* La historia de la Creación

DESDE EL GÉNESIS DE LA BIBLIA HASTA EL GÉNESIS DEL TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE: LA HISTORIA DE LA CREACIÓN

* The history of Creation

En 1701, un académico irlandés llamado James Ussher llegó a la conclusión de que, si los acontecimientos narrados en el libro del Génesis eran ciertos, ocurrieron en la semana del 23 al 29 de octubre del año 4004 a. C. Con los datos de que disponía la Ciencia hace 300 años, esto era lo máximo que Ussher podía hacer. Pero en 1785 el geólogo James Hutton consiguió datos nuevos.

Considerado el padre de la Geología moderna, Hutton apuntaba que los relativamente constantes procesos de erosión eran sumamente lentos. Por ejemplo, el Gran Cañón del Colorado ha sido excavado en la roca por el paso del río Colorado. Analizando la cantidad de sedimentos que arrastra el río es posible saber el volumen de material que arranca cada año, y sabiendo el volumen de material es posible saber cuanto tardó para excavar esta trinchera de 1500 m de profundidad y 800 km de largo: definitivamente se necesitaron muchísimo más que apenas 6000 años.

LOS SERES VIVOS

Luego, en 1816 otro geólogo, William Smith, se dio cuenta de que en muchos lugares es posible ver que sedimentos se han acumulado en capas, y que en cada capa hay restos fósiles de animales similares entre sí pero diferentes de los que hay en las capas más por debajo o más por encima. En 1830 el francés Georges Cuvier, considerado el padre de la Paleontología, sugirió que las diferencias entre los fósiles significaba que la Tierra era habitada sucesivamente por seres que luego se extinguían y daban paso a otros diferentes. En 1809 Jean Baptiste de Lamarck sugirió que los seres cambiaban para adaptarse a un nuevo ambiente: por ejemplo, un antílope obligado a vivir en la sabana tenía dificultades para alimentarse de la copa de los árboles, con lo que el cuello le crecía hasta poder alcanzarlas, convirtiéndose en una jirafa. En 1859 el gran Charles Darwin propuso que esta evolución sucedía de otra manera, no por la “voluntad” de un determinado individuo, sino que por una selección de los mejores individuos por la propia naturaleza. Dos antílopes que nacen pueden tener, accidentalmente, cuellos de longitudes diferentes. El que tiene el cuello más corto tiene más probabilidades de morir de hambre, y el de cuello más largo de alimentarse y sobrevivir. Con el tiempo, los antílopes de cuello largo se hacen abundantes y los de cuello corto van desapareciendo. En nuestro caso en particular, fuimos monos erguidos de manos libres y de cerebro grande, lo que nos permitió adueñarnos del mundo y dejar a nuestros parientes, los curvados monos de cerebro pequeño, al borde de la extinción.

En 1860, Louis Pasteur hizo su descubrimiento de que las enfermedades transmisibles son causadas por microbios, y que matando a los microbios se elimina la enfermedad. Es más, una vez muertos no aparecen nuevamente: no son creados de la nada. En realidad, todos los seres vivos actuales surgieron de otros seres vivos anteriores. Es una cadena que se viene arrastrando desde el origen de la vida, en un pasado remoto.

En 1896 el físico Henri Becquerel descubrió que determinados átomos sufren desintegraciones espontáneas, lo que llamamos radioactividad natural. En 1904 el neozelandés Ernst Rutherford descubrió que estas desintegraciones, que en realidad tienen como resultado la conversión de una sustancia en otra, suceden a un ritmo muy bien determinado. Con esto, en 1907 Bertrand Boltwood desarrolló un método para calcular el transcurso del tiempo comparando la cantidad de nueva sustancia creada por ese decaimiento con la cantidad de sustancia original que aún sobra. Por ejemplo, de una muestra de carbono-14, el 50 % se transforma en nitrógeno después de cerca de 5730 años. Con este método de datación radioactiva se ha podido saber entonces que los huesos fosilizados de un “Australopithecus afarensis”, pariente nuestro, encontrado en Kenia, vinieron de estratos de 3,18 millones de años; que un fósil de “Archaeopteryx lithographica”, el pájaro más antiguo conocido, encontrado en Alemania, tiene 150 millones de años; que una mandíbula del anfibio “Elginerpeton pancheni”, el animal terrestre más antiguo conocido, tiene 368 millones de años; que los restos de una “Cooksonia caledonica”, la planta terrestre más antigua, encontrados cerca de New York, tienen 420 millones de años, y que un fósil del microbio “Cyanobacterium filamentosa” encontrado en Australia, el ser más antiguo conocido, tiene 3500 millones de años.

En 1828 Friedrich Wöhler logró sintetizar urea, un componente de la orina, a partir de sustancias inorgánicas. Thomas Henry Huxley determinó en 1868 que los seres vivos están compuestos básicamente por carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Aleksander Oparin en 1924 y J. B. S. Haldane en 1929 propusieron que la Tierra primitiva tenía una atmósfera y océanos con condiciones químicas favorables para que se formen moléculas orgánicas complejas. Stanley Miller llevó esta teoría al laboratorio y en 1953 creó aminoácidos, componentes de las proteínas. El mismo año James Watson y Francis Creek descubrieron la estructura del ácido desoxirribonucleico (DNA), y explicaron cómo esta molécula es capaz de reproducirse y dirigir la construcción de un ser vivo. Ganaron el Premio Nobel por esto.

LA TIERRA

En 1687 Isaac Newton publicó sus descubrimientos de que la fuerza de gravedad que atrae a una manzana hacia abajo también hace que la Luna gire alrededor de la Tierra, y de hecho afecta el movimiento de todo en el Universo. En 1796, Pierre de Laplace observó con telescopios nubes de gas y polvo en el espacio que se amontonan en remolino por la gravedad de los materiales que las componen. Sugirió entonces que el Sistema Solar pudo haber surgido también por un proceso semejante. En 1944 Carl von Weizsäcker demostró que los movimientos de los objetos dentro del Sistema Solar verdaderamente indican que nacieron de una única masa giratoria. La gravedad hace que todo se atraiga, por lo que las partículas de gas y polvo se unen en partícula cada vez mayores hasta que se llega a piedras y luego a asteroides y cometas, que finalmente se juntan formando planetas. En el centro, la mayor parte de la masa de la nube se une en una bola súper caliente que da lugar al Sol. Muchos meteoritos contienen asombrosamente una composición química semejante al Sol, comprobado que todos fueron parte de una misma nube. Entre 1969 y 1972 las misiones Apollo trajeron muestras de la Luna, que prácticamente no ha sufrido cambios desde su formación, y con ellas se ha establecido que la edad del Sistema Solar, incluida la Tierra, es de más de 4500 millones de años.

LOS CIELOS

En 1905 Albert Einstein descubrió que dentro de los átomos se esconden enormes cantidades de energía. En el centro del Sol, debido a la gravedad, el gas está tan comprimido que las condiciones aparecen para que los átomos se fusionen, haciendo que el Sol se transforme en una candente estrella. El proceso es tan eficiente que con la cantidad de material que tiene puede brillar por 10 000 millones de años.

En 1815 Joseph von Fraunhofer descubrió que al analizar detenidamente los colores de las llamas algunas tonalidades se destacaban más o por el contrario, eran filtradas. En 1861 Gustav Kirchhoff y Robert Bunsen demostraron que esto tenía relación directa con la composición química de lo que emitía o interfería en la luz. Así fue posible lo impensable: conocer la composición química de los astros sin ni siquiera tocarlos.

En 1913 Ejnar Hertzsprung & Henry Russell, analizando una gran cantidad de estrellas descubrieron una tendencia: se enfrían y pierden su brillo al tiempo que su composición química se enriquece con tipos de átomos cada vez mayores. Este proceso comienza en el núcleo de una estrella, donde átomos de hidrógeno se fusionan produciendo átomos mayores: de helio. Con el paso del tiempo el contenido de helio aumenta y la estrella se reacomoda y produce en su núcleo carbono. Luego a partir del carbono se produce oxígeno, y más tarde neón, y después magnesio, y después silicio, y después hierro. Al final de su vida la estrella suele volverse inestable y comienza a liberar estas sustancias al espacio. Si es muy grande se genera una explosión final que produce todos los otros tipos de átomos que existen.

En 1929 Edwin Hubble descubrió las galaxias, grandes aglomeraciones de miles de millones de estrellas, y comprobó que se están alejando las unas de las otras a enormes velocidades: el Universo se está expandiendo. El mismo año el padre jesuita Georges Lemaître propuso que si todo se está expandiendo significa que alguna vez todo estuvo en un solo lugar, un “huevo cósmico”. En 1948 Georges Gamow propuso que por algún motivo este “huevo cósmico” del cual surgió todo explotó y así comenzó la actual expansión del Universo. Esta teoría quedó conocida como “Big Bang”. En 1965, Arno Penzias y Robert Wilson, buscando la fuente de una interferencia en una antena satelital, descubrieron que ella venía de todas partes, y sus características correspondían con cálculos del “eco” que debería haber dejado el Big Bang: la primera confirmación de que este energético evento realmente ocurrió. Esto les valió un Premio Nobel. Análisis detallados por el satélite CoBE publicados en 1992 muestran que la explosión no fue uniforme, lo que explica por qué la materia tiende a agruparse en galaxias.

Un telescopio es también una máquina del tiempo que nos permite ver el pasado. Como nada viaja más rápido que la luz, y la luz puede tardar millones de años para llegar desde otras galaxias, no vemos las galaxias como son hoy, sino como eran hace millones de años. En el 2002 datos del Telescopio Espacial Hubble, observando objetos muy distantes, mostraron que el Big Bang ocurrió hace unos 14 000 millones de años.

En 1988, el cosmólogo Stephen Hawking publicó su famoso libro “Breve historia del tiempo”, donde explica sus cálculos matemáticos de que si retrocedemos en el tiempo, al llegar al Big Bang el tiempo se detiene. Esto significa que no existen tiempos anteriores al Big Bang. Sostener la hipótesis contraria es como pretender decir que hay lugares al sur del Polo Sur. El tiempo es una propiedad de este Universo, como todo el resto, lo que implica que no hay absolutamente nada antes de él y fuera de él. El Universo es autocontenido y autoexplicable: surgió sin ningún tipo de ayuda externa. El resultado de esta línea de investigación es grandioso: simplemente, no existe ningún Creador.

Y como lo demuestra la colisión del cometa D/1993 F2 (Shoemaker-Levy 9) en Júpiter en 1994, y las recientes observaciones de la formación de estrellas en nebulosas como la de Orion, el proceso de Creación aún no ha acabado.

A. L.

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Basada en una charla dada en la USP, el 12 de octubre de 2002. Publicado originalmente en ABC Color, el 1 de octubre de 2006. Ilustración: La creación de Adán, por Michelangelo, ca. 1511, fresco, 280 cm X 570 cm, Techo, Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

A scientific, very respectful and well-thought reply to the popular question "Do you believe in UFOs?"  This book evolved as a reply to one of the most frequent questions that I used to hear from the public when I was working in an astronomical observatory: "Do you believe in UFOs?". That seems an odd question to ask to scientists, but after researching conscientiously for about a full year, I discovered, to my surprise, that mainstream Science has a few things to say about the topic.  This book is not about conspiracy theory, "NASA is hiding the truth", or much less, that flying saucers have already landed on the lawn of the White House. Rather, it is a book about what is the most rational reply that a scientist, or in my case, a science writer, can offer when people insist on asking that question.  As one advances through the chapters, explores the following rationale: Is there life in the Universe? The answer is yes: us. Are there civilizations capable of spaceflight? The answer is again yes: us. Can we expand those two questions? Can we answer also: "them" and "them"?  All illustrations are also available at naturapop.com