* En algunos diciembres llega El Niño


SUELE APARECER
 A CADA 2 A 7 AÑOS: EN ALGUNOS DICIEMBRES LLEGA EL NIÑO
* In some Decembers, the Child comes

A cada 2 a 7 años llega la más famosa oscilación del clima de la Tierra, El Niño, que en muchos países suele traer abundantes lluvias y hasta inundaciones. Tal vez la próxima no sea tan fuerte como en 1997 o en 1983, pero de cualquier manera una de las realidades acerca de esta variación climática es que todavía se la entiende muy poco.

En 1895, durante el Sexto Congreso Geográfico Internacional, en Londres, Federico Alfonso Pezet hizo notar el siguiente descubrimiento: 

“En el año de 1891, el señor Dr. Luis Carranza, presidente de la Sociedad Geográfica de Lima, contribuyó con un pequeño artículo al 'Boletín' de esa Sociedad, llamando la atención al hecho de que una contracorriente fluyendo de norte a sur ha sido observada entre los puertos de Paita y Pacasmayo."

"Como esta contracorriente ha sido notada en diferentes ocasiones, y su aparición a lo largo de la costa peruana ha sido coincidente con lluvias en latitudes donde raramente llueve mucho si es que llueve, deseo, en la presente ocasión, llamar la atención de los distinguidos geógrafos aquí reunidos a este fenómeno, que ejerce, sin duda, una influencia muy grande en las condiciones climáticas de esa parte del mundo”.

(...)

"El Capitán [Camilo] Carrillo dice que los marineros de Paita, que frecuentemente navegan a lo largo de esa costa en pequeñas naves, tanto hacia el norte como hacia el sur de ese puerto, llaman a esta contracorriente la corriente de ‘El Niño’ (por el Niño Jesús), porque se ha observado que aparece inmediatamente después de Navidad."

(Federico Alfonso Pezet, "The counter-current 'El Niño', on the coast of northern Perú", en "Report of the Sixth International Geographical Congress. Held in London, 1895. With maps and illustrations.", editado por Hugh Robert Mill & John Scott Keltie, Editorial John Murray, Albermarle Street, Londres, 1896, páginas 603-606.)

El Niño continuó siendo una curiosidad científica por casi un siglo, repitiéndose a intervalos de entre 2 y 7 años, hasta que en 1983 se presentó con inusual fuerza y llamó la atención del público. En los últimos 20 años se han hecho progresos notables en la imagen mental que tenemos sobre este fenómeno, especialmente gracias a nueva instrumentación científica como sofisticadas boyas marinas y satélites meteorológicos. Ahora se sabe que El Niño no afecta solamente a la costa peruana, sino que tiene consecuencias en el planeta entero.

EN EL OCEANO PACIFICO

El océano Pacífico es el mayor océano de la Tierra; es casi dos veces más ancho que el océano Atlántico. En 1923, el físico y estadístico Gilbert Walker, Director de Observaciones en la India, analizando una enorme base de datos científicos, notó que cuando la presión atmosférica era baja en Darwin, Australia, en la frontera entre los océanos Indico y Pacífico, era alta en Tahití, Polinesia Francesa, a medio camino en dirección a Sudamérica. Este fue el primer reconocimiento de que cambios en el Pacífico tropical y más allá no son fenómenos aislados sino que están conectados como parte de una oscilación aun mayor.

Esta diferencia de presión hace que el aire se mueva de Sudamérica hacia Australia y Asia, generando vientos casi constantes, conocidos antiguamente como “vientos de comercio” por los españoles que navegaban rumbo a Filipinas.

En 1969 el profesor Jacob Bjerknes, de la Universidad de California en Los Ángeles, demostró que estos vientos de superficie se elevan al llegar a Australia y Asia, con lo que se enfrían, lo que hace que las moléculas de agua presente en el aire se junten y caigan en forma de lluvia. Luego el aire retorna por arriba, volviendo por niveles más elevados, hasta Sudamérica, donde desciende hasta la superficie y recomienza el ciclo, nuevamente yendo hacia Australia y Asia.

Lo más notable de estos vientos es que, aparentemente, con el paso de los meses y de los años también es capaz de mover la superficie del mar. Empujaría el agua superficial desde Sudamérica hacia Australia y Asia, a tal punto que esta agua se va a acumulando al otro extremo del océano Pacífico. El mar en ese lado es cerca de medio metro más alto que en la costa de Sudamérica.

Estos vientos harían más que simplemente llevar agua: también llevan calor. El agua del mar, calentada por el Sol tropical, es barrida de la costa Sudamericana, dejando al descubierto agua más fría de las profundidades. La temperatura media del mar en la costa sudamericana es de unos 23 grados Celsius, en cuanto que en el extremo opuesto, Australia y Asia, sube hasta los 29 grados Celsius.

Todo esto significa menor evaporación y por tanto menos lluvias en Perú y Chile, con lo que estos países tienen paisajes más desérticos. Al mismo tiempo, significa más evaporación y más lluvias en Asia y Australia tropicales, con la correspondiente diferencia en paisaje.

Pero lo que se ha notado es que a cada 2 a 7 años, estos “vientos de comercio” que soplan de Sudamérica hacia Asia y Australia cesan, y el agua caliente almacenada en un extremo del océano comienza a retroceder hacia el centro del Pacífico. El calor vuelve.

La interacción entre la atmósfera y los océanos es muy complicada. Por un lado, los vientos llevan el agua calentada de un lado a otro, pero el agua caliente también hace que el aire suba y genere los vientos. ¿Quién le mueve a quien? Es como el huevo y la gallina. Solamente en las últimas décadas es que el estudio del clima del planeta se ha vuelto multidisciplinario, con meteorólogos trabajando junto a oceanógrafos.

EN EL RESTO DEL MUNDO

En el caso de El Niño, está claro que cuando los vientos cesan y el agua retrocede aumentan las lluvias en Sudamérica y viene sequía en Australia y Asia. Pero los efectos van mucho más allá de estas regiones.

El océano Pacífico es tan grande, las masas de agua que cambian de posición es tanta, y la cantidad de calor que se redistribuye es tanta que sus efectos se pueden sentir a miles de kilómetros de distancia. Especialmente, porque afecta los cinturones de vientos de altura que existen en la zonas en donde se encuentran las masas de aire tropical con las masas de aire polar, las denominadas corrientes de chorro. Son “ríos de aire” que viajan a unos 11 kilómetros de altitud a más de 100 km/h, alrededor del globo. Con la distribución de tormentas en el Pacífico grandemente alteradas, también se alteran estos “ríos de aire”, y tienen su efecto en el mundo entero.

Los huracanes del Caribe suelen disminuir cuando aparece El Niño, hay más lluvia en la parte sur de Estados Unidos e inviernos menos fríos que lo normal en Canadá. Inclusive África se ve afectada, con más lluvias en la cuenca del río Nilo y sequías hacia el sur de ese continente. Se sospecha que El Niño tiene que ver también con sequías en la punta del Nordeste de Brasil, y con la no llegada de los monzones en la India.

¿POR QUÉ OCURRE ESTA OSCILACIÓN?

Existe mucha confusión por parte del público acerca de la relación entre el calentamiento global, la reducción de la capa de ozono y El Niño. En primer lugar, hay que aclarar que El Niño no es causado por los seres humanos; es un evento totalmente natural. De hecho, por estudios de sedimentos en el fondo de lagos de los Andes, de anillos de crecimiento en árboles y la composición química de antiguos esqueletos de corales del Pacífico (muy sensibles a la temperatura) se sabe que El Niño viene sucediendo desde por lo menos hace 125 000 años atrás, o sea que es parte del funcionamiento natural de la Tierra. Claro, si alteramos el equilibrio de nuestro planeta también podemos acabar alterando a El Niño.

Una de las cosas que llama la atención de los investigadores es que no es un evento exactamente periódico, si no que muy variable, con un periodo de entre 2 y 7 años. La intensidad también es muy variable: los de 1982-1983 y 1997-1998 fueron los mayores ya registrados, pero el último de 2002-2003 fue mucho más moderado. También fue llamativo que entre 1990 y 1995 el fenómeno fue casi continuo, aunque débil. También existe debate de si luego de un El Niño existe un periodo de condiciones opuestas, con exageradas lluvias hacia Australia y Oceanía y mucha sequía hacia Sudamérica.

La verdad es que tenemos una base de datos muy pequeña en relación a los eventos de El Niño. Las primeras observaciones globales vienen apenas desde 1949, con registros completos apenas desde 1970: en total, hemos estudiado una docena de casos. Eso es demasiado poco como para hacer estadísticas confiables, y con más razón predicciones. No es como predecir tormentas, donde hay muchísimas cada año, lo que facilita el estudio.

Hay básicamente dos tipos de teorías sobre El Niño: una es que la oscilación sí es periódica, pero se vuelve irregular debido a interferencias con huracanes, tempestades y otros fenómenos. La otra teoría dice que El Niño es producto de un montón de circunstancias aisladas entre sí, pero que cuando se mezclan en la proporción adecuada, desencadenan el fenómeno. En este caso sería literalmente impredecible.

Pero lo que sí sabemos es que una vez que comienza suele pasar de 6 meses a un año para que todo vuelva a lo normal. Y en ese tiempo tenemos que estar preparados para sus efectos. Económicamente, se sabe que la producción pesquera que se extraer de la corriente fría de Humboldt (la de Perú), que es cerca del 20% de la producción mundial, decae considerablemente. Así mismo, hay ganaderos en Australia que ya saben como hacer negocios prestando atención a esta oscilación.

Para muchos países, podemos esperar un verano más lluvioso de lo normal. Cuánto más lluvioso, y por cuánto más tiempo, no estamos todavía en condiciones de responder. Pero ese es justamente uno de los objetivos de la Ciencia: entender cómo funciona la Naturaleza, para poder utilizarla a nuestro favor.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 10 de diciembre de 2006. Fotografía: Técnicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos preparando una boya equipada con sensores para estudiar los cambios en el océano Pacífico. Se espera que los datos recogidos por equipos como estos nos ayuden a entender algún día por qué sucede El Niño. La oscilación se viene observando desde hace más de un siglo, pero sólo a partir de 1949 se tienen datos globales. Los dos picos más altos corresponden a los dos mayores eventos registrados en tiempos históricos: el de 1982-1983 y el de 1997-1998. Para los meses de El Niño se espera sequía en el sureste de África, sudeste de Asia, norte de Australia, y noreste de Brasil; al mismo tiempo, mucha lluvia para la cuenca del río Nilo, Polinesia, Perú, sur de Estados Unidos y la cuenca del Río de la Plata; mientras que Japón, Alaska y Canadá suelen tener un invierno más caliente de lo normal. Crédito: National Oceanic and Atmospheric Administration, Pacific Marine Environmental Laboratory, Tropical Atmosphere/Ocean Project Office, Dr. Michael J. McPhaden, Director. Con permiso de Michael McPhaden.

 Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.