* Símbolos astronómicos en banderas nacionales

Diseñada Raimundo Teixeira Mendes y Miguel Lemos, Bandera Nacional República Federativa Brasil sucesora modificada Bandera Imperio Brasil (diseñada a su vez por pintor Jean Baptiste Debret) agregado simbología astronómica. Crédito: Presidência República Federativa Brasil.

SOLES, LUNAS, ESTRELLAS Y AFINES: SÍMBOLOS ASTRONÓMICOS EN BANDERAS NACIONALES
Muchos de los colores y símbolos de las banderas, especialmente en países antiguos, derivan de casas reales, imperios anteriores u otras influencias que han sido asimiladas a través de los siglos, por lo que una simbología directa es difícil. Y otros simplemente han escogido símbolos muy difundidos, o por valor estrictamente estético. Pero aún así, muchas veces los símbolos en las banderas indican algo concreto o práctico.

SOL

La intensa energía con que nos baña (más de un kilowatt por metro cuadrado) es fuente de vida en la Tierra, como lo sabe cualquier agricultor, y muy especialmente los de los países con inviernos rigurosos. Inclusive la fiesta de San Juan en la tradición Iberoamericana es una reminiscencia de antiguos ritos paganos del solsticio de invierno. 

Durante milenios, muchos imperios como el Reino Egipcio o el Imperio Inca han instaurado el culto al Sol como religión oficial. En el caso de Argentina, el uso del Sol como símbolo oficial comienza en documentos de la Asamblea de 1813, y poco después se lo usó en la primera moneda argentina, para finalmente llegar a la bandera en 1818.

La bandera japonesa tiene un Sol menos estilizado, un disco rojo, el Sol naciente. El color rojizo es debido a pequeñas partículas en suspensión en el aire, que se amontonan hacia el horizonte y filtran los otros colores. El polvo de erupciones volcánicas intensifica este filtrado, con lo que este Sol del crepúsculo se vuelve más rojizo aún.

La bandera de Ecuador muestra al Sol sobre una franja que contiene símbolos de cuatro constelaciones (áreas en el cielo). No es posible ver las estrellas que están momentáneamente atrás del Sol, pero como la Tierra anda alrededor del Sol, las estrellas que no vemos en una época van a ser visibles más tarde. Los símbolos que aparecen en la bandera ecuatoriana corresponden (siguiendo una línea llamada eclíptica) a estas estrellas de los meses de marzo, abril, mayo y junio, fechas importantes en la historia de ese país.

También tienen soles las banderas de Afganistán (sólo los rayos sobre el horizonte) Antigua y Barbuda (con el radiante disco cortado por el horizonte), Bangladesh (al estilo de la bandera japonesa), Bolivia (surgiendo de detrás del Cerro de Potosí; además, diez estrellas en la orla del escudo representando a los Departamentos, inclusive al territorio perdido contra Chile), Costa Rica (cortado, naciendo sobre el mar; además, siete estrellas), Filipinas (con estilizados rayos heráldicos ["rayonné"] y rodeado por tres estrellas), Kazakhstan (iluminando a una hermosa águila en vuelo), Kiribati (cortado por el horizonte marino), Kyrgyzstan (con el tradicional remate de una tienda nómada superpuesto al disco), la Antigua (pero actual, el nombre se debe a una disputa con Grecia) República Yugoslava de Macedonia (parecida a la bandera militar "del sol naciente" de Japón; el sol actual reemplaza a una "estrella de Vergina", asociada a la familia de Alejandro Magno, y por tanto, protestada por Grecia hasta ser borrada), Malawi (rojo, cortado por el horizonte), República de Moldavia (entre los cuernos de un uro [toro salvaje, "Bos primigenius", extinto en 1627]; también hay una Luna creciente, aunque una cruz ortodoxa la liga a Occidente), Mongolia (junto con la Luna,  además del símbolo del Yin y el Yang del taoísmo y otros símbolos), Namibia, Níger, Ruanda, República de China en Taiwán y Uruguay (el "Sol de Mayo", compartido con Argentina),       

LUNA

En los países musulmanes, es común ver el símbolo de la Luna creciente. Por un lado, existe un motivo histórico relacionado a la capital del Imperio Bizantino (del que Túnez era parte), Constantinopla, cuya protectora había sido la diosa Artemisa, asociada a la Luna. Por otro lado, el calendario musulmán es un calendario lunar, donde por ejemplo, el mes sagrado del Ramadán, hacia el fin de año, comienza al avistarse la Luna en fino creciente. La Luna con fino creciente sólo puede ser vista al final del día, cuando también suele ser prominente el planeta Venus. 

La bandera de Croacia, encima del escudo principal tiene otros pequeños escudos donde aparecen justamente la Luna y el planeta Venus. 

La bandera de Túnez tiene un Sol, y dentro la Luna creciente, y dentro de ésta una estrella, aunque esta configuración es imposible desde el punto de vista astronómico. 

La bandera de Irán tiene cuatro crecientes estilizadas en forma de tulipán.

También tienen lunas las banderas de Argelia (con una estrella dentro), Azerbaijan (con una estrella al lado), Brunei, Comoros (más cuatro estrellas dentro), Laos (en este caso, una plateada Luna llena), Malasia (con una "Estrella Federal" al lado; recuerda al "anillo de diamante" que se ve en un eclipse solar, aunque en este caso la historia es diferente: las 14 puntas representan a una antigua división política del país), Maldivas, Mauritania (con una estrella adentro), Nepal (la única bandera nacional que no es rectangular, sino conformada por dos pendones triangulares: el superior contiene la Luna, con una protuberancia que es reminiscencia de un rostro personificado, que existía antiguamente; el pendón inferior contiene el Sol), Pakistán (con la popular estrella al lado), Palau (en este caso también la Luna llena, amarillenta como si estuviera naciendo), Turquía (el prototipo de bandera con la Luna en fino creciente con la estrella [¿o Venus?] al lado) y Turkmenistan (acompañada de cinco estrellas).      

ESTRELLAS

Las estrellas se han utilizado por milenios como símbolo de buen augurio. Es conocido el debate de que la estrella de Belén, inmortalizada por el pintor renacentista Giotto, no pudo haber sido el cometa Halley, el cual había usado como modelo, porque (a no ser que en este caso la señal divina haya sido dirigida contra Herodes el Grande y no contra Jesús de Nazareth) para los antiguos un cometa solía ser un símbolo nefasto. Las alternativas serían una conjunción (cruce aparente) entre los planetas Saturno y Júpiter, o una supernova (explosión de una estrella). Antiguamente, los planetas eran considerados estrellas migrantes (o inclusive dioses), por lo que expresiones como “estrella del alba” (Venus) se hicieron comunes. 

Tienen estrellas la bandera paraguaya (la popular canción la llama la “estrella de bonanza”); la bandera de Togo, cuya estrella se asocia a la libertad; la bandera de Ghana tiene una estrella negra que al parecer deriva de la insignia de una empresa naviera controlada por negros al comienzo del siglo XX; representaba a una estrella guía, comúnmente la estrella Polaris. En navegación ésta es la estrella más importante de todas, puesto que al estar casi directamente encima del Polo Norte su visibilidad no se ve afectada por la rotación de la Tierra: permanece casi fija en el mismo punto independientemente de la hora o época del año. 

La bandera de Estados Unidos, como es bien sabido, tiene una estrella por cada uno de sus 50 estados; según una Cámara del Congreso simboliza a los cielos, “objetivo del hombre desde tiempos inmemoriales”.

También tienen estrellas las banderas de Angola, Bosnia y Herzegovina (que parecen derramarse para fuera del paño), Burkina Faso, Burundi, Camerún, Cabo Verde, República Centro Africana, Chile, China, República Democrática del Congo (que recuerda un poco a la de otros países comunistas), Corea del Norte, Cuba, Djibouti, Dominica (verdes, inexistentes en el mundo de la Astrofísica), Eslovenia, Etiopía (en forma de "pentagrama"), Granada, Guinea-Bissau (negra), Guinea Ecuatorial, Honduras, Israel (la famosa "estrella de David"), Jordania, Kosovo, Liberia, Islas Marshall (con una banda diagonal blanca representando al archipiélago oriental de Ratak ["amanecer"] y otra anaranjada representado al archipiélago occidental de Ralik ["atardecer"]), Estados Federados de Micronesia, Marruecos (también en forma de un "pentagrama": el "sello de Salomón"), Mozambique (cruzada por un libro, una azada y la famosa ametralladora AK-47), Myanmar, Panamá, Saint Kitts y Nevis, São Tomé y Príncipe (negras), Islas Salomón, Senegal (verde), Singapur (cinco, como China, pero dentro de la Luna creciente), Siria (verdes), Somalia, Surinam, Tajikistan, Timor-Leste, Uzbekistan (doce estrellas conectadas históricamente al calendario solar, más una Luna creciente), Venezuela (formando un arco), Vietnam y Zimbabue (semicubierta por el "Ave de Zimbabue", motivo arqueológico de las ruinas de la ciudadela de Gran Zimbabue).     

CIELO

Representaciones de partes del cielo la tiene la bandera de Australia, en la que figura la Cruz del Sur. El término constelación se reserva para un área en el cielo, y todo objeto que esté dentro de esta área se considera dentro de la constelación. Lo que tiene la bandera de Australia en realidad es lo que se conoce como asterismo, pues sólo aparecen las estrellas más brillantes: Alfa Crucis, Beta Crucis, Gama Crucis, Delta Crucis y Epsilon Crucis. La primera palabra indica el orden de brillo, aunque en esta bandera todas, menos Epsilon, están dibujadas iguales. A la izquierda de la cruz figura una estrella más grande, de siete puntas, que representa a seis estados australianos más los territorios (y que no es Beta Centauri, a pesar de la coincidencia en posición y brillo aparente). Dicho sea de paso, las puntas que vemos al mirar una estrella en el cielo son efectos ópticos por pequeñas imperfecciones en nuestros ojos, especialmente en la pupila. Las estrellas en realidad se ven desde la Tierra como puntos, aunque son gigantescas bolas de gas ardiendo a miles de millones de kilómetros de aquí. El Sol es la estrella más cercana. Las estrellas de la Cruz del Sur se ven desde la parte de “abajo” de la Tierra, el hemisferio sur, pero no desde el hemisferio norte. Llamaba mucho la atención de los europeos que se aventuraban por estas latitudes.

La bandera de Portugal no tiene estrellas pero sí una esfera armilar, que es un instrumento parecido a un globo terráqueo pero que sirve para estudiar el cielo. Parece una jaula hueca hecha de anillos, que representan entre otros a paralelos y meridianos celestes: las llamadas líneas de declinación y ascensión recta. El conocimiento del cielo era vital para los grandes viajes marítimos de exploración. Es un testimonio de la época en que Portugal era una potencia.

La bandera más llamativa desde el punto de vista astronómico talvez sea la bandera de Brasil. Tiene 27 estrellas, cada una representando a un estado, como en la de los Estados Unidos, pero así como en la bandera de Australia representan a estrellas reales, con nombres y posiciones reales: son las que estaban sobre de Rio de Janeiro a las 8:30h del 15 de noviembre de 1889, día de la proclamación de la República. Los tamaños varían fielmente de primera magnitud (más brillante) a quinta (menos) de brillo aparente. La inferior es Sigma Octantis, que es análoga a la Polaris del hemisferio norte, y representa al Distrito Federal (donde está la capital); a su alrededor rotan los otros “estados”: Alfa Crucis representa a São Paulo, Beta Crucis a Rio de Janeiro, Beta Trianguli Australis a Santa Catarina, Gama Trianguli Australis a Paraná, Sirius a Mato Grosso, Procyon a Amazonas, Antares a Piauí, Canopus a Goiás, etc. La estrella sobre la banda es Spica, y representa al estado de Pará, que alcanza el hemisferio norte.

También representan el cielo las banderas de Nauru (la línea del ecuador y una estrella inmediatamente abajo de ésta, representando la posición geográfica del país), Nueva Zelanda (una roja Cruz del Sur, con Alfa grande y Delta pequeña, sin Epsilon Crucis), Papua Nueva Guinea (la Cruz del Sur, incluyendo a una Epsilon más pequeña), Samoa (la Cruz del Sur, con todas las estrellas de tamaños diferentes, excepto Beta y Gama) y Tuvalu (nueve estrellas en la posición geográfica correcta de las nueve islas principales del archipiélago, si colgamos a esta bandera verticalmente).

Independientemente del significado de cada uno de estos símbolos nacionales, es poco probable que los patriotas hayan pensado en "cartas astrales" a la hora de confeccionarlos. Por tanto, me parece inútil intentar hacer astrología y ver si les han traído o no suerte a las respectivas naciones. Inclusive porque al final, vemos el brillo de las estrellas según el cristal con que las miramos.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 8 de julio de 2006. Dibujo: Diseñada por Raimundo Teixeira Mendes y Miguel Lemos, y dibujada por Décio Vilares, la Bandera Nacional de la República Federativa del Brasil es una sucesora modificada de la Bandera del Imperio del Brasil (diseñada a su vez por el pintor Jean Baptiste Debret) con el agregado de la simbología astronómica. Crédito: Presidência da República Federativa do Brasil.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.