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* Límite sur de la distribución de la anaconda verde

Fotografía: anaconda verde (“Eunectes murinus”) hábitat preferido: agua. Manera diferenciarla anaconda amarilla (“Eunectes notaeus”) diseño manchas. Crédito: Trisha Shears, 17 febrero 2007. Con permiso de Trisha Shears.

GRANDES SERPIENTES EN PARAGUAY: LÍMITE SUR DE LA DISTRIBUCIÓN DE LA ANACONDA VERDE

* Southern limit of the distribution of the green anaconda

* Limite sul da distribuição da anaconda verde

En Paraguay, país ubicado en el centro de Sudamérica, existen tres especies de grandes serpientes constrictoras: la boa arcoíris (“Epicrates cenchria”, llamada salamanta en Brasil), la boa constrictora (nombre científico “Boa constrictor”, conocida en Argentina como boa lampalagua y en Brasil como jibóia), y la anaconda amarilla (“Eunectes notaeus”, conocida también como anaconda del sur). En guaraní, tanto a la boa constrictora como a la anaconda amarilla se les llama kuriju.

Una fuente de referencia sobre estos dos tipos de kurijús es el Volumen 1 de “Amphibians and reptiles of the Paraguayan Chaco”, por el estadounidense David R. Norman, con fotografías de Lawrence Naylor (autopublicación de su autor, San José de Costa Rica, 1994). Estos profesionales trabajaron por varios años en Paraguay, bajo los auspicios del Cuerpo de Paz, colaborando con el Proyecto Inventario Biológico Nacional.

Norman reporta que la dieta de las boas incluye una variedad de mamíferos, aves y lagartos. Relata la anécdota de que cierta ocasión, al sur del Parque Nacional Teniente Enciso, en el Chaco Seco de Paraguay, fue encontrada una gran boa que había acabado de comer un venado ("Mazama sp.") recién nacido. Norman calcula que este tamaño de presa sería casi seguramente lo máximo que una boa podría tragar. Describe a la boa constrictora como una serpiente grande y pesada. Hay reportes de boas de más de 4 metros de largo en otros países, pero Norman explica que en el Chaco Paraguayo nunca le tocó ver especimenes de más de 3 metros de largo. Y concluye que, en la región del Chaco, la única serpiente más grande que la "Boa constrictor" es la anaconda del sur o anaconda amarilla, de nombre científico "Eunectes notaeus".

Complementa que la "Eunectes notaeus" es un depredador acuático, que espera acechando a aves o mamíferos pequeños con apenas la parte de su cabeza fuera del agua. Y agrega la anécdota de que una vez vieron a una anaconda amarilla comiendo a una cigüeña, "Mycteria americana", en la región del Bajo Chaco cerca del río Confuso. Sobre esta otra kuriju (la anaconda amarilla), cuenta que unos biólogos han reportado anacondas amarillas de más de 4 metros de largo total en los humedales de los alrededores de Fortín Galpón y Bahía Negra, en la región de la cuenca alta del río Paraguay. Sin embargo, describe que la mayor parte de los especímenes observados en el Bajo Chaco cerca de Asunción son de 2 a 3 metros de largo.

ANACONDAS VERDES EN EL PARAGUAY

En diciembre de 2007, una serpiente de cerca de 7 metros y 90 kilogramos fue atrapada por pescadores en el río Aguaray-guasu, cerca de Santa Rosa del Aguaray, Paraguay (ABC Color, 4 de enero de 2008), localidad ubicada a casi 24 grados de latitud Sur. Era una anaconda verde o del norte, nombre científico “Eunectes murinus”. En julio de 2012, otra de 5 m fue igualmente encontrada en redes de pescadores en el río Curuguaty'y, cerca de la Colonia Tava Jopoi, distrito de Yasy Cañy, departamento de Canindeyú, Paraguay (Lucy Aquino, comunicación personal, 3 de julio de 2012; Ultima Hora, 2 de julio de 2012; Ultima Hora, 3 de julio de 2012), ubicada todavía más al sur, a unos 24 grados y medio de latitud Sur. Esta especie es famosa por ser la mayor de Sudamérica y la segunda más larga del mundo, después de la pitón reticulada (“Python reticulatis”), habitante del Viejo Mundo. Pero el hecho de que anacondas verdes se capturen en Paraguay constituye una rareza.

OTROS CASOS DOCUMENTADOS

Gracias a la ayuda de Lucy Aquino, de WWF-Paraguay y a la muy gentil atención de Martha Motte, del Museo Nacional de Historia Natural del Paraguay, en San Lorenzo (quien entró en contacto conmigo) pude saber de un par de casos adicionales documentados:

1) En febrero de 1981, los científicos estadounidenses Lee Fitzgerald y Norman Scott colectaron un ejemplar de “Eunectes murinus” en el Parque Nacional Cerro Corá, a 3 km de la administración. Este ejemplar medía 5,1 m de largo y su piel ahora está en el Museo, en San Lorenzo.  

2) En febrero de 1982, Lucy Aquino colectó una cría de 0,9 m de largo, también en el Parque Nacional Cerro Corá, en el Amambay, cerca de la comandancia militar. Este pequeño ejemplar está conservado en un frasco con formol en el Museo, en San Lorenzo.

Existe buena documentación sobre estos dos casos, inclusive cuadernos de campo. Conseguí ver ambos ejemplares, y también me comuniqué personalmente con todos estos investigadores. El Dr. Fitzgerald afirma que el ejemplar por ellos colectado fue el primer caso en el Paraguay. El Dr. Scott explica que ellos soltaron a la anaconda verde de 66 kg de vuelta adonde la habían encontrado pero tristemente apenas un par de días después un cazador ilegal la mató.

3) Aparte de eso, Martha Motte y yo detectamos que existe una piel de un tercer ejemplar en los armarios del Museo. Este ejemplar es más impresionante todavía, con casi 6 m. Asombrosamente no existe documentación alguna sobre el mismo, pero indagando en el Museo, el Ing. Milciades Valdez se acercó a nosotros y nos contó que él había traído ese ejemplar desde el Amambay a principios de la década de 80. En esa época, estando en la capital, recibió una orden del entonces ministro de Agricultura y Ganadería para ir hasta allá e investigar unas noticias que estaban circulando, de que unos pescadores habían matado a "un monstruo" en el río Aquidabán. Resultó ser una “Eunectes murinus”, y su piel recuperada es la que fue redescubierta en el Museo.

CASOS PROBABLES

Por otro lado, indagando en el Jardín Botánico y Zoológico de Asunción, pude identificar más ejemplares, pero no existe documentación al respecto y los funcionarios tienen una memoria vaga o contradictoria sobre los acontecimientos:

a) Existe una enorme piel en exposición en el Museo de Historia Natural e Indigenista y Herbario (dentro del predio del Botánico), que según el taxidermista de la institución tiene 6,25 m de largo. Está en regular estado de preservación, pero por lo que yo pude ver es una “Eunectes murinus”. No existe documentación alguna ni pude encontrar ningún testimonio de primera mano sobre su origen (sobre todo si se la encontró en el Paraguay o se la trajo desde el extranjero) pero aparentemente está ahí desde hace más de 20 años.

b) Existe tres ejemplares de crías de “Eunectes murinus” en este Museo en el Botánico, todas embalsamadas, que según el taxidermista son crías de un animal que vivió en el Zoológico de Asunción a fines de la década de 1970. El origen y destino final de la anaconda madre no se pudo confirmar, aunque se sabe que la piel expuesta no es de ella.

c) El doctor Carlos Britos, veterinario del Zoológico, relata que en el año 2005 llegó un ejemplar juvenil de “Eunectes murinus”, de unos dos metros, proveniente de Laguna Blanca, San Pedro, en muy mal estado. Lamentablemente la piel no fue preservada y el Dr. Britos no me pudo facilitar ninguna documentación al respecto.

Este último relato coincide con un reportaje publicado por ABC Color, el 21 de marzo, en el que el corresponsal de aquella zona habla de una anaconda capturada en la Laguna Blanca. Una fotografía parece confirmar la especie identificada por el Dr. Britos.

UNA RAREZA EN PARAGUAY

El taxidermista del Museo insiste en que la anaconda verde es originaria del Brasil y no pertenece a la fauna del Paraguay, si bien que la identificación de los ejemplares expuestos no son su especialidad. El único documento que pude encontrar sobre “Eunectes murinus” en el Zoológico de Asunción es un inventario de hace más de 10 años de los ejemplares vivos que tenían en la época, donde figuraba una “Eunectes murinus” pero se aclaraba que su origen era Brasil.

Martha Motte habla de que la situación de la “Eunectes murinus” en el Paraguay podría ser clasificada como en "peligro crítico de extinción."

Norman Scott recuerda que el hábitat natural a lo largo del río Paraná está ahora extraordinariamente destruido.

Sobre el tema de la mbói jagua, no existe consenso sobre si el término debe o no ser aplicado a la anaconda verde, como explicado en mi artículo "Tres interpretaciones para la serpiente 'mbói jagua'". Algunos especialistas insisten en que la mbói jagua es un animal mitológico, como afirmado por etnolingüistas tales como León Cadogan y los editores del diccionario guaraní de Olga de Maldonado.

Es una buena noticia que se sigan encontrando anacondas verdes tan al sur. Lo que no es buena noticia es que haya gente que, por ignorancia o codicia, intenten comercializarlas. No podemos darnos el lujo de eliminar de las citadas regiones una especia tan fabulosa. 

A. L. 

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Publicado originalmente en ABC Color, el 6 de enero de 2008. Fotografía: Una anaconda verde (“Eunectes murinus”) en su hábitat preferido: el agua. La manera más fácil de diferenciarla de la anaconda amarilla (“Eunectes notaeus”) es por el diseño de sus manchas. Crédito de la fotografía: Trisha Shears, 17 de febrero de 2007. Con permiso de Trisha Shears.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.