* Tras la pista de la serpiente más feroz

Pitón reticulada (“Python reticulatus”), nombre proviene complejo entrecruzamiento manchas. Crédito: Maria Lunkova, 9 setiembre 2004. Con permiso de Maria Lunkova.

GRANDES CONSTRICTORAS DEL MUNDO: TRAS LA PISTA DE LA SERPIENTE MÁS FEROZ

* Following the trail of the most ferocious serpent

* Na trilha da serpente mais feroz

Ciencia no es lo que los científicos dicen, sino lo que cada uno puede ver y tocar por uno mismo. La verdad que podemos conocer es sacada de la observación y de la experimentación; esto es cierto cuando escuchamos que una serpiente actualmente conocida podría tragarse a un hombre adulto.

El Libro Guinness de Records Mundiales lista como la serpiente más larga del mundo a una pitón reticulada (“Python reticulatus”) de 10 m de largo, cazada en Celebes (hoy Sulawesi), Indonesia, en 1912. El record de serpiente viva más pesada era hasta octubre de 2006 de una pitón de Burma (“Python molurus bivittatus”) de 183 kg, que vivía en un parque temático de Gurnee, Illinois, Estados Unidos.

Dicho sea de paso, muchas personas, especialmente en países ricos, consideran una moda aceptable tener a aquellos gigantes como “mascotas”, sin entender que los animales salvajes son justamente eso: salvajes. Es así como suelen ocurrir casos en que el dueño o sus allegados, en un descuido, acaban siendo estrujados por esos animales.

Charles R. Smith reporta los siguientes casos fatales ocurridos en Norteamérica en las últimas tres décadas: uno causado por una pitón de 2,4 m en Dallas, Texas en noviembre de 1980; otro por una pitón reticulada en Reno, Nevada en 1982 (este caso fue detallado por el forense V. McCarty, el patólogo R. Cox y el investigador B. Haglund, en el “The Journal of Forensic Science” de enero de 1989); otro caso fatal por una pitón en Brampton, Ontario en 1992; otro por una pitón de Burma de 3,4 m y 24 kg en Commerce City, Colorado en 1993; otro por una pitón reticulada de 4,9 m en Jefferson Parish, Louisiana en 1993; otro por una pitón de Burma de 4 m y 20 kg en Bronx, New York en 1996; uno por una pitón roca africana de 2,3 m en Centralia, Illinois en 1999; y otro más por una pitón de Burma de 3 m en Irwin, Pennsylvania en agosto de 2001. Pero en ninguno de estos casos la serpiente intentó tragar a la víctima.

Informes de ataques fatales en su ambiente natural son más raros todavía. En 1931 el explorador Arthur Loveridge reportó un caso ocurrido en la isla de Ukerewe, en el lago Victoria, con una pitón de 4,5 m contra una mujer de débil salud. Los científicos W. R. Branch y W. D. Hacke, en el “Journal of Herpetology”, volumen 14, número 3 (31 de julio de 1980), páginas 305 a 307, reportan el ataque fatal de una pitón roca africana (nombre científico “Python sebae”), ocurrido el 22 de noviembre de 1979, en la granja Grootfontein, en Transvaal del Norte, Sudáfrica, contra un menor de 13 años, 1,3 m de altura y 45 kg, de buen estado general de salud. La historia apareció primero en periódicos sudafricanos, y luego fue confirmada por el informe oficial del forense y mediante entrevistas con los testigos, entre ellos el director de la escuela local y un sargento de policía, que siguiendo rastros en el suelo encontraron a la serpiente a 500 m de distancia de la víctima.

QUÉ ES LO QUE COMEN

Gabriella Fredriksson publicó en el 2005 un incidente que sucedió cuando estudiaba a un oso enano de Malasia, de 23 kg de peso, al que le había colocado un collar radiotransmisor. Al percibir que no se movió por varias horas, fue a investigar y en su lugar encontró a una pitón reticulada de 6,95 m, con el estómago hinchado. La serpiente fue capturada para estudio, y después de tres meses se le practicó una cirugía para extraer el radiotransmisor.

R. Shine y colaboradores, en su informe “La influencia del sexo y tamaño del cuerpo en los hábitos alimenticios de una serpiente tropical gigante, Python reticulatus”, describen que examinaron 1070 ejemplares del sur de Sumatra, que medían entre 1,5 m y más de 6 m de largo, y de 1 kg a 75 kg de masa. Los ejemplares menores se alimentaban principalmente de ratas, pero al alcanzar un tamaño de 3 a 4 m cambiaban su dieta a puerco espines, monos, cerdos salvajes, pangolines, pequeños venados y otros mamíferos. Las mayores presas eran cerdos salvajes de cerca de 50 kg.

El primer informe confiable sobre una serpiente que consiguió tragarse a un ser humano parece ser el presentado en 1927 por el biólogo austriaco Felix Kopstein, en el periódico científico “Tropische Natuur”, volumen 16, páginas 65 a 67. En él habla de una serpiente pitón reticulada de 5,2 m de largo que se tragó a un menor de 14 años, en la isla de Salebabu, en Indonesia.

SERPIENTES ACUÁTICAS

La mayor serpiente de Sudamérica es la anaconda verde (nombre científico “Eunectes murinus”), también conocida como anaconda del norte o sucuri. Vive en los pantanos de Venezuela, Colombia, Ecuador, norte de Perú, norte de Bolivia, Brasil y en Trinidad.

Probablemente el mayor especialista en esta especie es el venezolano Jesús Rivas, que en 11 años atrapó más de 900 ejemplares (170 de ellos más de una vez), rastreó con radiotransmisores a más de 38 individuos, recogió más de 100 muestras de su dieta, observó sus hábitos reproductivos en 51 ocasiones y estudió el embarazo y parto de 47 hembras. En la base de datos de su disertación de doctorado ante la Universidad de Tennessee figura una anaconda verde de 97,5 kg.

En 1999 describió en el periódico científico “Herpetological Natural History” un ataque de una anaconda verde, en su medio natural, a una mujer adulta de 1,56 m de altura y 55 kg, afortunadamente sin éxito.

EL PRIMER CASO DOCUMENTADO DE INGESTION DE UN HOMBRE ADULTO

El domingo 26 de marzo de 2017, un hombre de 25 años llamado Akbar fue a recoger aceite de palma de una zona deforestada en la aldea de Salubiro, en el distrito de Korossa, Sulawesi Occidental, Indonesia. No regresó. Al día siguiente un grupo de personas fue a buscarlo y en su lugar encontró a una "Python reticulatus" de 7 m de largo con el vientre hinchado. Horrorosamente, pudieron percibir el contorno de un par de botas a travez de la piel. Mataron a la enorme serpiente, y con los espectadores grabando en video con cámaras de teléfonos celulares, los rescatistas procedieron a cortar el vientre. Y ahi estaba Akbar, intacto, con sus ropas puestas, muerto. Una autoridad local confirmó la veracidad de la ocurrencia. Este es el primer caso documentado innegable de un adulto capaz, tragado por una serpiente.

Para que una serpiente pueda tragar a un hombre adulto la dificultad principal parece ser los hombros, pues son muy anchos incluso para la boca expansible del animal salvaje. Pero en el caso de Akbar, sucedió. Así que los monstruos existen, después de todo.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 5 de marzo de 2007. Fotografía: La pitón reticulada (“Python reticulatus”), cuyo nombre proviene del complejo entrecruzamiento de sus manchas. Crédito de la fotografía: Maria Lunkova, 9 de setiembre de 2004 (licencia original, de la fotografía únicamente, obtenida en: http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.es). Con permiso de Maria Lunkova.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.