal hazaña. Entonces, el Zenit en versión civil asumió prioridad y las misiones de espionaje tendrían que esperar, a pesar de las protestas de los militares. Apenas dos meses antes, la NASA había anunciado públicamente un proyecto semejante: el Mercury.

La nave soviética parecía en desventaja: su forma simple de esfera requería un escudo térmico más pesado. Por ser un satélite espía modificado no podían arriesgarse a que baje en otro lugar que no sea suelo soviético. Pero era muy pesada y el paracaídas era insuficiente para garantizar la seguridad de su pasajero. Éste, pues, tendría que eyectarse antes de llegar a tierra y bajar con su propio paracaídas.

Se seleccionó y entrenó un grupo de 20 pilotos. Pero se los mantuvo en secreto, bien diferente a los 7 de la Mercury, que eran celebridades ya antes de ir al espacio.

Comenzó entonces un programa de pruebas. Todas las misiones eran secretas, pero si había éxito se daba un nombre a la nave y se publicaba su masa y hazaña. Las perras “Belka” y “Strelka” fueron los primeros seres terrestres en volver con vida del espacio. Más tarde, Strelka tuvo crías, una de las cuales Khrushchev regaló a la familia del presidente Kennedy. Finalmente viajó “Ivan Ivanovich”, un maniquí con sensores, para simular una misión completa.

EL PRIMER SER HUMANO EN EL ESPACIO.

Se fijó como fecha para hacer historia el 12 de abril de 1961. El lugar: la base secreta de Tyuratam (código: “Baikonur”). Cosmonauta: el mejor, o sea, Yuri Gagarin o Gherman Titov. Los dos irían a la rampa de lanzamiento y si el primero no subía a la nave lo sustituiría el otro.

La cápsula tenía dos pequeñas ventanas, una sobre el piloto, en la escotilla, y otra a sus pies. Era totalmente automática y tenía pocos instrumentos. Un mapa móvil mostraba sobre dónde volaba en cada momento (territorio amigo o enemigo). Como no se sabía qué efectos psicológicos podía tener la falta de peso, los comandos estaban bloqueados. Aunque la clave estaría disponible, dentro de un sobre lacrado.

El primer ser humano en el espacio tenía que ser fuerte física y mentalmente. Gagarin tenía 27 años y era piloto de caza en una base del terrible ártico. "Tenía completa seguridad en el éxito de este vuelo", diría posteriormente en una conferencia de prensa internacional publicada por "Izvestia" el 16 de abril de 1961 (compilada y traducida por Joseph Zygielbaum, "Información de Astronáutica: El primer ser humano en el espacio. Reportes de radio y periódicos soviéticos sobre el vuelo de la Nave Espacial, Vostok",  Laboratorio de Propulsión a Chorro, Instituto de Tecnología de California, Pasadena, 1 de mayo de 1961). Y al gobierno comunista le gustaban otras características: hablaba muy bien en público y al mismo tiempo era de origen humilde, habiendo sido aprendiz de obrero metalúrgico durante su adolescencia. Después de la ceremonia de despedida al pie del cohete por una “comisión de Estado”, Gagarin subió a la nave, bautizada Vostok (“Este”) 1.

Los técnicos se alejaron a los bunkers y a las 9:07 liberaron una cascada de fuego de los motores, rugientes. La pesada estructura se elevó y fue ganando velocidad. En 10 minutos llegó a los 28 000 km/h y se apagó el último motor: Yuri Gagarin estaba en caída libre alrededor del planeta. Y confirmaba: “Me siento bien”. Entonces, las autoridades anunciaron al mundo que había un ser humano en el espacio.

Cruzó el Pacífico, pasó por Sudamérica y a las 10:25, cerca de África, se encendió el retrocohete. Poco después de las 10:55, los pies del cosmonauta pisaron nuevamente el “suelo materno”, cerca del río Volga.

Dos días después fue llevado por una escuadrilla de 8 aviones hasta la capital, donde lo esperaba una multitud. Vendrían las conferencias de prensa, el desfile en la Plaza Roja y la gira alrededor del mundo. Fue aclamado como héroe.

Hoy, en Moscú, existe una estatua que representa a un Yuri Gagarin con estilizados rasgos de personaje de ciencia ficción. Eso es porque, el 12 de abril de 1961, el futuro finalmente llegó.

PROYECTOS ESPACIALES TRIPULADOS 1961-PRESENTE

1961-1963: Vostok (URSS): 6 cosmonautas

1961-1963: Mercury (EUA): 6 astronautas.

1964-1965: Voskhod (URSS): 5 cosmonautas.

1965-1966: Gemini (EUA): 20 viajeros *

1967-1970: Soyuz lunar (URSS): 15 viajeros *

1968-1972: Apollo (EUA): 33 viajeros *

1973-1975 Skylab (EUA): 9 viajeros *

1975: Apollo-Soyuz (EUA-URSS): 9 viajeros *

1971-1986: Salyut 1-7 (URSS): 81 viajeros *

1986-2001: Mir (URSS): 137 viajeros *

1981-2011: Transbordador Espacial (EUA): 829 viajeros *

1998-presente: Estación Espacial Internacional (15 países): 284 viajeros *

2003-presente: Shenzhou (China): 13 taikonautas *

AVIONES SUBORBITALES

1959-1968: X-15 (EUA): 1 astronauta

2004-presente: SpaceShipOne (privado): 2 astronautas

* incluyen personas que viajaron múltiples veces.

TOTAL DE SERES HUMANOS QUE FUERON AL ESPACIO:

552… y la aventura continúa.

A. L.

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Basado en una charla dada en la USP, el 7 de abril de 2001. Publicado originalmente en ABC Color, el 16 de abril de 2006. Fotografía: Fantástico monumento de 40 m de altura en acero inoxidable en homenaje a Yuri Gagarin, inaugurado el 4 de julio de 1980. Queda en la Plaza Gagarin, frente a la estación de la Avenida Lenin del metro de la línea Oktyabrskaya - Novye Cheremushki (Línea 6, Naranja), Moscú, Rusia. Crédito: Dieter Karner, 11 de mayo de 2007 (licencia original, de la fotografía únicamente, obtenida en: http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/dee.es).

 Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.