* S.E.T.I.

Radiotelescopio Arecibo, 305 m diámetro, mayor del mundo. Universidad California Berkeley recoge señales y distribuye a más de cien mil computadoras de voluntarios alrededor del mundo, para análisis en busca inteligencia extraterrestre. Crédito: Foto cortesía U. S. National Astronomy Ionosphere Center - Observatorio Arecibo, Puerto Rico, diseñado operado antiguamente Universidad Cornell actualmente por SRI International (ex - Stanford Research Institute), Universities Space Research Association y Universidad Metropolitana, para U. S. National Science Foundation. Photo courtesy NAIC - Arecibo Observatory, a facility the NSF. Con permiso del Centro Nacional de Astronomía e Ionosfera - Observatorio de Arecibo, una entidad de la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América.

SETI: BÚSQUEDA DE INTELIGENCIA EXTRATERRESTRE

Nuestra galaxia es muy grande. Tan grande que muchas personas creen que es muy improbable que estemos solos en ella. En 1959 un nuevo campo surgió dentro de la Astronomía cuando Giuseppe Cocconi y Philip Morrison publicaron su teoría de que, visto que nuestros recientemente construidos radiotelescopios son lo suficientemente poderosos como para enviar y recibir comunicaciones a distancias interestelares, podríamos usarlos para ver si hay alguien allá en la oscuridad del espacio.

Frank Drake desarrolló aun más esta hipótesis y en 1960 comenzó las primeras escuchas a dos estrellas cercanas y parecidas a nuestro Sol: Epsilon Eridani y Tau Ceti.

Drake también se hizo famoso por teorizar los factores de los cuales dependería el éxito de un programa como ese, que quedó conocido como S.E.T.I., por las siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extra-terrestre. Según él, el número de civilizaciones con capacidad de comunicación interestelar dependería de la tasa de formación de estrellas apropiadas; la fracción de esas estrellas con planetas; el número de planetas con condiciones “apropiadas” por sistema planetario; la fracción de esos planetas donde la vida se desarrolla; de esos planetas, la fracción donde la inteligencia se desarrolla; de esos planetas, la fracción donde tecnologías detectables se desarrollan; y el tiempo de vida de las civilizaciones con capacidad de comunicación interestelar. En 1961, sólo el primer factor era más o menos conocido. Hoy tenemos algunos números sobre el segundo factor. El resto continúa siendo completamente desconocido, aunque sabemos que no es cero, pues nosotros estamos aquí. La cuestión es saber si es mayor que 1.

ESTRATEGIA DE BÚSQUEDA

Probablemente, el único método que hoy tenemos para desvendar este misterio sean nuestros sistemas de comunicación a larga distancia, léase nuestros equipos de radio acoplados a enormes antenas parabólicas concentradoras. Una hazaña significativa.

El primer problema es que a pesar de haber por lo menos 400 000 millones de estrellas en nuestra galaxia, y que unas 20 000 millones son del mismo tipo que el Sol, la gran mayoría están muy lejos; en realidad, sólo podemos captar las transmisiones más potentes, o sea, no podríamos escuchar las transmisiones de televisión o de teléfonos celulares de “ellos”. Probablemente sólo podemos escuchar trasmisiones hechas expresamente para comunicación interestelar.

Aquí viene el segundo problema: en la Tierra las comunicaciones las realizamos en todo tipo de frecuencias para todo tipo de usuarios. ¿Cuál frecuencia utilizar para la comunicación interestelar? Podemos esperar que sean utilizadas las mismas que nosotros usamos para nuestras naves espaciales, o sea, las microondas, pero aún así el rango es demasiado amplio. Nos vemos obligados a continuar con las suposiciones.

Supongamos que, en primer lugar, hay alguien allá afuera enviando señales con la intención de entrar en contacto con otros seres entre las estrellas. Podemos pensar que las señales van a ser enviadas en una frecuencia que tiene poca interferencia: en nuestro caso, las frecuencias bajas se confunden con las señales de radio que se producen naturalmente en las estrellas y en las nubes de gas que hay en espacio; las frecuencias de radio demasiado altas no consiguen penetrar nuestra atmósfera. Las frecuencias que mejor se escuchan desde la Tierra (o un planeta igual a la Tierra, otra suposición) son las que están entre 1000 y 10 000 MHz. Pero todavía es una franja muy amplia para nuestra tecnología.

Otra suposición más es que los que tienen mayores probabilidades de captar una señal que viene del cielo son las personas que pasan una gran parte del tiempo mirando hacia arriba: los astrónomos. Una cosa interesante de este Universo es que, hasta donde sabemos, los fenómenos químicos y físicos son los mismos en cualquier parte. El hidrógeno es el elemento más abundante, y la frecuencia en radioastronomía donde este elemento se detecta mejor es 1420 MHz. De hecho es tan importante que por acuerdo internacional nadie puede transmitir en esta frecuencia. Así que suponemos que “ellos” van a estar intentando llamar la atención de los radioastrónomos interfiriendo con sus trabajos, o sea, transmitiendo en 1420 MHz. Basadas en todas estas suposiciones, Frank Drake y sus seguidores han estado escuchando esta frecuencia desde aquel proyecto pionero, realizado desde Green Bank, EUA.

PROYECTOS RECIENTES Y ACTUALES

Algunos proyectos recientes y otros actuales son los que tienen como responsables a gente como Wielebinski y Seiradakis (Instituto Max Planck para Radioastronomía, en Effelesberg, Alemania); Gulkis (Estación de Espacio Profundo 43, Red del Espacio Profundo de la NASA, Canberra, Australia); Bowyer, Werthimer y Lampton (SERENDIP II, National Radio Astronomy Observatory, Green Bank); Colomb, Martin y Lemarchand (Instituto Argentino de Radioastronomía); otro de Lemarchand (META II, Instituto Argentino de Radioastronomía); Bowyer, Werthimer y Donnelly (SERENDIP III, Arecibo); Horowitz y colaboradores (BETA, Observatorio de Oak Ridge, Universidad de Harvard); Liga SETI (Proyecto Argus, amateur, en algún momento con 1257 miembros en 105 sitios en 19 países); Werthimer y colaboradores (SERENDIP IV y SERENDIP V, Arecibo); SETI Australia (Southern SERENDIP, radiotelescopio Parkes); Instituto SETI (Proyecto Phoenix, en Arecibo y Telescopio Lovell en Jodrell Bank, Reino Unido); Werthimer y Anderson (SETI@home, Arecibo); Montebugnoli (SETItalia, Radio Observatorio de Medicina, Instituto de Radio Astronomía del Instituto Nacional de Astrofísica, Italia); Shirai, Oyama, Imai y Abe (Very Large Array, National Radio Astronomy Observatory, Nuevo México). Además, está la Formación Allen de Telescopios, del Instituto SETI y la Universidad de California en Berkeley; y el multinacional Proyecto Dorothy, que incluye a los radio observatorios de Green Bank, Harvard, Cardona, las estaciones RS503 (Buinen) y UK608 (Chilbolton) de la Formación de Baja Frecuencia para Radioastronomía (LOFAR), Nançay, Medicina, Gwacheon, Nishi-Harima, Universidad de Yamaguchi, Universidad de Tokai, Estación de Radio Takahashi, Universidad de Nueva Gales del Sur, el Gigantesco Radio Telescopio de Onda Métrica (GMRT), la estación KAT-7 (Karoo) de la Formación de 1 Kilómetro Cuadrado (SKA), Instituto Argentino de Radioastronomía, Arecibo y la Formación Allen de Telescopios.    

En los últimos años también está apareciendo una tendencia a considerar al laser como forma de comunicación interestelar, especialmente después de unas pruebas con la sonda espacial Galileo. En este caso, los detectores se acoplan directamente a un telescopio óptico. Trabajan o trabajaron con esto Betz y Townes (en infrarrojo, desde el Observatorio del Monte Wilson, California); Horowitz y colaboradores (Harvard Optical SETI, Observatorio de Oak Ridge); Marcy, Reines, Butler, Vogt (luz visible, Observatorio Lick, Observatorio Keck); Werthimer (luz visible, Observatorio Leuschner, Universidad de California en Berkeley); Bathal y Darcy (Australian Optical SETI [OZ SETI], Observatorio Rotativo de Campbelltown, Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia); Drake y colaboradores (luz visible, Observatorio Lick, Universidad de California en Santa Cruz); y el observatorio amateur Columbus.

S.E.T.I. EN CASA

Probablemente el proyecto más llamativo en este momento, y el más eficiente sea el SETI@home, de la prestigiosa Universidad de California en Berkeley.

Desde el punto de vista técnico, los dos grandes problemas para detectar una señal inteligente extra-terrestre son conseguir antenas suficientemente grandes para captar aun una débil señal, e interpretar los datos captados para verificar que son artificiales y que no provienen de nosotros.

Este proyecto logra lo primero recurriendo al mayor radiotelescopio del mundo, el de Arecibo, Puerto Rico, gerenciado por la Universidad de Cornell, EUA. Debido a que el tiempo de radiotelescopio es muy valioso y los proyectos S.E.T.I., tan inciertos, son clasificados en la comunidad científica como de baja prioridad, se han ideado sistemas en que receptores especiales se fijan a la antena y graban en la frecuencia escogida, en paralelo, señales que sin desearlo entran a la antena al trabajar con otros proyectos. Si bien en este caso los investigadores de SETI no tienen control hacia dónde apunta la antena, con el paso del tiempo consiguen barrer una considerable porción del cielo.

El segundo punto implica buscar una señal que sea claramente identificable sobre el fondo de ruidos de radio naturales. Las señales naturales suelen ser mezclas de muchas frecuencias, en cuanto que las artificiales suelen ser tonos casi puros. Es como identificar el sonido de una flauta o un violín sobre el bullicio de la calle: las notas puras, más nítidas y cristalinas, resaltan sobre la confusión de fondo. Aunque la identificación la hace una computadora, porque las señales no son audibles para el oído humano. Otras pruebas determinan si la señal viene de entre las estrellas o es generada más cerca, en la Tierra.

El problema es que los datos que entran son tantos que no fue posible conseguir una computadora suficientemente poderosa como analizarlos con la precisión deseada. Calcularon que necesitarían un mínimo de 100 000 computadoras personales para poder “masticar” estos datos.

Entonces, en 1995, David Geyde ideó una solución ingeniosa: pedir ayuda por Internet. Imaginó que si conseguían una cantidad suficientemente grande de voluntarios que “presten” sus computadoras al proyecto, los objetivos se podrían lograr. El sistema consta de tres partes: primero, una computadora recibe y graba los datos en Arecibo. Cada tantas semanas los datos almacenados son enviados a California, donde otras computadoras dividen estos datos en pequeños “paquetes” de información. Estos paquetes, conteniendo cada uno aproximadamente dos minutos de grabación extraídos de una franja de frecuencias muy limitada, a su vez extraída de una multitud de franjas de frecuencias ligeramente arriba y abajo de 1420MHz, son lo suficientemente pequeños como para ser procesados por computadoras personales en el hogar u oficina del voluntario. Una vez procesados, los datos son enviados nuevamente a las computadoras de California donde el rompecabezas, ya grandemente resuelto, se vuelve a armar.

La clave del sistema es que los voluntarios sean molestados lo mínimo posible. Para eso, se pensó en un programa relativamente pequeño, a ser instalado en la computadora del voluntario, que funcione solamente cuando éste no esté utilizando su computadora: en este caso, un protector de pantalla, o "screen saver". Todo lo que tiene que hacer el voluntario es instalar el programa en su computadora, que éste hace el resto: pide un paquete a California, a través de Internet, luego procesa este paquete cada vez que el voluntario deja de usar su computadora por algunos minutos (con gráficos decorativos incluidos) y se detiene cuando éste vuelve. Después de algunos días el paquete ha sido completamente procesado y está listo para ser devuelto a California: nueva comunicación por Internet, envío del resultado y pedido de otro paquete para ser analizado. La conexión con Internet es automática y se realiza muy brevemente (por escasos minutos) cada varios días.

Lanzado en 1999 a través del site http://setiathome.berkeley.edu, cerca de 150 000 personas en todo el mundo participan en este momento del proyecto SETI@home, sin que esto interfiera en sus tareas diarias con sus computadoras personales. Y el sistema funciona tan bien que ya fue copiado por otros científicos en los más variados campos.

SI TENEMOS ÉXITO…

Nadie sabe en realidad si estos esfuerzos son suficientes para detectar inteligencia extra-terrestre, si es que “ellos” existen. Es casi como jugar a la lotería esperando que esté escrito en nuestro destino ser los ganadores. Aunque es cierto que el que nunca juega, nunca gana. S.E.T.I. es una comunidad marginal dentro de la Astronomía actual, pero aún así se intenta mantener seriedad y un alto nivel científico. Por ejemplo, se ha pensado en un protocolo a seguirse en caso de que realmente se descubran extraterrestres. Puede ser aplicado aun si son descubiertos por otros métodos diferentes a los descritos en este artículo.

EL PROTOCOLO SETI

1) Verificar si se trata de extraterrestres, antes de divulgar el descubrimiento.

2) Verificar por terceros, antes de divulgar.

3) Avisar a la Unión Astronómica Internacional y al Secretario General de las Naciones Unidas, y a la Academia Internacional de Astronáutica, a la Unión Internacional de Telecomunicaciones, al Consejo Internacional de Uniones Científicas, al Instituto Internacional de Ley Espacial, a la Federación Internacional de Astronáutica y a la Unión Internacional de Radio-Ciencia.

4) Divulgar rápidamente, abiertamente, ampliamente.

5) Pasar los datos a la comunidad científica internacional.

6) Monitorear y registrar todo.

7) Si es una señal electromagnética, minimizar interferencias.

8) No responder, hasta haber consultado internacionalmente.

9) Formar un comité internacional para el estudio del fenómeno. 


A. L.

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Basado en una charla dada en la USP, el 11 de marzo de 2000. Publicado originalmente en ABC Color, el 8 de octubre de 2006. Fotografía: El radiotelescopio de Arecibo, con sus 305 metros de diámetro, es el mayor del mundo. La Universidad de California en Berkeley recoge las señales que llegan desde el cielo a esta antena y las distribuye a más de cien mil computadoras de voluntarios alrededor del mundo, para análisis en busca de inteligencia extraterrestre. Crédito: Foto cortesía del Centro Nacional de Astronomía e Ionosfera - Observatorio de Arecibo, Puerto Rico, una entidad de la Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América, diseñado y operado antiguamente por la Universidad de Cornell, actualmente por SRI International (ex - Stanford Research Institute), Universities Space Research Association y Universidad Metropolitana, para la Fundación Nacional de Ciencias de EUA. Photo courtesy of the NAIC - Arecibo Observatory, a facility of the NSF. Con permiso del U. S. National Astronomy and Ionosphere Center - Observatorio de Arecibo, una entidad de la U. S. National Science Foundation. 

A scientific, very respectful and well-thought reply to the popular question "Do you believe in UFOs?"  This book evolved as a reply to one of the most frequent questions that I used to hear from the public when I was working in an astronomical observatory: "Do you believe in UFOs?". That seems an odd question to ask to scientists, but after researching conscientiously for about a full year, I discovered, to my surprise, that mainstream Science has a few things to say about the topic.  This book is not about conspiracy theory, "NASA is hiding the truth", or much less, that flying saucers have already landed on the lawn of the White House. Rather, it is a book about what is the most rational reply that a scientist, or in my case, a science writer, can offer when people insist on asking that question.  As one advances through the chapters, explores the following rationale: Is there life in the Universe? The answer is yes: us. Are there civilizations capable of spaceflight? The answer is again yes: us. Can we expand those two questions? Can we answer also: "them" and "them"?  All illustrations are also available at naturapop.com