* Los milagros de Lourdes


EL SANTUARIO CATÓLICO EN EL CONTEXTO DE LA LITERATURA CIENTÍFICA: LOS MILAGROS DE LOURDES
En la noche del 28 de febrero al 1 de marzo de 1858, Bernadette Soubirous estaba junto a un buen número de personas frente a una gruta, en Lourdes, cerca de Tarbes, Francia, cuando reportó que por duodécima vez la Virgen María estaba apareciendo. Entre los presentes estaba Catherine Latapie, una mujer de 38 años de edad, quien dos años antes había caído de un árbol y se había lastimado el brazo, que le quedó paralizado.

Cuando el fenómeno mariano terminó, Catherine Latapie escaló con mucha dificultad la gruta hasta un manantial descubierto por Bernadette tres días antes. Metió su mano en el agua y, milagrosamente, recuperó completamente la movilidad de su brazo derecho, hasta entonces paralizado. Desde entonces Lourdes ha crecido en popularidad hasta convertirse en uno de los destinos de peregrinación católica más visitados del mundo.

Alexis Carrel, director médico del Instituto Rockefeller y ganador del Premio Nobel de Medicina de 1912, confesó que visitó el lugar en 1903. Tuvo la oportunidad de estar cerca de una mujer que tenía un tumor abdominal muy doloroso; el famoso doctor escribió que pudo vivenciar como la paciente se recuperaba en menos de un día.

Desde 1858 hasta nuestros días, la Iglesia Católica ha reconocido un total de 69 curas milagrosas en Lourdes, la más reciente en el año 2013.

El 6 de diciembre del 2007 el Papa Benedicto XVI autorizó indulgencias especiales para marcar el 150 Aniversario de la Aparición de la Virgen María en Lourdes. Así, los católicos que visitaron el lugar entre el 8 de diciembre de 2007 y el 8 de diciembre de 2008 recibieron una indulgencia que, enseña la Iglesia, puede reducir el tiempo en el Purgatorio. El decreto fue firmado por el Cardenal Francis Stafford, quien encabeza la Penitenciaria Apostólica, una corte del Vaticano que trata las indulgencias y cuestiones de conciencia.

DEFINICIÓN DE MILAGRO

La definición moderna de milagro católico data de 1747, cuando otro Papa Benedicto, el número XIV, estableció los siguientes criterios para que una sanación pueda considerarse milagrosa:

1) La enfermedad debe ser seria, incurable, o por lo menos muy difícil de curar.

2) La enfermedad no debe estar precedida por ninguna mejoría.

3) No se ha usado ningún remedio, o los remedios empleados han sido inútiles.

4) La sanación debe ser repentina o casi instantánea.

5) La sanación debe ser perfecta, completa, absoluta.

6) La enfermedad debe terminar y no debe volver. Por esta razón, ningún caso es admitido como curado excepto después de un lapso de un año o más.

7) La sanación debe ocurrir en conjunción con un acto religioso, sea de parte de la persona enferma (oración, peregrinaje, etc.) o de parte de alguien más (bendición, oración, etc.)

EL PROCESO DE INVESTIGACIÓN

Por disposición del Papa Pío X, desde 1905 existe en el Santuario de Lourdes una Oficina Médica a cargo de un médico jefe. Este doctor recibe las declaraciones de curas milagrosas por parte de cada bendecido y comienza el proceso de estudio del caso.

Si el caso parece real, el médico jefe organiza una reunión con todos los médicos presentes en el Santuario ese día, sean o no católicos.

Si el médico jefe y los otros doctores reunidos encuentran favorable el caso, la documentación es enviada al Comité Internacional de Lourdes. Este comité está conformado por unos 20 miembros, cada uno respetado en su especialidad. Existe desde 1947 y a partir de 1954 adquirió una dimensión internacional. La presidencia la ocupan conjuntamente el Obispo nombrado a Tarbes y Lourdes y uno de los miembros, indicado por el obispo.

El Comité designa a un miembro que se encargará de examinar el caso con detalle, y de revisar toda la literatura médica publicada en relación al tema. Este especialista puede consultar con sus colegas de afuera del Comité. Normalmente la persona sanada no participa de esta fase.

El Comité Internacional de Lourdes se reúne una vez por año, en el otoño europeo (setiembre a diciembre). Examinan la documentación y cuando todo está en orden (lo que puede llevar mucho tiempo) el comité decide, por medio de una votación, si declara o se rehúsa a confirmar que, esta sanación en particular, es inexplicable de acuerdo a los conocimientos científicos actuales. Se requiere una mayoría de dos tercios para que el caso gane.

El resultado de la votación es enviado al obispo de la diócesis donde la persona sanada tiene su residencia. Este obispo local puede entonces organizar su propio comité de médicos para estudiar la conclusión enviada por el Comité Internacional de Lourdes.

Es el obispo local el que decide finalmente si la sanación reúne los requisitos para ser llamado “milagro”, como la palabra es entendida dentro de la religión Católica.

LA EFECTIVIDAD DE LOURDES

Primero que nada, los 69 milagros atribuidos a Lourdes son en realidad 68, porque infelizmente en 1970 una paciente con síndrome de Budd-Chiari murió de esta rara enfermedad del hígado después de que en 1963 la Iglesia la haya declarado curada.

Es interesante comparar esta cantidad con otros números. Ya para su aniversario de 50 años, en 1908, el Santuario recibía a más de un millón de personas por año. Al cumplir un poco más de un siglo, en 1974, se estimaba que entre los peregrinos llegaban unos 50 000 enfermos por año. Diez años después este número subía a 65 000, y la Oficina Médica calculaba que ya habían pasado por el Santuario unos dos millones de enfermos, desde su inauguración. El número de milagros alcanzaba 64. Desde entonces hubo 3 milagros más y los enfermos siguen llegando.

Actualmente, en la literatura científica, la mayor base de datos sobre sanaciones no explicadas (no sólo en Lourdes sino que en cualquier parte del mundo y en cualquier circunstancia) es un informe de Brendan O'Regan y Caryle Hirshberg titulado “Spontaneous remission: the spectrum of self-repair”, publicado por el “Institute of Noetic Sciences” en 1993. Revisando más de 3500 referencias en más de 800 publicaciones en 20 idiomas (trabajo que llevó cerca de 10 años), se encontraron 1574 casos reportados en la literatura médica desde 1918. Esto es 20 veces más que el número de casos surgidos de Lourdes. De hecho, de entre los 1574 casos citados en el informe, a 1508 no se los asocia con ningún milagro católico.

Diversos autores especulan que el fenómeno de mejoría, o hasta cura espontánea de muchas enfermedades consideradas graves e incurables, podría deberse a algún mecanismo todavía no descubierto del organismo humano, posiblemente relacionado al sistema inmunológico, que en ciertos casos y bajo ciertas condiciones sería mucho más activo y eficaz que en otros. De cualquier manera, el fenómeno es rarísimo.

No existen datos sobre la incidencia de estas curas espontáneas naturales en la población en general, pero autores como una cierta persona y como Steven Novella dan cifras (no confirmadas) de que para el cáncer ocurriría 1 caso por cada 100 000 enfermos.

El archivo de Lourdes también tiene casos de cáncer curado: ocurrieron 3 (tres) veces en los últimos 150 años. Esta cifra es tan baja que muchos han comenzado a preguntarse si la probabilidad de morir en un accidente rumbo al Santuario no es mayor que la probabilidad de salvarse. La reflexión final queda a cargo de cada uno de los lectores.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 31 de agosto de 2008. Fotografía: La basílica subterránea de San Pío X, Lourdes, Francia, 20 de agosto de 2004. Crédito de la fotografía: Fabio Alessandro Locati (licencia original, de la fotografía únicamente, obtenida en: http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es). Con permiso de Fabio Alessandro Locati.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.