* Los huesos de Jesús tienen que estar en alguna parte

Un amable lector preguntó acerca de pruebas sobre la existencia real de Jesús de Nazareth. La pregunta es muy oportuna porque en Ciencia no existen “las autoridades” sobre un tema; como máximo existen los especialistas. Los que determinan si algo es real o no son siempre los datos objetivos, y no los investigadores. Por tanto, citemos algunos documentos y ustedes sacan sus propias conclusiones.
 
La copia mas antigua del Nuevo Testamento en versión completa es el “Codex Sinaiticus”, una Biblia en griego datada de entre el año 300 y el 350 de nuestra era común. Hoy en día sobrevive separado en varios pedazos: hay 347 hojas en la Biblioteca Británica en Londres, 43 hojas en la Biblioteca de la Universidad de Leipzing en Alemania, 12 hojas y 14 fragmentos en el monasterio de Santa Catarina en el Sinaí, Egipto, y fragmentos de 3 hojas en la Biblioteca Nacional Rusa en San Petesburgo.
 
En el año 248 C.E. uno de los padres de la Iglesia, de nombre Origen, publicó el texto “Contra Celsum”, donde refutaba críticas hechas al cristianismo por el romano Celso el Platonista en el año 177.
 
En la Universidad de Michigan y en la Biblioteca Chester Beatty de Dublín, Irlanda, se guardan partes separadas de un papiro conocido como “Papiro 46”, que son nada menos que las copias más antiguas conocidas de las Cartas de San Pablo. Son del año 200 C.E. 
 
En la Universidad de Oxford se guarda el fragmento más antiguo del Evangelio de Mateo, datado en 200 C.E. Las pocas líneas corresponden al capitulo 26, versículo 23 y versículo 31.
 
En su libro “La muerte del peregrino” el sátiro Luciano de Samosata se burla de las creencias cristianas. Este autor murió no más allá del año 180 C.E.
 
El fragmento del Nuevo Testamento más antiguo que se conoce fue descubierto en Egipto en 1920. De apenas centímetros, pertenece al Evangelio de Juan: tiene los versículos 31 al 33 del capitulo 18 en un lado, y los versículos 37 y 38 del otro. Está guardado en la Biblioteca John Rylands de la Universidad de Manchester y esta datado del Siglo II, posiblemente entre los años 125 y 160 C.E.
 
Existen también textos cristianos que no pertenecen a la Biblia, como los de Justino Mártir, que escribió importantes apologías intentando difundir el cristianismo. Este autor murió no más allá del 165 C.E. 
 
El historiador romano Cornelius Tacitus, en sus “Anales”, libro 15, capitulo 44, escrito en el año 116 C.E., hizo la famosa referencia a que Nerón culpó del incendio de Roma del año 64 a “una clase odiada por sus abominaciones, llamada cristianos”, e inició una persecución.
 
Muy importantes desde el punto de vista histórico son siete cartas de Ignacio de Antioquia, quien murió en el año 107 y aparentemente fue discípulo del Apóstol Juan.
 
En el año 93, el historiador judío Flavio Josefo publicó su trabajo “Antigüedades de los judíos”. En el libro 20, capitulo 9, habla de que en el año 62 los sumos sacerdotes ordenaron el apedreamiento de un seguidor de Jesús, “por romper la ley”. Existe otro pasaje sobre Jesús en el libro 18, capitulo 3, pero su autenticidad es muy discutida, porque aparentemente fue editada por manos anónimas para ensalzar la figura del Nazareno y llamarlo “el Cristo”.
 
Comparando ciertos detalles del contenido de los Evangelios con detalles de muchas fuentes históricas, como por ejemplo datos sobre la existencia real de Poncio Pilatos y la destrucción del Templo por los romanos en el año 70 C.E., se estima que el Evangelio de Juan se escribió originalmente entre los años 90 y 100 C.E., el Evangelio de Mateo entre el 70 y el 100, el Evangelio de Lucas entre el 50 y 100; y el probable primero de todos y base para los otros, el Evangelio de Marcos, entre el 60 y 70 C.E. Estas fechas indican que, mismo que los autores reales no hayan conocido personalmente a Jesús de Nazareth, muy probablemente conocieron y entrevistaron a sus discípulos directos.
 
Sin embargo los primeros textos del cristianismo no fueron los Evangelios (presuntas biografías de Jesús) sino que los textos de uno de los responsables por la expansión de sus enseñanzas en una enorme religión: Saulo de Tarso, o San Pablo. Se considera que por lo menos las cartas a los Romanos, ambas cartas a los Corintios y la carta a los Gálatas sí fueron escritas auténticamente por el mencionado perseguidor y luego compañero de Simón Pedro y otros discípulos de Jesús. Las cartas habrían sido enviadas originalmente entre los años 48 y 68 C.E.
 
A LA CAZA DE LA "PRUEBA" DEFINITIVA
 
Hace unos años apareció un documental que pretende demostrar que se encontraron los huesos de Jesús de Nazareth. Si es una película de ficción, es muy buena. Si pretende ser un documental, me pareció mediocre. Si se cree que se está haciendo un trabajo científico, me pareció pésimo. A pesar de eso, la idea es interesante. Si existió Jesús de Nazareth como figura histórica, es de esperarse que esté enterrado en alguna parte, como Confucio o Winston Churchill. Pero la búsqueda de tamaña tumba no es nada fácil.
 
Si es una película de ficción, la cinta aludida está en la misma línea del “Código da Vinci”, donde se usa un puñado de datos científicos e históricos para dar aire de credibilidad a una historia, que continúa siendo un producto de la imaginación. Así como hizo Stanley Kubrick, que para filmar “2001: Una odisea espacial” tuvo mucho cuidado en reproducir la falta de peso en el espacio, el paisaje lunar, las explosiones silenciosas en el vacío, el sistema de propulsión de las naves, el retardo en las comunicaciones a distancias astronómicas, etc., todos científicamente correctos, pero que no dejan de ser la monumental escenografía de un drama ficticio.
 
En el caso del documental de la tumba de Jesús, la escenografía son las diferentes entrevistas con los eruditos de Harvard, los análisis de microscopía electrónica, las pruebas de DNA, los peritos en caligrafía antigua, etc., todos diciendo que la historia es posible. Pero el único que concluye que se encontró el osario de Jesús de Nazareth es el cineasta. El punto es que nada impide que algún día el “Código da Vinci” o “Una odisea espacial” acaben ocurriendo de verdad, pero eso no quiere decir que sean probables.
 
Creo que si se hubiera intentado hacer un documental de verdad, no se debería haber lanzado la teoría en primer lugar y después ver si hay algún especialista que la apoye. Debería haber habido un acercamiento humilde a los científicos y se debería haber preguntado en qué están trabajando. Si alguien hubiera dicho “en el posible osario de Jesús de Nazareth” entonces se hubiera pedido permiso para filmar su investigación. Se debería haber dejado que sean los científicos los que guíen el drama, y no buscado protagonismo y estrellato. En mi humilde opinión, un documentalista debe ser un simple testigo de la historia.
 
Pero se quiso liderar la investigación, y como no se es científico, y como da la impresión que no se entiende mucho del método científico, sucedió lo que sucedió: se tuvo una idea y se hizo todo lo posible para MOSTRAR que la idea era correcta. Esa NO es la manera como trabajan los científicos: los científicos tienen una idea y después hacen todo lo posible para SABER SI ES QUE dicha idea está correcta. Puede que sí sea, puede que no, pero el objetivo no es conseguir que la respuesta sea sí o que sea no, sino saber cuál de las dos alternativas es la verdad, no importa cuál.
 
Un detalle: si se busca probar por todos los medios que alguno de los aspectos de una teoría está mal, pero no se consigue, entonces no se ha desbaratado la teoría. Pero eso no quiere decir que no aparezca en el futuro alguna prueba que sí la desbarate. Como se dice en Ciencia, las pruebas presentadas han sido las necesarias pero no las suficientes.
 
Ahora, volviendo al fondo de la cuestión: la Ciencia no tiene religión, por lo que pretende que todo es natural y no hay nada sobrenatural. Lo natural es que, si existió, los huesos de un judío del siglo I estén en alguna parte. ¿Pero dónde? Uno de los problemas es que Jesús no murió como un gran rey, sino que como un criminal. Algunos dicen que existía la costumbre de arrojar los cuerpos de los condenados a un gran vertedero cerca de Jerusalén. O puede que esté en la tumba del sacerdote José de Arimatea, hasta hoy. Puede haber sido robado, como sugirió alguien en la propia Biblia. O está en una tumba anónima, como sucedió con Mozart. Puede que nunca se encuentre, puede que sí. No sé si hay arqueólogos que la están buscando. De cualquier manera, yo dudo mucho que sea en una cinta cinematográfica que se vaya a anunciar semejante descubrimiento.
 
A. L.
 
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Publicado originalmente en ABC Color, en dos entregas, entre el 30 de abril de 2007 y el 11 de mayo de 2007. Pintura: "Noli me tangere" ("No me toques"), por Hans Holbein el Joven, ca. 1527, óleo sobre madera de roble, 76,7 cm x 95,8 cm, Royal Collection, Palacio de Hampton Court, East Molesey, Reino Unido. La escena se describe en Juan 19:41-20:18; conferir Cantar de los Cantares 3:1-4. El título de la obra se pronuncia en Juan 20:17a, una posible referencia a Números 19:16. La vasija con preparados aromáticos que trae María Magdalena para procesar el cuerpo de su maestro, como aprobado (según la tradición) en Mateo 26:6-13, Marcos 14:3-9, Lucas 7:36-50 y Juan 12:1-8, contradice la reacción de Jesús en este momento, sin embargo. La explicación se da en que Juan (19:38-40) y Mateo (28:1b) contradicen a Lucas (23:50-24:1) y Marcos (16:1): al mezclar los cuatro relatos, el cuadro resulta contradictorio. En ámbitos académicos esta escena se conoce como "El problema de la tumba vacía", expresión que surge del hecho que Marcos, teóricamente el primer evangelio sinóptico escrito y base para los otros, terminaba originalmente en el versículo 8 del capítulo 16 (como testimoniado por el Codex Sinaiticus, el Codex Vaticanus, el palimpsesto Siriaco Sinaítico, buena parte de los Manuscritos Armenios, el Canon de Eusebio, etc.). El versículo siguiente, el número 9, donde se habla por primera vez de una aparición de Jesús de Nazareth a María Magdalena (sin siquiera especificar dónde ni en qué circunstancias), así como los subsiguientes versículos, con sus múltiples y discrepantes variantes históricas, fueron agregados tiempo después por otros escribas. Una explicación para este accionar apócrifo ya era "vox populi" entre los judíos de la época, como se evidencia en Mateo 28:11-15. Si así fue, el sufrimiento psicológico de María, la llamada Magdalena, a la que Jesús había curado de "siete demonios", no habría tenido fin. Crédito: Hans Holbein el Joven, vía The Royal Collection Trust, disponible en http://www.royalcollection.org.uk Fotografía Copyright © 2013 Su Majestad la Reina Elizabeth II. Todos los derechos reservados. Este archivo de imagen está alojado en los servidores informáticos de The Royal Collection Trust, http://www.royalcollection.org.uk Se prohíbe la reproducción. Agradecimientos especiales a Daniel Bell por esta cortesía.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.