* Experimentos sobre telepatía, psicokinesis y premonición


EXPERIMENTOS SOBRE TELEPATÍA, PSICOKINESIS Y PREMONICIÓN: ¿TIENE LA MENTE HUMANA SUPERPODERES?

* Experiments on telepathy, psychokinesis and premonition

El folklore pseudocientífico suele relatar casos en que la mente humana sería capaz de obtener informaciones, o bien manipular la materia, de manera casi mágica. Estas hipótesis se han repetido tanto que los científicos han prestado atención. He aquí lo que se ha descubierto hasta el momento.

La Ciencia busca respuestas que están en el Mundo que nos rodea, fuera de nuestras ideas, para mostrárnoslo tal como es y no como a nosotros nos gustaría que sea. Y en la lucha para separar lo subjetivo de lo objetivo, o en otras palabras, separar lo que creemos que sucede de lo que realmente sucede, seguimos la receta de Galileo: realizamos experimentos y vemos lo que pasa.

EN LA UNIVERSIDAD DE DUKE

En 1936, el profesor Joseph Rhine publicó en el Journal of Abnormal and Social Psychology un artículo sobre una serie de novedosos experimentos realizados en 1933 y 1934 en la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte, EUA. Un alumno llamado Hubert Pearce Jr. se había presentado a él y declarado que creía que había heredado de su madre poderes paranormales.

Rhine usó una serie de cartas especialmente diseñadas por su colega Karl Zener para investigar tamaña afirmación. El mazo tiene en total 25 cartas de 5 tipos diferentes: con una cruz, con una estrella, con un cuadrado, con un círculo y con unas líneas onduladas. Un asistente, Gaither Pratt, se sentaba en una mesa en el laboratorio y sincronizaba su reloj con el de Pearce. Luego Pearce salía del laboratorio y se dirigía a la biblioteca, que estaba en otro edificio del campus, a cerca de 100 m de distancia. Por una ventana Pratt podía ver que Pearce efectivamente entraba a la biblioteca. Pearce se sentaba en un cubículo, y al llegar la hora predeterminada Pratt, en el laboratorio, tomaba un mazo de cartas Zener, las mezclaba, y luego sacaba la primera carta y la colocaba sobre la mesa durante un minuto. En ese tiempo Pearce, a 100 metros de distancia en el otro edificio, intentaba adivinar de qué figura se trataba, y la anotaba en un papel.

Al terminar, Gaither Pratt revisaba el mazo y anotaba el orden de las cartas. Hacía una copia de la anotación, la colocaba en un sobre, lo lacraba y entregaba este documento al profesor Rhine. Mientras tanto Hubert Pearce también lacraba en un sobre una copia de sus adivinanzas. Posteriormente el profesor Rhine verificaba el éxito o no de Pearce.

Entre agosto de 1933 y marzo de 1934 se realizaron 74 corridas del mazo, o sea que Pearce trató de adivinar 1850 cartas. Estadísticamente tendría 1 probabilidad en 5 de acertar, o sea, 370 veces. Acertó 558 veces.

El profesor Joseph Rhine quedó tan convencido que años después fundó el Rhine Research Center para investigar el fenómeno. En las siguientes décadas realizó experimentos similares con muchos candidatos, con varios casos positivos.

EN LA UNIVERSIDAD DE PRINCETON

En 1979, Robert Jahn, entonces decano de la Escuela de Ingeniería y Ciencia Aplicada de la Universidad de Princeton, New Jersey, EUA, fundaba el Laboratorio de Investigación de Anomalías de Ingeniería. Uno de sus principales financistas era el pionero de la aviación James McDonnell, uno de los fundadores de la gigantesca McDonnell-Douglas. El viejo McDonnell quería saber si en situaciones de estrés durante un combate aéreo el cerebro humano genera señales que interferirían en la sofisticada electrónica de los aviones de caza modernos.

El profesor Jahn y sus colaboradores idearon una computadora que generaba aleatoriamente una secuencia de ceros (0) y unos (1). Como los números eran generados al azar, mil veces por segundo, y había sólo dos posibilidades, después de un determinado tiempo la máquina acababa confeccionando una larga serie de dígitos con el uno (1) apareciendo en 50 % del total y el cero (0) constituyendo el otro 50 %. Es como tirar una moneda al aire: estadísticamente tiene que dar cara en 50 % de los casos y cruz en el otro 50 % de los casos. La tarea de los candidatos era ver si conseguían alterar esta probabilidad, haciendo que salgan más ceros (0) o más unos (1).

A través de los años se realizaron al menos 1262 experimentos con 108 candidatos. En muchos casos apareció una pequeña alteración en la secuencia de números, y en al menos 1 caso se llegó a una proporción cercana a 51% para un lado y 49 % para el otro.

Una variante de este experimento consistía en tratar de controlar la caída de pequeñas bolas de poliestireno. Un dispositivo mecánico dejaba caer una cascada de bolas de poliestireno sobre un tablero vertical del cual sobresalen muchos pernos. Los pernos están colocados simétricamente de manera que las bolas pueden chocar y desviarse tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, y está construido con mucho cuidado para que las bolas tengan la misma chance de caer tanto hacia un lado como hacia el otro. En la base del tablero varios recipientes especiales recogen y cuentan las bolitas que caen dentro de cada uno de ellos. Luego de la caída de 9000 bolas, 50 % de estas bolitas tendría que amontonarse hacia el lado izquierdo y 50 % hacia el lado derecho. Los candidatos tendrían que intentar hacer que mayoría de bolas caiga o bien hacia la izquierda o bien hacia la derecha, sólo con la mente.

Con los años cerca de 200 informes sobre tales experimentos han sido publicados, la mayoría en el Journal of Scientific Exploration.

EN LA UNIVERSIDAD DE STANFORD

Pero los experimentos más polémicos sin duda fueron los realizados bajo el liderazgo del Dr. Russell Targ y del Dr. Harold Puthoff, en la Universidad de Stanford, California, EUA. En 1972 unas hipótesis sobre la posibilidad de estudiar los efectos de la física cuántica en los seres vivos llegaron a oídos de un artista neoyorquino llamado Ingo Swann. Este alegaba tener poderes, digamos, nada comunes, y convenció a los investigadores a que lo reciban para una entrevista.

En el Departamento de Física de Stanford había un complejo magnetómetro blindado usado en experimentos de detección de partículas subatómicas. Ante la sorpresa de los investigadores Swann procedió a describir con muchos detalles la constitución interna del inédito aparato, que hasta ese entonces no había sido publicada.

Puthoff escribió un informe sobre el acontecimiento, y en apenas unas semanas, dos individuos que se identificaron como agentes de la CIA se presentaron al laboratorio. Contaron que estaban recibiendo rumores de que la Unión Soviética estaba utilizando a personas como Swann en misiones de espionaje. Ofrecieron un financiamiento inicial de 50 mil dólares para realizar estudios sobre este supuesto potencial.

Al comienzo los experimentos eran simples, como intentar ver objetos ocultos dentro de cajas, pero con el tiempo se hicieron más audaces, como intentar describir los locales en la ciudad en donde estaban determinados colaboradores. Esto después evolucionó en una serie de tentativas en donde al candidato se le daban las coordenadas de un lugar y tenía que describir lo que ahí había. Se hicieron diversas pruebas con cuarteles y bases secretas. Con el tiempo se reclutaron a más individuos con supuestos poderes, y comenzaron a hacerse intentos de ver locales dentro de la Unión Soviética.

Para calibrar la confiabilidad de las descripciones, se realizaron diversos experimentos en el laboratorio. La mayoría consistía en colocar en una sala 5 fotografías, de las cuales luego se escogía una, por sorteo. Entretanto, en otra sala y sin contacto con los investigadores, el candidato intentaba hacer un dibujo de la fotografía sorteada, desconocida para él. Finalmente, una tercera persona, sin contacto con el candidato o los investigadores, comparaba el nuevo dibujo con las 5 fotografías y juzgaba a cual se le parecía más. Dos décadas de trabajo señalaron que los mejores candidatos conseguían un éxito de entre 30 % a 40 %, cuando la probabilidad estadística normal sería de 20 %.

INTENTANDO REPRODUCIR LOS EXPERIMENTOS

Otros experimentos, con candidatos en ambiente de relajación profunda, fueron hechos por Dick Bierman en la Universidad de Amsterdam, Holanda, y por Robert Morris y colaboradores en la Universidad de Edimburgo, Escocia. También dieron positivo.

Pero el equipo de Robert Jahn de Princeton aceptó unirse entre 1996 y el año 2000 a los equipos de Johannes Mischo, de Freiburg, Alemania, y de Dieter Vaitl, de Giessen, Alemania, para repetir sus experimentos: esta vez los resultados fueron negativos.

Stanley Jeffers, en el “Journal of Consciousness Studies” de junio-julio de 2003, expone más experimentos similares que también dieron negativo.

No consta que alguien haya conseguido reproducir independientemente los experimentos de Stanford. Es más, Ray Hyman apuntó en 1996 que en los últimos tiempos el único que juzgaba las adivinanzas era el director del programa, lo que pone en duda la objetividad.

Los experimentos de Duke fueron repetidos en la University of London (por Samuel Soal en 1937), Colgate University (Adams, 1938), Stanford (Kennedy, 1938), Florida State (Henlein, 1938), Dallas (Crumbaugh, 1938) y Cambrige (Thouless, 1939), aparte de la Universidad de Princeton, Johns Hopkins, Southern Methodist y Brown. Todos obtuvieron resultados negativos. Peor aún, los especialistas apuntan a una fuerte sospecha de que el profesor Rhine fue engañado.

Mientras tanto, el mago James Randi sigue diciendo que todo lo exhibido hasta ahora se puede hacer con simples trucos de ilusionista. Y lanzó un desafío: desde 1964 está ofreciendo un premio en dinero (que al presente ya alcanza 1 millón de dólares) a quien demuestre que existen los poderes paranormales.

Hay que recordar que Ciencia no se trata de lo que los científicos dicen. Ciencia se trata de lo que todo el mundo puede ver y tocar. Y es en este requisito tan importante que los experimentos psíquicos están fallando.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 7 de enero de 2007. Ilustración: Cartas Zener. Crédito de la ilustración: Eloy / Elembis / King of Hearts, 2006-2008.

 Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Félix de Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las fronteras del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la historia de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. De todas maneras, el lenguaje y las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.