* Tres interpretaciones para la serpiente "mbói jagua"

Mapas para ilustrar un artículo sobre las exploraciones y relevamientos de frontera en Bolivia, por el Mayor (después Coronel) Percy Harrison Fawcett, Royal Army (retirado). En la esquina inferior derecha está la ciudad de Corumba, Brasil, sobre el río Paraguay. En la parte superior izquierda están los ríos Acre y Abunã. Esta última área se encuentra ampliada en el recuadro de abajo: "Tigor" sería el Arroyo El Tigre y el "Río Negro" sería el Arroyo Preto, y a la derecha de éstos, sobre el Río Abunã, estaría el lugar donde Percy Fawcett supuestamente encontró a una anaconda de increíbles 19 metros de largo. Crédito: The Geographical Journal, 1910. Publicado por la Royal Geographical Society, Londres, Reino Unido. El artículo original que acompaña a los mapas es "Exploraciones en Bolivia", por el Mayor [después Coronel] Percy Harrison Fawcett, Royal Army (retirado), The Geographical Journal, Volumen 35, Número 5, Mayo de 1910

SABER POPULAR, EXAGERACIONES Y MITOS: TRES INTERPRETACIONES PARA LA SERPIENTE "MBÓI JAGUA"

* A three-fold interpretation of the "mbói jagua" snake

* Três interpretações para a serpente "mbói jagua"

Aparentemente no existe consenso en cómo debe ser aplicado el término paraguayo “mbói jagua”, si para un animal real o un animal mitológico. Sin embargo, hay que entender que para los indios guaraníes la frontera entre lo real y lo imaginario probablemente era muy difusa. A esto se podría haber sumado un intercambio cultural con otras tribus, del Brasil, que habría que tener en cuenta.

Una serpiente no reconoce las fronteras políticas entre los países. Tampoco reconoce las diferencias culturales entre las diferentes gentes que la han observado o estudiado. Es siempre el mismo animal sólo que observado a través de cristales diferentes. Entonces no resulta sorprendente que diferentes personas acaben describiéndola de manera diferente.

LA VERSIÓN COTIDIANA

El "Diccionario Castellano-Guaraní, Guaraní-Castellano" del padre Antonio Guasch y padre Diego Ortiz, edición de 1996 (Centro de Estudios Paraguayos "Antonio Guasch", Asunción, reimpresión de 2008) dice que la "mbói jagua", cuya traducción literal sería "culebra perro", es una boa. El "Diccionario Guaraní-Español, Español-Guaraní" de Natalia Krivoshein de Canese y Feliciano Acosta Alcaraz (Instituto Superior de Lenguas, Universidad Nacional de Asunción, Asunción, 2000) declara que es una serpiente constrictora, específicamente una boa gigante. El "Nuevo Gran Diccionario Castellano-Guaraní" de Antonio Ortiz Mayans (Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1980, y Editoriales Unidas del Paraguay, Asunción, 1990) determina que es una constrictora pero de la familia de las víboras (?), lo que literalmente implicaría que sería venenosa. La "Enciclopedia Guaraní-Castellano de Ciencias Naturales y Conocimientos Paraguayos", del doctor Carlos Gatti, edición de 1985 (Arte Nuevo Editores, Asunción), tiene la definición más detallada y a mi juicio la más llamativa, diciendo que es la “Eunectes murinus", pero dice que también se aplica a la "Eunectes notaeus". A continuación hace una descripción muy buena de las características físicas y hábitos de estas dos "Eunectes", pero pasa por alto el hecho de que la "notaeus" (anaconda amarilla) es más pequeña que la "murinus" (anaconda verde). La primera habita en las cuencas de los ríos Paraguay, Amazonas y Orinoco. La segunda es una especie relacionada a la anterior y muy similar a la misma, pero que habita solamente en la cuenca del río Paraguay. 

Otra referencia, que un lector gentilmente me hizo llegar, es la presentada por Mariano Antonio Molas, en su “Descripción histórica de la antigua Provincia del Paraguay”, anotada por Ángel Carranza (publicada póstumamente en "La Revista de Buenos Aires", Volúmenes 9 al 15, Imprenta de Mayo, Buenos Aires, 1866-1868. También por Ediciones Nizza, Asunción, 1957). Al hablar de las serpientes dice que “La más grande y particular, es la que en guaraní llaman Mboi-yaguá, por la semejanza de la cabeza a la del perro; disforme de grueso, y de largo de siete a catorce varas [6,25 m a 12,5 m]”. Sobre su población dice que “Ella no es abundante y se cría en el territorio de Icuamandiyú, Curuguatí y Concepción; y en los ríos Jejuí, Aguai, Apa y otros arroyos.”

Por otro lado, algunos funcionarios del Museo de Historia Natural e Indigenista y Herbario, de la Ciudad de Asunción, opinan que lo de "jagua" en el nombre tendría su origen en nada más que la similitud de las manchas de estas serpientes con las manchas del jaguarete ("Panthera onca").

LA VERSIÓN MITOLÓGICA

El "Gran Diccionario Guaraní-Español, Español-Guaraní" de Olga Troxler Vda. de Maldonado (Pegasus, Asunción, 2004) tiene una definición opuesta pero no por eso menos correcta: dice que la gente creía que su cabeza era como la de un perro, e inclusive que podía ladrar, asustando a sus perseguidores y haciéndolos huir. Es una anaconda gigante que podría tragar a su presa en una sola pieza y digerirla por un extenso período de tiempo, desechando los huesos después de esto. Es una víbora (palabra que implicaría que sería venenosa) que come seres humanos y otros animales. Aclara que se trata de la versión guaraní de la serpiente emplumada de los mayas. Este diccionario también es el que da la definición más correcta para la "kuriju": en cuanto los otros suelen definirla simplemente como boa, éste muestra en una ilustración que el término se puede usar para boas [en Paraguay, la constrictora] o anacondas [en Paraguay, la amarilla].

La diferente definición para "mbói jagua" que da este diccionario tiene el apoyo del texto de León Cadogan que aparece en el libro “Paraguay: ecological essays”, editado por Richard Gorham (Academy of Arts and Sciences of The Americas, Miami, 1973). En el capítulo 9, titulado “Algunas plantas y animales en la mitología guaraní y guayakí”, Cadogan dice que cada especie de animal terrenal tiene un prototipo monstruoso, también hecho de carne y hueso, viviendo en la parte más densa del bosque y en la más remota montaña. Cada monstruo es llamado por el nombre de la especie de la cual es prototipo, seguido por el postfijo "jagua", una palabra que era aplicada a animales comunes como el jaguarete y el perro y que significa "el que ruge". Este autor explica que una profunda creencia de estas etnias acerca de la Naturaleza es que los animales reales tienen contrapartes eternas, esto es, todos ellos son manifestaciones de carne y hueso de seres espirituales. Esta definición tiene un eco en la tradición judeo-cristiana de que los seres humanos fueron hechos a imagen y semejanza de Dios, aunque imperfectos. Cadogan lista varios ejemplos, y explica que esta cosmovisión tenía amplia aceptación entre los indígenas, dando como ejemplos folklóricos a la "Mbói-jagua" (serpiente acuática monstruosa) y al "Teju-jagua" (iguana monstruosa, o algún tipo de dragón).

Otro autor que concuerda con esta definición es Eloy Fariña Núñez (1885-1929), escritor del libro “Mitos guaraníes” (Talleres Gráficos Mariano Pastor, Buenos Aires, 1926). Hablando de la mítica ciudad escondida de “El dorado” dice: “La imaginación se pierde en conjeturas cuando intenta descorrer el velo tendido sobre ‘Mba'e vera guasu’ [la cosa que brilla grandemente] ¿Se descifrará algún día el misterio de esta invisible y radiante ciudad guaraní? Posiblemente, aunque es de temer que permanezca escondida en lontananza en la obscura e impenetrable selva de la tradición, la leyenda y el mito, de donde salieron el ululante ‘Mboi jagua’, el gárrulo ‘Mboi loro’ y el monstruoso ‘Moñái’.”

UNA VERSIÓN ESPECULATIVA

Como especular es gratis, me gustaría notar que en el Brasil a la anaconda verde se le dice "sucuri" y se habla de una versión monstruosa llamada "sucurujú" o "sucuriju". Habrá que esperar el auxilio de los lingüistas para poder saber si existe o no una relación entre los vocablos "sucuriju" y "kuriju". Mezclando aún más las cosas, ¿existe algún paralelo entre lo que decía el Dr. Gatti, de que las dos "Eunectes" citadas son tan similares que a ambas se las puede llamar "mbói jagua" (aunque en la experiencia del Dr. Norman Scott, la comunidad científica paraguaya y todos los campesinos con que él ha hablado claramente distinguen entre la "kuriju" (Eunectes notaeus") de los hábitats del oeste del Chaco húmedo y la más grande "mbói jagua" ("Eunectes murinus") ahora raramente encontrada en algunos de los grandes tributarios del Río Paraguay (Aquidabán, Jejuí Guazú, etc.). Sus territorios pueden superponerse ligeramente en el oeste del Departamento de San Pedro, pero no hay registros definitivos documentando esto. Comunicación personal, 21 de enero de 2013), con la casi coincidencia entre los vocablos "sucuriju" ("Eunectes murinus" “monstruosa”) y "kuriju" ("Eunectes notaeus")? ¿No estarían intentando hablar paraguayos y brasileros de básicamente una única gran serpiente sólo que con diferentes grados de monstruosidad? Las siguientes anécdotas talvez podrían ser la zona gris a medio camino entre la "Mbói jagua" de la mitología y la "mbói jagua" del mundo real:

En 1906, el explorador Percy H. Fawcett, oficial del Royal Engineers británico, fue comisionado por la Royal Geographical Society para mapear los ríos Abunã y Acre, en la frontera entre Bolivia y Brasil. En sus memorias de esas expediciones (publicadas póstumamente en "Exploración Fawcett", editado y decorado por su hijo Brian Fawcett, Hutchinson, Londres, 1953) registró el siguiente incidente: “Estábamos a la deriva tranquilamente en una corriente perezosa no lejos por debajo de la confluencia de Tigor y el Río Negro cuando de casi debajo de la proa del igarit'e [bote] apareció una cabeza triangular y varios metros de cuerpo ondulante. Era una anaconda gigante. Salté por mi rifle en cuanto la criatura comenzó a subir por la ribera, y casi sin apuntar, le metí una bala de punta blanda de calibre .44 en su espinazo, diez pies [3 m] por debajo de la diabólica cabeza. Al instante hubo una conmoción de espuma, y varios golpes pesados contra la quilla del bote, sacudiéndonos como si hubiéramos chocado contra un tronco."

"Nos bajamos a la orilla y nos aproximamos a la criatura con precaución. Tanto cuanto fue posible medirla, un largo de 45 pies [14 m] descansaban fuera del agua y 17 pies [5 m] descansaban en el agua, dando un total de 62 pies [19 m]. Su cuerpo no era muy grueso, no más de 12 pulgadas [30 cm] de diámetro, pero probablemente había estado sin comida por mucho tiempo.”

Más abajo remata: “La Comisión Brasilera de Frontera me contó de una, matada en el Río Paraguay, ¡que excedía los ochenta pies [24 m] de longitud!”

Algot Lange narró en su libro “En la jungla del Amazonas: aventuras en las partes remotas del río Amazonas superior, incluyendo jornadas entre indios caníbales” que había matado a una anaconda gigante, “sucurujú” según los indios, con su pistola automática Luger de 9 mm y luego la desolló. Habla Lange: “‘Hombres,’ dije, ‘aquí estoy yo en este 29 de julio de 1910, parado frente a la piel de una serpiente cuyo tamaño es maravilloso. Cuando yo regrese a mi gente en los Estados Unidos de América, y les cuente que he visto y matado una Boa constrictor [en realidad, Eunectes murinus] de casi dieciocho metros de longitud, se van a reír y me van a llamar un hombre con lengua mala’”. Más abajo ofrece una pista sobre el paradero de su supuesta prueba: “Trajimos la piel al cuartel general, donde la preparé con jabón de arsénico y la coloqué en una caja para su posterior envío a New York”.

A pesar de muy detallados, estos relatos de anacondas gigantes siguen sin ser aceptados por la comunidad científica. Una última anécdota sirve para ilustrar muy bien las razones: en los primeros años del siglo pasado el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt, ávido naturalista, donó a su amigo William Hornaday, director del Zoológico del Bronx, en la ciudad de New York, la suma de US$1,000 para que la ofrezca a la primera persona que les consiga una serpiente (viva y con buena salud, con todos los permisos y papeles necesarios) de longitud superior a 9 metros. El pozo ahora está en US$50,000 pero sigue sin tener ganador.

Si el hombre blanco puede imaginar tales bestias con seguridad los indios también podían. Así, de a poquito, la realidad se habría distorsionado en mito y luego este mito habría comenzado a distorsionar la realidad.

A. L.

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Publicado originalmente en ABC Color, el 20 de enero de 2008. Fotografía: Mapas para ilustrar un artículo sobre las exploraciones y relevamientos de frontera en Bolivia, por el Mayor (después Coronel) Percy Harrison Fawcett, Royal Army (retirado). En la esquina inferior derecha está la ciudad de Corumba, Brasil, sobre el río Paraguay. En la parte superior izquierda están los ríos Acre y Abunã. Esta última área se encuentra ampliada en el recuadro de abajo: "Tigor" sería el Arroyo El Tigre y el "Río Negro" sería el Arroyo Preto, y a la derecha de éstos, sobre el Río Abunã, estaría el lugar donde Percy Fawcett supuestamente encontró a una anaconda de increíbles 19 metros de largo. Crédito: The Geographical Journal, 1910. Publicado por la Royal Geographical Society, Londres, Reino Unido. El artículo original que acompaña a los mapas es "Exploraciones en Bolivia", por el Mayor [después Coronel] Percy Harrison Fawcett, Royal Army (retirado), The Geographical Journal, Volumen 35, Número 5, Mayo de 1910, de la página 513 a la página 532. Archivo de imagen digital de la Universidad Gallaudet, vía Emmanouil Lalaios / The Great Web of Percy Harrison Fawcett, http://www.phfawcettsweb.org. Mapas reproducidos aquí con permiso de John Wiley & Sons, Ltd.

Durante varios siglos, comenzando con el Tratado de Tordesillas en el siglo XV, España y Portugal intentaron poner los límites de sus posesiones en América. Varias veces los tratados fueron rotos y varias veces se firmaron nuevos tratados de paz, y se reanudaron las negociaciones para nuevos y nuevos límites. El último tratado fue el Tratado de San Ildefonso, a fines del Siglo XVIII, firmado en la península ibérica pero con la salvedad de que debían reconocerse las tierras “in situ” para confeccionar los mapas definitivos.  Para eso fueron mandados Félix de Azara y colaboradores hasta el corazón de Sudamérica. Azara fue uno de los grandes científicos de la historia: por ejemplo, él ha sido honrado nada menos que con su nombre en la Luna: una cordillera llamada el Dorsum Azara. También, varios animales y plantas descubiertos por él en tierras sudamericanas llevan su nombre.  Hoy en día los mapas se confeccionan con fotografías aéreas o satelitales, pero en aquella época la única manera de hacerlo era llegar hasta cada rincón a lomo de caballo, en canoa e inclusive a pie, y tomar su latitud y su longitud, con instrumentos precarios pero con mucha inteligencia e ingeniosidad. Es así que los cartógrafos eran verdaderos aventureros. Por eso, por ejemplo, Azara pudo describir muchos animales y plantas desconocidos hasta ese momento, y por supuesto, nuevos ríos, cerros y cataratas. Como detalle importante, Azara y sus compañeros fueron unos de los primeros europeos en llegar a los Saltos del Guairá, la catarata más caudalosa del mundo.  El libro no se centra sólo en las expediciones a las fronteras del Paraguay, sino que también a las del norte de Argentina, el norte de Uruguay, por supuesto de Brasil, y en menor medida, la frontera con Bolivia. Es muy notable que Azara, cuando ya había recorrido todos los rincones, midiendo distancias, superficies, puntos de referencia, etc., trata de convencer al Virrey, y por medio de éste al Rey de España, de revisar una vez más el Tratado con la Corte de Portugal, puesto que había varios asuntos que en el Tratado no habían sido tomados en cuenta, por ejemplo, ríos de los que se tenían vagas noticias en la península ibérica pero que “in situ” se descubre que o bien no existían o que estaban en lugares muy diferentes de lo que decía el Tratado. Advertía Azara, con mucha preocupación y hasta digamos que clarividencia, de que si estos "impasses" no se solucionaban de una vez por todas se tendrían consecuencias nefastas en el futuro.  Y en efecto, la Guerra de la Triple Alianza e inclusive la Guerra del Chaco tuvieron, como algunos de sus motivos, las cuestiones de límites.  Como se hablaba de cuestión de límites, en muchas partes del libro se citan antecedentes, como por ejemplo las exploraciones realizadas por los jesuitas y la fundación de sus reducciones, las primeras expediciones españolas en busca del Potosí, y, como los límites finales sólo fueron resueltos en la época independiente, aparecen algunos detalles de los tratados de límites después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los límites después de la Guerra del Chaco, e inclusive detalles del Tratado de Itaipú de cómo quedarían las fronteras después de la creación del embalse.  A pesar de las numerosas explicaciones técnicas que se van dando a través de las páginas, se intenta mantener ese sabor de aventura, porque eso fue realmente lo que hiceron Azara y sus compañeros: una gran odisea por tierras desconocidas.  Este libro no sólo va a interesar a personas que gustan de la historia de Paraguay, sino tambén la de España, de Portugal, de Argentina, de Uruguay, de Brasil y un poquito de Bolivia. Y por supuesto, por el carácter científico de las expediciones, también interesará a personas que gustan de la Astronomía, la Topografía, la Geografía y la Cartografía. En todos los casos, las explicaciones se dan de la manera más accesible posible, apta para todo público.