Continúa el misterio de la estrella de Belén

¿UN MITO O REALIDAD ASTRONÓMICA?: CONTINÚA EL MISTERIO DE LA ESTRELLA DE BELÉN

* The mystery of the star of Bethlehem continues


En la época de fin de año, muchos observatorios astronómicos alrededor del mundo suelen presentar charlas especiales de Navidad. Pero a pesar de los registros históricos y de sofisticados programas de computación que recrean el cielo de hace dos mil años, aún no se ha llegado a un consenso sobre qué representa ese objeto que colocamos en los pesebres.


Parte del problema es que el único documento que tenemos sobre la estrella de Belén es el Evangelio de Mateo, capítulo 2, versículos 1 al 16. Para comenzar el análisis, sería bueno desmenuzar de manera exhaustiva y detallada dicho texto (Ref. 1):


“[2:1] Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén [2:2] diciendo '¿Dónde está el que es nacido rey de los Judíos? Porque vimos su estrella cuando ésta salió y hemos venido a adorarle.' [2:3] Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. [2:4] Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. [2:5] 'En Belén de Judea', le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:


"[2:6] 'Y tú, Belén, tierra de Judá,'


'ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá,'


'porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel' "


“[2:7] Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, [2:8] los envió a Belén, diciéndoles: 'Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje'. [2:9] Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. [2:10] Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, [2:11] y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. [2:12] Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.”


"[2:13] Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: 'Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo'. [2:14] José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. [2:15] Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: 'Desde Egipto llamé a mi hijo'."


“[2:16] Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado”.


En el versículo 2, para la expresión “cuando ésta salió”, muchas versiones de la biblia traducen que los magos vieron la estrella “en el Oriente”, es decir, hacia el este, lo que crea un problema, porque si los magos eran “de Oriente”, como dice en el versículo 1, difícilmente podrían llegar a Belén, que queda hacia al otro lado, hacia el oeste. La solución es que los griegos (en cuyo idioma fue escrito este Evangelio) tenían una sutil distinción entre “el surgir de algo en el cielo” y las tierras de “el surgir del sol en el cielo”, así como hoy decimos que Japón es “la tierra del sol naciente”, y no necesariamente significa que los japoneses no miran también hacia el oeste. (Ref. 2).


La cita del versículo 6 es del Libro del Profeta Miqueas, capítulo 5, versículo 1: “Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial.”


La versión de la Biblia Hebrea traducida al griego, la Septuaginta (Ref. 3), fue muy usada para las citas del Antiguo Testamento en la confección del Nuevo Testamento. En este pasaje la Septuaginta dice:

" 'Y tú, Oh Belén, casa de Efrata, eres tan poca en número para estar entre los miles de Judas;' "

" 'uno de ti se presentará por mí para convertirse en un soberano en Israel,' "

" ' y sus avanzadas son de antiguo, de antaño.' "

Judas sería Judá.


La cita del versículo 15 es del Libro del Profeta Oseas, capítulo 11, versículo 1 (Ref. 1):


“ 'Cuando Israel era niño, yo lo amé, '


'y de Egipto llamé a mi hijo. ' ”


La Septuaginta tiene diferencias:


" 'Al amanecer ellos fueron arrojados fuera; ' "


'el rey de Israel fue arrojado fuera. ' "


" 'Porque Israel era un bebé, y yo lo amé,'


'y para fuera de Egipto yo llamé de vuelta a sus hijos. ' "


Es sabido que en esa época muchos judíos estaban esperando que se cumpla la profecía de la llegada de un Mesías. Inclusive en el Libro de los Números, capítulo 24, versículo 17, el cuarto oráculo de Balaam hijo de Beor habla de un astro que debe levantarse anunciando esta llegada (Ref. 1):


“ 'Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca:' ”


'una estrella se alza desde Jacob,'


'un cetro surge de Israel:'


'golpea las sienes de Moab'


'y el cráneo de todos los hijos de Set.' “


Moab y Set serían lugares geográficos. La Septuaginta dice:


" 'Yo le apuntaré, y no ahora;'


'le considero feliz, pero no está a mano.' "


" 'Una estrella alboreará saliendo de Jacob,' "


'y una persona se levantará saliendo de Israel,'


'y él aplastará a los jefes de Moab,'


'y saqueará a todos los hijos de Set.' "


Se sabe muy poco sobre Melchor, Gaspar y Baltasar, los tres reyes magos, (en griego, "magos", extranjerismo del persa "magus"), porque aunque Mateo escribe que eran de Oriente no cuenta sus nombres, no dice que eran tres, ni tampoco que eran reyes. El término “magus” se refiere a un título ocupacional de la casta de sacerdotes de una rama del Zoroastrismo conocida como Zurvanismo, activa en Irán e Irak antiguos. Como parte de su religión, estos sacerdotes prestaban particular atención a las estrellas, y ganaron una reputación internacional como astrólogos. Es muy probable que hayan tenido conocimiento de las tradiciones judías debido a que este pueblo había estado cautivo en Babilonia (80 km al sur de Bagdad) varios siglos antes. Inclusive, en este último contexto el profeta hebreo Daniel acabó convirtiéndose en consejero de su rey Nabucodonosor II, el Grande, quien gobernó entre el 605 B.C.E. y el 562 B.C.E.. Una famosa (y debatida) profecía del Libro de Daniel es la del capítulo 9, donde el Arcángel Gabriel le habla de la llegada de un ungido en setenta semanas. Leamos sólo el versículo 24 (Ref. 1):


" 'Setenta semanas han sido fijadas' “


“ 'sobre tu pueblo y tu Ciudad santa,' “


“ 'para poner fin a la transgresión,' “


“ 'para sellar el pecado,' “


“ 'para expiar la iniquidad,' “


“ 'para instaurar la justicia eterna,' ‘


“ 'para sellar la visión y al profeta,' “


“ 'y para ungir el Santo de los santos.' ”


El Libro de Daniel de la Septuaginta tiene dos tradiciones, la del Griego Antiguo, completada antes del 132 B.C.E. en Alejandría, Egipto, y la de Teodoción (? - ca. 200 C.E.) escrita ca. 150 C.E., probablemente en la ciudad greco-romana de Éfeso, localizada en la actual Turquía. Esta última versión fue utilizada en 382 C.E. por Jerónimo (Eusebio Jerónimo de Estridón, San Jerónimo para los cristianos) para compilar la Biblia Vulgata Latina, es decir, la Biblia original del Vaticano. Ambas versiones tienen diferencias con el Texto Masorético Hebreo de las Biblias protestantes, por lo que sería interesante citarlas (Ref. 3):


Griego Antiguo: "[9:24] 'Setenta semanas han sido decididas para tu pueblo y para la ciudad, Sión: para que el pecado sea consumado y para hacer las iniquidades escasas y para desecar la mancha de las iniquidades y para comprender la visión y para que sea dada rectitud perdurable y para que la visión sea consumada y para alegrar un santo de santos. ' "


Teodoción: "[9:24] 'Setenta semanas han sido recortadas para tu pueblo y para la ciudad santa: para que el pecado sea consumado y para sellar pecados y para expiar por iniquidades y para traer rectitud perdurable y para sellar visión y profeta y para ungir un santo de santos.' "


La versión disponible para el evangelista fue posiblemente la versión del medio, la del Griego Antiguo. Sin embargo, esta es precisamente la versión que no es reproducida ni por la Biblia Católica ni por la Biblia Hebrea (esta última usada a su vez por la Biblia Protestante).


Sobre la práctica de ungir, en el Libro del Éxodo, capítulo 30, versículos 22-33, se explica cómo deben ser ungidos los sacerdotes de los Israelitas con un líquido perfumado a base de aceite de oliva. En hebreo "ungido" se dice “mshchth” (Ref. 4), de donde deriva la palabra mesías, traducida al griego como “Khristós” (Ref. 5); (Ref. 6).


Volviendo a Daniel capítulo 9, versículo 24, donde dice: “Setenta semanas han sido fijadas”, el texto hebreo dice simplemente “sietes setenta”, sin especificar si son días, semanas o años (Ref. 1). En Levítico capítulo 25, el versículo 8 dice (Ref. 1): “Deberás contar siete semanas de años, siete veces siete años, de manera que el período de las siete semanas de años sume un total de cuarenta y nueve años.” En hebreo, este versículo literalmente dice: “deberás enumerar para ti siete Sabbaths de días siete años siete años siete veces y serán para ti días de siete Sabbaths de años nueve y cuarenta años” (Ref. 4). Si la intención del Arcángel Gabriel es que Daniel multiplique setenta veces siete Sabbaths de años, la cuenta da 490 años. Dependiendo de qué tan literalmente se tome la fecha de la confección del Libro de Daniel, esto significaría un período entre el final de los tiempos de Nabucodonosor II hasta las proximidades de la época de Herodes el Grande.


Una nota sobre las complejas profecías que supuestamente se cumplen: es mucho más fácil analizar estas cosas a través del claro espejo retrovisor del tiempo que por su nublado parabrisas. Es así que TODAS las profecías necesariamente se analizan a posteriori.


INCERTEZA SOBRE LA FECHA DE NACIMIENTO DE JESÚS DE NAZARETH


Lo que nos recuerda otro problema: aunque podemos calcular matemáticamente la fecha de muchos fenómenos astronómicos, no tenemos la fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazareth. Titus Flavius Josephus, en su estupendo "Antigüedades de los Judíos", da las fechas exactas de la asunción de Herodes el Grande al trono y la de su muerte: fue nombrado rey por Roma (con fiesta organizada nada menos que por Marco Antonio de por medio) durante la 184va. Olimpiada (ciclo de 4 años) cuando Caius Asinius Pollio era cónsul por primera vez y Caius Domitius Calvinus era cónsul por segunda vez (Ref. 7), lo que ocurrió en el año 40 B.C.E.. Murió luego de un reinado de 37 años desde que fue declarado rey por los romanos, y 34 desde que efectivamente tomó el trono al mandar a ejecución a Antigonus II Matthatias, el último rey Hasmoneo de Judea (Ref. 8). Esto es, en contaje inclusivo, la muerte de Herodes el Grande ocurrió en el año 4 B.C.E..


Podemos confirmar esta fecha de muerte del rey con otros datos:


Se sabe que Herodes el Grande murió cerca de la Pascua, después de un eclipse lunar ocurrido en la misma noche de una de sus incontables ejecuciones (Ref. 9). Ésta es la única referencia a un eclipse de cualquier tipo en los 20 volúmenes de las "Antigüedades" de Josefo, por lo que debe haber sido bastante notable. Una de las características que distingue un eclipse total de uno parcial es que la Luna adquiere un color rojizo, lo que para los antiguos parecía sangre. Con la Astronomía moderna se sabe que hubo siete eclipses lunares totales visibles desde Jerusalén en el lapso de tiempo de la década anterior a la década posterior al comienzo de nuestra Era Común, es decir, un período de 20 años. De estos siete eclipses, tres comenzaron después de la medianoche, presumiblemente con pocos observadores; uno fue después de la Pascua y dos estaban demasiado cerca de la Pascua atendiendo al hecho de que muchos eventos registrados que requieren tal vez de meses necesitan encajar, y uno estaba a muchos meses de distancia (junio del año anterior). Entonces nos queda un primer emparejamiento del eclipse del 28 de noviembre del 7 B.C.E. y la Pascua del 1 de abril del 6 B.C.E.; un segundo emparejamiento del eclipse del 15 de septiembre del 5 B.C.E. y la Pascua del 10 de abril del 4 B.C.E.; y un tercer emparejamiento del eclipse del 29 de octubre del 3 C.E. y la Pascua del 23 de marzo del año 4 C.E.. Entonces, según el registro de Josefo y los cálculos astronómicos (Ref. 10), las opciones se reducen a las siguientes: Herodes el Grande murió en el año 6 B.C.E., ó en el año 4 B.C.E., ó en el año 4 C.E..


Además, sabemos que uno de los tetrarcas que heredó (o tomó) una parte del reino de Herodes el Grande gobernó durante 37 años hasta que el gobierno del emperador romano Tiberio César cumplió 19 años (es decir, después de que ya haya comenzado el vigésimo año [Ref. 11]). Como el primer año de Tiberio como emperador fue 14 C.E., la fecha de muerte del mencionado tetrarca (Felipe) sería 33 C.E.. A esta última fecha debemos restar los 37 años de su régimen y vemos que sucedió a Herodes el Grande en el 4 B.C.E..


Así que según Mateo el Evangelista, Jesús de Nazareth nació a más tardar en el 6 B.C.E..


Pero Lucas el Evangelista nos describe que la Natividad habría ocurrido (sin acordarse de los reyes magos ni de la estrella) durante un censo de César Augusto (el emperador romano Octaviano) realizado “cuando Quirino gobernaba la Siria.” (Lucas 2:1-2; Ref. 1). Josefo confirma de manera independiente el censo (Ref. 12) y dice que fue terminado en el año 37 de la victoria de Octaviano sobre Marco Antonio en la Batalla de Aktion (Ref. 13). Ésta ocurrió en el año 31 B.C.E. (Ref. 14), por lo que la fecha referida sería 6 C.E..


En el Libro de los Hechos de los Apóstoles, que narra lo sucedido después de la muerte de Jesús, décadas después, el censo se menciona nuevamente e inequívocamente en forma singular (5:37; Ref.1). El narrador, tradicionalmente Lucas, agrega que el censo había provocado una revuelta, mal sucedida. Josefo confirma la revuelta y explica que fue porque muchos de los judíos lo consideraron “una introducción a la esclavitud” (Ref. 15). Con la narración en singular se concluye que éste fue el único censo realizado en la época de todo lo narrado en los Evangelios.


Pero hay algo más grave: Lucas no sólo contradice a Mateo sino que llega al colmo de contradecirse a sí mismo ya en sus dos primeros capítulos, puesto que en su capítulo 1 narra que “[1:5a; Ref. 1] En tiempos de Herodes, rey de Judea” Jesús ya estaba en el vientre de María (1:42; Ref. 1). Herodes el Grande fue el único que llevó el título de rey de Judea en los Evangelios porque su sucesor, nombrado en la última revisión de su testamento, fue Herodes Arquelao quien no fue bendecido por César Augusto con el mentado título de rey, sino que fue designado etnarca (Ref. 16). A la muerte de Herodes el Grande, el otro evangelista, Mateo, narra el regreso de José, María y Jesús de Egipto a la ex-tierra de los Canaanitas “[Mateo 2:20b; Ref. 1] porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño.”, pero no van a Judea sino a Galilea, porque cuando José, “[Mateo 2:22, Ref.1] al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,”. Arquelao fue un bárbaro administrador de conflictos internos y en consecuencia César Augusto le quitó el cargo y le exilió en el décimo año del gobierno de aquél (Ref. 17), es decir, 10 años a partir del 4 B.C.E., lo que da 6 C.E.. Los territorios de Arquelao fueron anexados a Siria. Publius Sulpicius Quirinius, Quirino, fue enviado ahí para, aparte de tomar la Casa de Arquelao, trabajar en el censo (Ref. 18). Lucas dice que este fue “[Lucas 2:1b-2; Ref. 1] (…) un censo en todo el mundo. Este primer censo (…)” y solo ahí María da a luz, en la versión del capítulo 2 del Evangelio de Lucas. El Evangelista salta toda una década entera en el tiempo en algo que debió durar nueve meses: el embarazo de María de Nazareth. La filosofía natural nos conduce pues a que esta parte del Evangelio de Lucas fue compuesta “tocando a cuatro manos”... como viene sucediendo en la Biblia desde el Génesis.


Hay otra fecha más que da Lucas pero es muy vaga: en el capítulo 3 se habla de los comienzos del ministerio de Juan el Bautista: "[Lucas 3:1; Ref.1] En el año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes [Antipas, hijo de El Grande y esposo de Herodías, la esposa bígama de Herodes Felipe I] tetrarca de Galilea, su hermano [Herodes] Felipe [II, esposo de Salomé hija de Herodías] tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, [3:2] bajo el pontificado de Anás y [su yerno José, hijo de o llamado] Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de [el sacerdote] Zacarías, que estaba en el desierto.”


El mismo capítulo habla de cómo Jesús de Nazareth se convirtió en seguidor (más tarde, sucesor) de su pariente: "[3:23a; Ref. 1] Cuando comenzó su ministerio, Jesús tenía unos treinta años". El decimoquinto año del imperio de Tiberio César fue el 28 C.E. y la dinastía sacerdotal de Anás y Caifás se extendió hasta 36 C.E. (Ref. 19). Por tanto Jesús tenía “unos 30 años” entre el 28 C.E. y 36 C.E., puesto que fue bautizado por Juan el Bautista y fue juzgado por Caifás.


Si nos dejamos guiar por Mateo el Evangelista, Jesús de Nazareth tendría 34 años en el 28 C.E. y 42 años en el 36 C.E., y si nos dejamos guiar por Lucas el Evangelista, Jesús tendría 22 años en el 28 C.E. y 30 en el 36 C.E.. Entonces, según Mateo al comenzar su ministerio Jesús no podría tener menos de 34 años pero según Lucas no podría tener más de 30 años de edad. Esa franja de 30 a 34 no puede ser llenada y ambos evangelios siguen en contradicción el uno con el otro.


Notablemente hay una confirmación independiente de que había un tal Juan, que era llamado el Bautista. Nuevamente es Titus Flavius Josephus, que en su Libro 18, capítulo 5, párrafo 2 de sus “Antigüedades de los Judíos” dice que “era un buen hombre, y ordenó a los judíos a ejercitar la virtud, tanto en lo que se refiere a la rectitud entre sí como a la piedad hacia Dios”. (...) “Ahora, cuando otros vinieron en multitudes a su alrededor, porque estaban muy conmovidos al escuchar sus palabras, Herodes [Antipas], quien temía que la gran influencia que Juan tenía sobre el pueblo pudiera poner en su poder e inclinación levantar una rebelión, (porque parecían dispuestos a hacer cualquier cosa que él pudiera aconsejar), pensó que lo mejor era, haciéndole matar, evitar cualquier daño que pudiera causar” (...) “En consecuencia, fue enviado prisionero, por el temperamento sospechoso de Herodes [Antipas], a Macherus, el castillo que mencioné antes [en la frontera], y allí fue ejecutado.”


Josefo no dice que Juan bautizó a algún pariente llamado Jesús, aunque a la vez tampoco dice el nombre de nadie de entre su multitud de bautizados.


El Evangelio según Juan es sabidamente de carácter teológico y poco histórico, pero contiene la fecha exacta de un evento: en el capítulo 2 se narra un encuentro entre Jesús de Nazareth y autoridades judías en el complejo del Segundo Templo de Jerusalén y éstas dicen que la colosal obra de 14 hectáreas ha estado en construcción por 46 años (Juan 2:20; Ref. 1). Herodes el Grande comenzó la construcción en su décimo octavo año de su reinado, esto es, en el 23 B.C.E. desde que fue proclamado rey por los romanos, ó en el 20 B.C.E. si elegimos la cronología desde que tomó el trono de Antigonus el Hasmoneo, en contaje inclusivo (Ref. 20). Los números nos dicen que el diálogo entre Jesús de Nazareth, quien ya había comenzado su vida pública después de que Juan el Bautista dijo que “doy testimonio de que él es el Hijo de Dios” (Juan 1:34; Ref. 1), y las autoridades se produjo en el 24 C.E., ó a más tardar en el 27 C.E., de acuerdo a qué cronología elijamos. Una vez más, estas últimas fechas son incompatibles con Lucas.


Con estos y otros variados datos, todos infelizmente insuficientes para el cálculo preciso, no es posible más que especular que Jesús de Nazareth habría nacido, como fechas límites, antes de ó en el año 6 B.C.E. y a más tardar en el 6 C.E..


Sobre el día del año, parece ser totalmente arbitrario. Con la introducción del Calendario Juliano solar computacional por Julio César en el 45 B.C.E., mucho más regular que el antiguo Calendario Romano observacional de Rómulo y Numa Pompilio, se hizo mucho más fácil calcular las fechas de las estaciones a lo largo del año. En el 37 B.C.E. Marcus Terentius Varro, combinando el Calendario Juliano solar con otro tipo de calendario, el calendario sideral (con relación a las estrellas nocturnas), fijó por primera vez las estaciones a fechas precisas del año Juliano. Cerca del 64 C.E. Plinio el Viejo le imitó (Ref. 21) e hizo coincidir el medio de cada una de las estaciones con las posiciones aparentes del Sol a lo largo del año, también en combinación con la posición de las estrellas nocturnas, calculando que caían después de 8 grados del comienzo de Aries (i.e. 25 de marzo), 8 grados del comienzo de Cáncer (i.e. 25 de junio), 8 grados del comienzo de Libra (i.e. 25 de setiembre) y 8 grados del comienzo de Capricornio (i.e. 25 de diciembre)... grave error, puesto que Hiparco de Nicea ya había descubierto, en el 128 B.C.E., que las constelaciones se arrastran lentamente de su posición, en relación a la posición aparente del Sol, visto en el mismo día de cada año, y por ende se desincronizan de las estaciones (la llamada precesión de los equinoccios). Esto es, un calendario sideral se atrasa con respecto a un calendario solar, como el Juliano, 1 día cada 70 años 7 meses.


Hipólito de Roma (ca. 170 - ca. 235), mártir y santo (y también el primer antipapa), propuso que la Encarnación (o como usted quiera llamarlo) de Jesús de Nazareth ocurrió en el equinoccio de primavera boreal, el 25 de marzo de Plinio. Por tanto su nacimiento, nueve meses después, cayó el 25 de diciembre (Ref. 22). Pero cuando llegó el Primer Concilio de Nicea en el año 325 el desfasaje sideral ya era de 4 días, es decir, el solsticio caía el 21 y no más el 25.


A su vez, existía un segundo error, puesto que el Calendario Juliano, aunque ya era solar y no sideral, no era tan preciso y se adelantaba 1 día cada 128 años con respecto a la posición aparente del Sol a lo largo del año. Cuando en 1582 Christopher Clavius presentó la manera de reformarlo, el papa Gregorio XIII quiso dejar las cosas como estaban durante el Primer Concilio de Nicea, así que hizo saltar las fechas 10 días. La gente se fue a dormir el jueves 4 de octubre y se despertó el viernes 15 de octubre del nuevo Calendario Gregoriano. Es así pues que los cómputos de los solsticios se mantuvieron como hubieran sido en el año 325 y no como en el 1 B.C.E. ó el 1 C.E.. Esta diferencia de 325 años deja como consecuencia que la tradición de Hipólito siga como en el solsticio computado por Plinio, el día 25 de diciembre.


Otro detalle más para la controversia: Lucas (2:8-20; Ref. 1) narra que los pastores estaban viviendo en los campos montando guardia durante la noche sobre sus rebaños de corderitos, tarea rural que aparentemente se desarrollaba al comienzo de la primavera, no en pleno invierno boreal como diciembre.


Alguien que sí nació verdaderamente el 25 de diciembre fue el ampliamente considerado más grande científico de la Historia, Isaac Newton, en 1642 Calendario Juliano.


¿UN COMETA?


Que la Estrella de Belén fue un cometa es la explicación más popular, y es el objeto que todos tenemos en nuestros pesebres. El cometa más famoso de todos es el cometa Halley, por dos razones muy buenas: es extremadamente brillante (aunque en 1986 pasó demasiado lejos) y tiene un período relativamente corto, 76 años. Es por eso que las primeras sondas interplanetarias que fueron enviadas a un cometa se enviaron al cometa 1P/Halley. Una de ellas, la nave de la Agencia Espacial Europea, fue bautizada con el nombre de Giotto, en homenaje a Giotto di Bondone, un florentino que en 1305 completó una serie de frescos en la Capilla de la Arena, en Padua, Italia, uno de los cuales, “La adoración de los Magos”, retrata a la Estrella de Belén como un cometa, probablemente usando al Halley como modelo, el cual estuvo visible en 1301. Los cálculos modernos (de los que Giotto el artista no sabía nada) indican que el cometa Halley pasó por la Tierra en el 12 B.C.E..


Existen otros cometas que tienen períodos mucho más largos, miles de años, por lo que puede ser que otro cometa desconocido para nosotros haya pasado en esos años. Los Babilonios, los Chinos y los Coreanos tenían registros muy precisos del cielo (Ref. 23). Un candidato es el aparecido en la región del cielo conocida como Capricornio o tal vez en Águila, en los primeros meses del año 5 B.C.E. (Ref. 24). Existen registros coreanos que describen algo similar (Ref. 25), aunque hay una discrepancia de 1 año en la fecha (4 B.C.E.).


Un hecho interesante y que puede ser importante es que los cometas brillantes, al verlos en su alargado viaje pasar por su perihelio, o sea, la distancia mínima a Sol, cambian de lado con respecto a éste. Esto significa que un cometa llegando que primero aparece al amanecer se lo ve hacia el Este. Luego desaparece detrás del deslumbrar del día, por un tiempo de hasta semanas. Finalmente reaparece pero en el atardecer y hacia el otro lado, hacia el Oeste. Tal vez por eso los magos vieron “la estrella” dos veces con cierto intervalo entre una aparición y otra. Tampoco olvidemos que ellos eran originalmente de Oriente y terminaron su jornada hacia el otro lado, en Occidente. En contra de esta hipótesis está que la probable distancia que ellos tuvieron que recorrer demoraría mucho tiempo en relación a este comportamiento.


En la antigüedad (antes de la invención del telescopio astronómico y de los descubrimientos en física orbital de Isaac Newton y Edmund Halley, siglos XVII y XVIII) las apariciones de los cometas no eran predecibles y eran consideradas signos de mal agüero, anunciando desastres (palabra que proviene de "dis": negación, contrariedad, separación; y "astro": estrella, Ref. 26), por lo que es muy poco probable que sea eso lo que los judíos y los magos hayan esperado encontrar en el cielo en relación a un Mesías. Sin embargo, esta aparente contradicción se resuelve si vemos la historia desde las sandalias de Herodes el Grande: el cometa estaría anunciando su propia destrucción personal y no la de otros.


Aunque Herodes el Grande era muy cruel y podría organizar una matanza de niños en cualquier momento, repasemos el versículo 7 del capítulo 2 de Mateo: “Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,” (...). y el versículo 16: “Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado”. Herodes tenía una fecha exacta en mente: dos años antes de la llegada de los Reyes Magos a Jerusalén. No sabemos cuándo realmente éstos llegaron para entrevistarse con Herodes, pero obviamente fue antes de la Pascua del 4 B.C.E., la fecha de su muerte. Si los magos le dijeron que la “estrella” había aparecido dos años antes, no podría haber sido el cometa del 5 B.C.E..

Si queremos buscar en otro lado y relacionar a algún cometa de esos tiempos con el paso del famoso cometa Halley, calculemos que desde el 12 B.C.E. hasta el 28 C.E., la fecha exacta en que su pariente de la misma edad (Lucas 1:13, 26-27, 36, 39-42; Ref. 1) Juan el Bautista comenzó a juntar gente en el río Jordán, tenemos unos cuarenta años para la edad de Jesús de Nazareth y no (Lucas 3:23a; Ref. 1) “unos treinta años”.


Como la precisión de la muerte de Herodes el Grande está atestada por múltiples fuentes, el error habría que buscarlo en el registro de los chinos, aunque estos eran astrónomos de primera línea.

¿UNA SUPERNOVA?


Algunos piensan que el cometa del año 5 B.C.E. ó 4 B.C.E. fue realidad una supernova (Ref. 23), debido a una aparente falta de detalles en las crónicas históricas citadas sobre colas o movimientos propios.


Una supernova es una estrella que explota al final de su vida. Si la estrella está muy distante y no es visible a simple vista, al explotar se hace súbitamente visible apareciendo en el cielo como si fuera una nueva estrella. El fenómeno puede durar varios meses.


Estas “nuevas estrellas” se pueden clasificar de dos maneras: por el aumento de su brillo, o punto de vista observacional, y por las causas de este aumento, o punto de vista astrofísico. Como la Astrofísica es una disciplina moderna, inicialmente todas las “estrellas nuevas” eran llamadas novas, del latín, nueva.


Desde el punto de vista observacional, una nova tiene su brillo aumentado en miles de veces, en cuanto que una supernova, un término adoptado sólo en el siglo XX, tiene su brillo aumentado en millones de veces.


En cuanto al punto de vista astrofísico, el origen de las novas son explosiones en la atmósfera de la estrella, que ocurren cuando ésta está bien próxima de otra estrella compañera de menor gravedad y le roba los gases, hasta que su atmósfera se pone tan densa que explota. Una nova no se destruye al final del evento.


Por otro lado, y siempre desde el punto de vista astrofísico, una supernova tiene su origen en el núcleo de la estrella. Si la estrella es suficientemente grande, cuando su combustible se acaba al llegar al final de su vida, las capas exteriores caen bruscamente sobre el núcleo, con una fuerza violentísima que el interior explota destruyendo a la estrella, en una explosión que puede ser más brillante que toda la luz de su galaxia combinada. El núcleo, si no acaba destruyéndose, queda tan alterado que se convierte en una compactada masa de neutrones, o incluso puede convertirse en un agujero negro.


Una nova puede convertirse en supernova si la estrella “ladrona” roba gases de su compañera a tal punto que la presión en su interior ya no aguanta más y acaba explotando, destruyéndose. También existe la posibilidad de que dos estrellas compañeras se choquen, con igual resultado.


El brillo de un objeto astronómico se define por una escala de magnitudes que funciona como una división en categorías, como en los deportes. Así decimos que un objeto de magnitud 1 es de primera magnitud, o sea, lo más brillante, en cuanto que un objeto de magnitud 6 es de sexta magnitud, o sea, lo menos brillante. Objetos de magnitud +6, u objetos de sexta magnitud, son los que están en el límite de la sensibilidad del ojo humano a simple vista. Objetos de octava (+8), décima (+10), decimonovena (+19), etc. sólo son visibles con telescopios astronómicos.


Desde que fue creada esta escala de magnitudes por el astrónomo Claudio Ptolomeo cerca del año 150 C.E., se descubrió que tenía algunos errores y que las estrellas más brillantes del cielo tenían en realidad más brillo que +1; por ejemplo, Sirius, la estrella más brillante del cielo nocturno, era superior a primera magnitud. Así se establecieron brillos con números negativos, por ejemplo ahora se dice que Sirius en realidad tiene brillo -1,5. Por su parte, el planeta Venus, el tercer objeto astronómico más brillante después del Sol y la Luna, cuando está en su ubicación de brillo ideal alcanza magnitud -5.


Modernamente, la nomenclatura provisoria para novas es “N” seguido del año de su primera aparición. Como son más frecuentes y no se autodestruyen, se les asignará luego un nombre final que incluye la región del cielo donde están. Para las supernovas, la nomenclatura es similar excepto que ya es su nombre final, pues en la práctica la estrella se autodestruye. El prefijo es “SN”, y si hubo alguna más el mismo año, tendrá un sufijo que es una letra de la “A” en adelante. Las primeras en usar los sufijos fueron las supernovas de 1885 y de 1987, aunque al final no tuvieron sucesoras el mismo año.


Debido a que la última supernova detectada a simple vista fue en 1987 y ésta alcanzó una magnitud de +3, sólo listaremos novas de igual o mayor magnitud. La siguiente lista de novas comienza desde después de la invención del telescopio astronómico, en 1609, hasta el año 2010. En todo este período sólo dos novas fueron tan brillantes que pasaron al lado negativo de la escala (Ref. 27).


Novas:


N1670: Magnitud +3.


N1673: Magnitud +3


N1843 : Magnitud -1.


N1848: Magnitud +2.


N1866: Magnitud +2.


N1876: Magnitud +3.


N1898A: Magnitud +2.


N1901A: Magnitud +0.


N1918A: Magnitud -1.


N1920A: Magnitud +2.


N1925A: Magnitud +1.


N1934C: Magnitud +1.


N1936C: Magnitud +2.


N1942B: Magnitud +1.


N1960: Magnitud +3.


N1963B: Magnitud +3.


N1975G: Magnitud +2.


N1999B: Magnitud +3.


La gran cantidad de novas detectadas desde fines del siglo XIX se debe a la introducción de la astrofotografía, que permite comparar grandes porciones del cielo rápidamente.


En cuanto a las supernovas, en toda la Historia sólo diez han sido detectadas en el cielo a simple vista en cualquier magnitud, de las cuales siete han sido de brillo mayor que primera magnitud.


Supernovas:


SN185: Magnitud -4. Fue registrada por los chinos. Estuvo visible por ocho meses. Este es el primer caso de una supernova registrada de la Historia.


SN386: Magnitud +2. Fue registrada por los chinos. Estuvo visible por tres meses. Por su baja luminosidad y corta duración no se descarta que haya sido una nova y no una supernova. Para resolver el problema la distancia es crucial, pero aún no se ha definido ésta.


SN393: Magnitud -1. Fue registrada por los chinos entre febrero y marzo y fue visible hasta octubre o noviembre, unos ocho meses. Si SN386 está confirmada, fue la única observación de dos supernovas separadas por menos de una década.


SN1006: Magnitud -8. Apareció el 30 de abril y fue registrada por los japoneses, chinos, iraníes, iraquíes, yemenitas, egipcios, en Europa continental y en petroglifos de indios de Arizona. Fue la explosión más brillante de toda la Historia. Era visible fácilmente a plena luz del día y a la noche formaba sombras en el suelo detrás de uno.


SN1054: Magnitud -6. Apareció el 4 de julio y fue registrada por 642 días, casi dos años. Durante 23 días estuvo visible a plena luz del día. Fue registrada por los chinos, japoneses, musulmanes y en petroglifos de indios de Nuevo México. Los remanentes de los destrozos formaron la Nebulosa M1, también conocida como Nebulosa del Cangrejo, por su apariencia. Separada en el tiempo con SN1006 por 48 años y por tanto por menos de una generación humana.


SN1181: Magnitud -1. Apareció el 6 de agosto y fue registrada por los chinos y japoneses en ocho diferentes textos. Fue visible en el cielo nocturno por cerca de 185 días.


SN1572: Magnitud -4. Conocida también como la Supernova de Tycho, por el astrónomo danés Tycho Brahe quien la vio por primera vez el 11 de noviembre y la estudió extensamente. Estuvo visible a plena luz del día por 23 días y a la noche por 18 meses.


SN1604: Magnitud -3. Apareció el 9 de octubre. Conocida también como la Supernova de Kepler, por el astrónomo alemán Johannes Kepler quien publicó un famoso libro al respecto. Estuvo visible a plena luz del día por más de 3 semanas y por la noche mantuvo visibilidad a simple vista por 18 meses. Aparte de europeos, fue registrado por árabes, chinos y coreanos. Separada en el tiempo con SN1572 por 34 años y por lo tanto separada por menos de una generación humana.


SN1885A: Magnitud +6. En el límite de la visibilidad del ojo humano y en realidad descubierta por casualidad con telescopio. Despareció de observación a simple vista en apenas tres noches. Fue la primera detectada perteneciente a otra galaxia, M31, o la Gran Galaxia de Andrómeda, vecina a nuestra galaxia la Vía Láctea, aunque en su momento no se sabía de esto.


SN1987A: Magnitud +3. Apareció el 24 de febrero en una galaxia satélite de la Vía Láctea, la Gran Nube de Magallanes. Rápidamente se montó una campaña a gran escala para estudiarla con los mejores telescopios de la Tierra y desde satélites artificiales, con los mejores y más complejos instrumentos científicos de la actualidad. Es la primera cuya estrella progenitora ya estaba catalogada, Sanduleak -69 202, por lo que hubo la oportunidad de hacerse una comparación de antes y después de la explosión. Fue la última a ser observada a simple vista hasta el momento.


A pesar de la posibilidad de coincidir con relato de Mateo, sin embargo, como cualquier otra estrella verdadera una supernova casi no se mueve (de manera perceptible) en relación a las otras estrellas, y no puede andar y detenerse sobre una casa.


¿UNA CONJUNCIÓN DE PLANETAS?


Si tenemos en cuenta que los magos eran astrólogos y se dedicaban a confeccionar horóscopos, entonces muy probablemente estaban prestando atención a las constelaciones y los planetas en ellas.


Un fenómeno que hasta hoy en día, en pleno siglo 21, llama la atención del público que asiste a los observatorios astronómicos es la conjunción, que es cuando dos planetas se cruzan en el cielo. Los planetas andan todos a velocidades diferentes: Mercurio tarda 88 días para girar alrededor del Sol, Venus 225 días, Marte 687 días, Júpiter 12 años, Saturno 29 años. Si tenemos en cuenta que la Tierra también se mueve alrededor del Sol, los movimientos que vemos desde nuestro planeta se complican todavía más: los planetas andan entre las estrellas, a veces se adelantan los unos a los otros, a veces, cuando nos acercamos, parecen retroceder, e inclusive hay momentos en que parecen detenerse. Todo esto llamaba mucho la atención de los astrólogos, pero sólo en el siglo XVII Johannes Kepler consiguió explicar la mecánica de estos movimientos.


En1604 una supernova apareció en la región del cielo llamada Ofiucus, la SN1604. Kepler notó que Marte se cruzó con Saturno el 26 de setiembre y con Júpiter 15 días después, y ahí apareció la supernova. Calculó que en el año 7 B.C.E. Júpiter y Saturno entraron en conjunción tres veces en un período de siete meses y el 20 de febrero del 6 B.C.E. Saturno entró en conjunción con Marte, estando Júpiter en las cercanías. Como no entendía nada de física subatómica, propuso que eventos como éste son los que hace nacer a las supernovas. (Ref. 28)


En diciembre de 2020 hubo mucha propaganda de que “la Estrella de Belén había vuelto”, por una espectacular conjunción entre Júpiter y Saturno, la conjunción nocturna entre estos planetas más apretada en 794 años. Pero primero recordemos que la distancia real de Júpiter al Sol es de 779 millones de kilómetros, y de Saturno al Sol de 1433 millones de kilómetros, por lo que la distancia real entre Júpiter y Saturno cuando están bien cerca es de unos 655 millones de kilómetros. Aquella distancia de la que mucho se hablaba, en términos técnicos es la distancia angular. Las conjunciones entre Júpiter y Saturno siempre son de menos de 1,5 grados de distancia angular. Pero el 21 de diciembre la separación fue de apenas 0,1 grado (un décimo de grado). Si tenemos en cuenta que desde el horizonte hasta lo más alto del cielo hay 90 grados sexagesimales (novecientos décimos de grado), los planetas verdaderamente casi parecieron fusionarse.


Sin embargo, por más espectaculares que sean las conjunciones, si los magos conocían el cielo no perderían de vista el andar de los planetas, por lo que sabrían que lo que estaba ocurriendo era una conjunción y no se habrían presentado en Jerusalén viniendo desde tan lejos “[Mateo 2:2b; Ref. 1] diciendo 'Porque vimos su estrella cuando ésta salió ' ”, hablando de una estrella en número singular.


Más hacia el lado mitológico de las cosas, una propuesta de Roger Sinnott es que los magos estaban prestando atención a una conjunción entre Júpiter y Venus (los dos planetas más brillantes) en el año 2 B.C.E. y una triple conjunción del planeta Júpiter (llamado por los antiguos “el rey de los planetas”) con la estrella Regulus (“la estrella real”, según los antiguos) del asterismo, o figura que la mente humana forma con las estrellas, del León. (Ref. 29).


Michael R. Molnar propuso que la constelación a la que los magos estaban prestando atención era la de Aries, el Cordero, tradicionalmente asociado con los judíos. En el año 6 B.C.E. Júpiter estaba en Aries, y no sólo eso, la Luna lo ocultó dos veces. (Ref. 30).


Argumentos a favor de que los magos estaban leyendo un horóscopo es que ellos no siguieron a la estrella directamente, sino que fueron a entrevistarse con Herodes en su capital Jerusalén para preguntarle dónde había nacido el nuevo rey de los judíos. Los sacerdotes explicaron que la profecía del Libro de Miqueas, capítulo 5, versículos 1 al 3 indica que tenían que dirigirse a Belén.


REALIDAD HISTÓRICA DEL RELATO DEL EVANGELIO DE MATEO


El que existan tantos candidatos paradójicamente puede significar que no sucedió nada extraordinario, nada que realmente resalte de entre un montón de eventos astronómicos normales. (Inclusive la masacre de los inocentes no cuenta con ninguna prueba independiente). Entonces, si descartamos eventos astronómicos específicos, podríamos intuir la posibilidad de que el relato de Mateo esté mezclando varias historias. Para empezar, el llamado Mateo el Evangelista muy difícilmente sea Mateo el publicano, discípulo de Jesús. El Evangelio de Mateo fue escrito entre el año 70 y el año 100 C.E..


Hay otros relatos similares al de la Estrella de Belén en documentos impensados: historias de los romanos. Plinio el Viejo dice que en el año 66 C.E. Tiridates, rey de Armenia, lideró una notable procesión de magos para rendir homenaje al emperador Nerón (Ref. 31). Dio Cassius agrega que vinieron por un camino y regresaron a su país por otro camino, como en el relato de Mateo (Ref. 32). Y justamente en este año pasó el cometa Halley, realizando movimientos muy similares a los descritos en el Evangelio de Mateo.


En el Libro de Daniel, capítulo 2, hay la siguiente historia (Ref. 1): “[2:1] El segundo año del reinado de Nabucodonosor, este tuvo unos sueños, y su espíritu quedó tan perturbado que no pudo seguir durmiendo. [2:2] El rey mandó llamar a los magos, los adivinos, los hechiceros y los caldeos, para que le explicaran sus sueños. Ellos fueron a presentarse delante del rey,”


En el Libro de Isaías, capítulo 60, el Señor (Yavé) dice a Sión (la ciudad de Jerusalén y por extensión la bíblica tierra de Israel), entre otras cosas (Ref. 1):


"[60:1] '¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz!'


'¡y la gloria del Señor [Yavé] brilla sobre ti!'


"[60:2] 'Porque, mira, la oscuridad cubre la Tierra'


'Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones,'


'pero sobre ti brillará el Señor [Yavé]:'


'y su gloria aparecerá sobre ti'"


"[60:3] Las naciones caminarán a tu luz '


'y los reyes, al esplendor de tu aurora.' "


"[60:4] 'Mira a tu alrededor y observa:'


'todos se han reunido y vienen hacia ti;'


'tus hijos llegan desde lejos'


'y tus hijas son llevadas en brazos.' "


"[60:5] Al ver esto, estarás radiante,'


'palpitará y se ensanchará tu corazón,'


'porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar'


'y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.' "


"[60:6] Te cubrirá una multitud de camellos,'


'de dromedarios de Madián y de Efá.'


'Todos ellos vendrán desde Sabá,'


'trayendo oro e incienso,'


'y pregonarán las alabanzas del Señor [Yavé].' "


(...)


"[60:11] Tus puertas estarán siempre abiertas,'


'no se cerrarán ni de día ni de noche,'


'para que te traigan las riquezas de las naciones,'


'bajo la guía de sus reyes.' ”


La Septuaginta, no es raro, tiene diferencias. En general son diferencias menores, pero algunas son destacables, por ejemplo (Ref. 3): 60:6: “(…) y los camellos de Madián y Gaifa te cubrirán. Y los de Saba vendrán, trayendo oro, y ellos traerán incienso y anunciarán las buenas nuevas de la salvación del Señor.”


Madián en la Septuaginta era el cuarto hijo de Abraham y Quetura, su esposa después de la muerte de Sara. Gaifa (Efá en el Texto Masorético Hebreo) era el primer hijo de Madián y por tanto era nieto de Abraham. Saba era primo de Gaifá y nieto, también, de Abraham y Quetura, siendo el primer hijo del segundo hijo, Jocsán, de esta pareja. El heredero de Abraham era Isaac, así que al resto de su descendencia el patriarca (tras darles algunos regalos) los mandó lejos, hacia el este (Génesis 25:6; Ref. 1). La rama madianita se estableció como tribu en lo que hoy es el noroeste de Arabia Saudita. Moisés consiguió asilo entre ellos luego de haber matado a un egipcio (Éxodo 2:11-22; Ref. 1) y fue en sus cercanías que se le apareció la zarza ardiente (Éxodo 3:1-15; Ref. 1). El Reino de Saba quedó más al sur, hacia Yemen o inclusive Eritrea o Etiopía, en el Cuerno de África. A este último respecto vale la pena recordar que la tradición dice que uno de los Reyes Magos, Baltasar, era de raza negra, así como probablemente también lo era aquella famosa Reina de Saba, la que hiciera una visita de cortesía al Rey Salomón (1 Reyes 10:1-13; 2 Crónicas 9:1-13; Ref. 1), dejándole como regalos 120 talentos de oro (1 talento ~ 30 kg, si no más; o sea, tres toneladas y media de oro, si no más), cargamentos de especias que “nunca más hubo tantos” (Ref. 1) y gemas preciosas. El agasajado fue capaz de corresponder muy caballerosamente. Ni la Septuaginta ni el Texto Masorético Hebreo dicen adónde fueron a parar los descendientes de Gaifá (o Efá), más allá que “hacia el este”.


Como especular es gratis, notemos la semejanza entre los vocablos “Madián, Gaifá y Sabá” con variantes de nombres aparecidos en tradiciones griegas del siglo V y luego traducidas al latín y de ahí al castellano, con “Melchor, Gaspar y Baltasar”.


Tenemos también las historias de infancia de Abraham, aunque la situación parece más complicada pues no existen registros contemporáneos de esas historias. Lo más que tenemos son publicaciones bien posteriores, aunque una de ellas, el Libro de Jaser, tiene una pequeña probabilidad de ser contemporánea, si es que logra superar las sospechas de fraude.


El más reciente de esos registros es "Cuentos de hadas y leyendas judías", de Gertrude Landa (Ref. 33). Cuenta una versión para público infantil supuestamente basada en tradiciones orales rabínicas, con muchas similitudes al Libro de Jaser.


Otro registro escrito es el del rabino Louis Ginzberg (Ref. 34). El autor cita como fuentes bibliográficas una enorme cantidad de comentarios sobre escrituras sagradas, y hasta las escrituras mismas, tanto judías como cristianas, comenzando desde el siglo II C.E.. Infelizmente, arma el texto realizando un cotejo general pero sin el aparato crítico correspondiente, por lo que no se sabe qué fuentes usó para narrar tal o cual leyenda. Nuevamente, la similitud con el Libro de Jaser es marcada.


El hoy polémico Libro de Jaser se cita en la Biblia, justamente en uno de los versículos más famosos: Josué 10:13: "Y el sol se detuvo, y la luna permaneció inmóvil, hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está eso escrito en el libro del Justo? El sol se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia el poniente casi un día entero." (Ref. 1). Hay otra referencia bíblica más sobre el Libro de Jaser: el Segundo Libro de Samuel, capítulo 1, versículo 18 (Ref. 1): "y le ordenó enseñarlo a la gente de Judá. Es el canto del Arco, y está escrito en el libro del Justo:”. Pero en el hebreo estrictamente literal de estos versículos la expresión no es el libro del Justo sino “el Libro del Erguido”. En hebreo “erguido” se dice "ishr" (Ref. 4), transliterado también como "Jasher" (Ref. 35) o Jaser. (En la Septuaginta, Josué 10:13 omite “¿No está eso escrito en el libro del Justo?" y 2 Samuel 1:18 omite "El Arco"). Así pues, el Libro del Justo, del Erguido, de Jasher o de Jaser es uno de los famosos y misteriosos "libros perdidos del Antiguo Testamento". Y efectivamente estuvo perdido hasta que apareció una edición impresa en Venecia en 1625, que a su vez hacía referencia a una edición anterior, impresa en Nápoles en 1552.


Aquí debemos hacer un respiro y tomar con pinzas esta no menos misteriosa "reaparición" del Libro de Jaser. No existe manuscrito del mismo, sólo la versión impresa, y no se tiene un registro de la historia anterior de este texto, ninguna genealogía que lo ligue con los tiempos bíblicos, mucho menos con el Libro de Samuel o el de Josué. El libro aparecido en Venecia podría ser una falsificación y el verdadero Libro de Jaser continuaría perdido. Sin embargo, es lo mejor que tenemos sobre el mismo hasta ahora.


Hecha esta salvedad, veamos lo que este libro dice en lo concerniente al tema que nos convoca. El capítulo 8 dice:"[8:1] Y era en la noche que Abram nació, que todos los sirvientes de Taré, y todos los magos de Nimrod, y sus conjuradores vinieron y comieron y bebieron en la casa de Taré, y se regocijaron con él por esa noche."


"[8:2] Y cuando todos los magos y conjuradores se fueron afuera de la casa de Taré, levantaron sus ojos hacia el cielo aquella noche para mirar a las estrellas, y ellos vieron, y contemplaron que una estrella muy grande vino del este y corrió en los cielos, y ella tragó las cuatro estrellas de los cuatro lados de los cielos."


"[8:3] Y todos los magos del rey y sus conjuradores quedaron asombrados en relación a esa vista, y los sabios entendieron este asunto, y supieron de su importancia."


"[8:4] Y se dijeron los unos a los otros, 'Esto solamente es tocante al niño que le ha nacido a Taré esta noche, quien crecerá y será fructífero, y se multiplicará, y poseerá toda la Tierra, él y sus hijos por siempre, y será y su semilla asesinará a grandes reyes, y heredará sus tierras. ' "


Por supuesto, la historia sigue con que el rey Nimrod se preocupa sobremanera por esta profecía y busca la manera de eliminar a Abram. El final lo intuimos correctamente: mata a un inocente pero no a Abram, quien crece y se convierte en Abraham. (Ref. 35).


Por suerte pisamos mejor terreno al hablar de la infancia de Moisés, puesto que ahora contamos con el testimonio escrito del aristócrata judío, nacionalizado romano, Titus Flavius Josephus, el famoso Josefo, quien vivió entre los años 37 C.E. y ca. 100 C.E. y por lo tanto fue contemporáneo de los evangelistas. Él nos comenta (Ref. 36) sobre el principio del fin de la esclavitud de los hebreos en Egipto: "Mientras estaban en este apuro, un incidente más tuvo el efecto de estimular a los egipcios aún más para exterminar nuestra raza. Uno de los escribas sagrados (personas con considerable habilidad en predecir el futuro con exactitud) anunció al rey que nacería a los israelitas en ese momento uno que degradaría la soberanía de los egipcios y exaltaría a los israelitas, si es que se criaba hasta ser un hombre, y sobrepasaría a todos los hombres en virtud y ganaría renombre perdurable. Alarmado en ese punto, el rey, bajo el consejo de este sabio, ordenó que cada niño varón nacido a los israelitas debería ser destruido arrojándole al río". (Ref. 37).


Una fuente secundaria, no tan sólida como los documentos de Titus Flavius Josephus, es la obra de Gustav Weil "La Biblia, el Corán y el Talmud; o, leyendas bíblicas de los musulmanes, compiladas de fuentes arábigas, y comparadas con tradiciones judías" (Ref. 38). En el capítulo "Moisés y Aarón", el jefe de los astrólogos dice al Faraón: "Yo leí anoche en las estrellas que el joven que un día os privará de vida e imperio ha sido concebido" (en esta escena, la película "Los diez mandamientos", de Cecil B. de Mille, con Charlton Heston, Yul Brynner y Anne Baxter, Paramount Pictures, 1956, retrata a la estrella como un cometa, à la "La adoración de los Magos" de Giotto, quizás inspirada por una ficticia carta enviada desde Menfis por el legendario príncipe Sesostris [probablemente el faraón Senusret III, pero también podría ser un compuesto de Seti I y Ramsés II, perseguidores de Moisés según la película] a su supuesta madre la Reina Epifia de Fenicia, en la novela de Joseph Ingraham "Los pilares de fuego: o, Israel en esclavitud" [Ref. 39], una de las obras utilizados para confeccionar el libreto de Hollywood). Sigue la (horrible) matanza de siempre, hasta que en la página 124 del libro "La Biblia, el Corán y el Talmud" hay otro detalle interesante: el Faraón se había enterado de que sus desdichadas hijas se habían curado de lepra, luego de que la mayor de ellas rescatara a un niño de un canal entre el río Nilo y el Palacio. El poderoso se había alegrado sobremanera y por primera vez en su vida había abrazado a sus amadas hijas. Pero después reflexionó y dijo a su esposa Asia: "'Este niño no debe vivir: ¿quién sabe si su madre no es israelita, y él no es el niño de quien a la vez mis sueños, como también mis astrólogos, me han presentido tanta maldad?'" A lo que su virtuosa esposa respondió: "'¿Todavía crees en sueños ociosos, los meros susurradores de Satán, y en las aún más ociosas interpretaciones dadas por hombres que se jactan de leer el futuro en las estrellas? ¿No has asesinado a las madres jóvenes de Israel y a sus hijos, e inclusive has hecho búsquedas en sus casas?'" Así, Asia y las siete princesas consiguieron que el Faraón acepte a Moisés en el Palacio. Desde luego, todos los documentos musulmanes son posteriores a los Evangelios, por lo que esta fuente debe considerarse periférica a nuestra causa.


Estas dos anécdotas no figuran en el Libro del Éxodo, pero la de Titus Flavius Josephus es sin duda históricamente importante, porque comprueba que la tradición estaba viva en una época en que había la posibilidad de influenciar la confección de los Evangelios.


Los documentos de Titus Flavius Josephus nos sirven para analizar otro punto histórico importante: la matanza de inocentes bajo el rey Herodes el Grande. Inmediatamente después de terminar el relato sobre la estrella, en los versículos 17 y 18 de Mateo capítulo 2, se lee (Ref. 1):


“[2:17] Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:"


"[2:18] 'En Ramá se oyó una voz,'


'hubo lágrimas y gemidos:'


'es Raquel, que llora a sus hijos'


'y no quiere que la consuelen, porque ya no existen' ".


La cita es de Jeremías 31:15 (Ref. 1): “Así habla el Señor [Yavé]:


'¡Escuchen!


'En Ramá se oyen lamentos,'


'llantos de amargura:'


'es Raquel que llora a sus hijos;'


'ella no quiere ser consolada, porque ya no existen.'


En la Septuaginta, el capítulo 31 del Texto Masorético de la Biblia Hebraica corresponde al capítulo 38 de la versión griega. El versículo 15 dice:


"Es así que el Señor dijo:'


'Una voz de lamentación y de sollozo y de luto fue oída en Ramá;'


'Raquel no quería dejar de sollozar por sus hijos, porque ellos ya no son.' ”


Ramá era una villa a unos 8 km al norte de Jerusalén. Raquel era la madre de José y Benjamín que tuvo con Jacob (éste más tarde llamado Israel), el que también era padre de Judá. El Libro de Josué dice: “[18:5; Ref. 1] (…) Judá se quedará en su territorio, al sur, y la casa de José en el suyo, al norte.” (…) “[18:11] Se extrajo la suerte correspondiente a los clanes de la tribu de Benjamín, y a ellos les tocó el territorio comprendido entre el de los hijos de Judá y el de los hijos de José.” (…) “[18:21] Las ciudades asignadas a los clanes de la tribu de Benjamín fueron las siguientes:” (…) “[18:25] Además, Gabaón, Ramá, Beerot,” (…) “[18:28].” Selá, Elef, Jerusalén (la ciudad jebusea) Guibeá y Quiriat: en total, catorce ciudades con sus poblados. Esta fue la herencia que recibieron los clanes de la tribu de Benjamín.”. Las tierras de José pasaron a sus hijos Efraín y Manasés.


En el año 722 B.C.E. el rey Sargón II conquistó a todas estas tierras y reunió a la población cautiva en Ramá: “[Jeremías 40:1; Ref. 1] Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, después que Nebuzaradán, comandante de la guardia, lo dejó ir de Ramá, donde lo encontró atado con cadenas entre todos los cautivos de Jerusalén y de Judá, que eran deportados a Babilonia.” (…). El rey Sargón II mandó grabar en una pared de su palacio: “(…) [En el comienzo de mi gobierno, en el primer año de mi reinado] (…) [27 290 personas, que vivían allí] los llevé lejos.” (Ref. 40). Así pues, el llanto de Raquel puede interpretarse, metafóricamente, como la enorme tristeza que sintió al ver que sus descendientes por parte de José y Benjamín fueron desterrados.


Significativamente, nuestro cronista Titus Flavius Josephus no nos trae ninguna noticia de una matanza a gran escala de niños ni en Ramá ni en Belén en tiempos de Herodes el Grande. Al analizar esto no debemos perder de vista que esos poblados eran muy pequeños, por lo que existe la posibilidad de que la matanza haya involucrado a unas pocas desdichadas familias y por tanto no haya sido tan "espectacular" como para atraer la atención del historiador... sobre todo comparada con otras atrocidades de Herodes el Grande que sí se tomó la molestia de registrar. Por ejemplo, algo que sí nos reporta es que, para evitar que le quiten el trono, Herodes el Grande llegó al extremo de matar a sus propios hijos: en el año 7 B.C.E. a Aristóbulo IV (Ref. 41) y Alejandro (Ref. 42), hijos suyos con su segunda esposa, la ya previamente ejecutada Mariana I, hija de Alejandro el Hasmoneo; y en el año 4 B.C.E. a Antípater III de Judea (Ref. 43), su hijo primogénito, que tuvo con su primera esposa, Doris. Las fechas de estos tres filicidios, asesinatos que debieron ser muy notables para la población local, coinciden con las fechas probables de la Matanza de los Inocentes del Evangelio de Mateo. (Nótese que Lucas, quien coloca la Natividad en otra fecha, distante casi una década después de la fecha de Mateo, no comenta nada sobre ninguna Matanza de Inocentes.)


CONCLUSIÓN


Así pues, tenemos tres posibles explicaciones para la Estrella de Belén.


La primera hipótesis es que el fenómeno sí ocurrió realmente como relatado por Mateo, y las coincidencias con historias anteriores muy similares son simplemente eso, coincidencias. El primer candidato para el objeto astronómico sería el cometa del 5 B.C.E. (ó 4 B.C.E.) visto y registrado documentalmente por astrónomos chinos y coreanos, según especificado atrás.


La segunda hipótesis es que un fenómeno algo parecido, por lo menos en esencia, ocurrió hacia la época mencionada, pero el evangelista, como no había sido testigo y tenía escasos datos, hurgó a lo largo y a lo ancho de la bibliografía profética y hasta en "chismes populares" de la época de Herodes el Grande (si los podemos llamar así) y eventos seculares adicionales para completar los detalles de su narrativa. Los Evangelios Sinópticos, de manera general, parecen seguir esta línea constantemente.


Y la tercera hipótesis es que nada de esto ocurrió jamás y sólo existieron en la mente del evangelista. Las intenciones de Mateo nos quedan claras si comparamos su obra completa con la obra de Marcos y de Lucas, o sea, si comparamos los tres Evangelios Sinópticos. Es bien sabido que el Evangelio de Marcos es una memoria de hechos vivenciados según la óptica de Simón Pedro y que el Evangelio de Lucas intenta ser un documento historiográfico. También es sabido que el Evangelio de Mateo es una apología a la supuesta condición de Mesías de Jesús de Nazareth. Trata por todos lo medios de convencer a los judíos de que las diversas profecías de los antepasados se habían cumplido. La época en que fue escrito este texto eran años muy sensibles en la historia judía, en medio de la debacle por la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén con su "Sanctum Sanctorum" y todo, y el comienzo de la Diáspora. El "fin de los días" habría llegado, el momento ideal para que se cumplan todas las profecías faltantes. La biografía de Jesús hubiera entrado en este remolino y ahí se le habrían pegado, como se pegan tiras de papel al hacer un "collage", los relatos de la estrella que marca su llegada, los visitantes de naciones distantes que le ofrecen tributos, el rey malo que no quiere entregar el poder y la consiguiente masacre en un vano intento por detenerle. No sería raro que haya sido ésta la manera en que se confeccionó este pasaje bíblico, puesto que de hecho gran parte de la Biblia se ha confeccionado (tanto antes como después de Mateo) justamente mediante la técnica del collage.


Sea la respuesta final "magia de ilusionista" o no, hasta aquí nos han permitido llegar los datos que poseemos actualmente sobre la Estrella de Belén. La conclusión, si es posible una, se deja a criterio de cada uno de los lectores.


A. L.


REFERENCIAS


1) Armando J. Levoratti y Alfredo B. Trusso ,“La Biblia: Libro del Pueblo de Dios”, traducción de la Conferencia Episcopal Argentina, 1990. Puede imprimirse de la Conferencia Episcopal Argentina. Copyright © Libreria Editrice Vaticana.


2) Walter Bauer, "A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature", 3rd..Edition, revisada y editada por Frederick Danker, traducida por William Arndt, Wilbur Gingrich y Frederick Danker, University of Chicago Press, Chicago y Londres, 2000.


3) "A New English Translation of the Septuagint", ©2007 by the International Organization for Septuagint and Cognate Studies, Inc. Used by permission of Oxford University Press. All rights reserved.


4) "Concordant Hebrew English Sublinear for the Westminster Leningrad Codex", Copyright © Scripture4all Foundation, Holanda, 2009.


5) "The New Covenant. The Greek New Testament with 8928 notes and 9971 alternate readings, containing all the variations of five printed editions and variants from the manuscripts and ancient versions", segunda edición, borrador, Tigran Aivazian, Bible.org.uk, Londres, 2005.


6) James Strong, "A concise dictionary of the words in The Greek Testament; with their renderings in the Authorized English Version", Madison, New Jersey, 1890.


7) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 14, capítulo 14, párrafo 5.


8) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 17, capítulo 8, párrafo 1.


9) Titus Flavius ​​Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 17, capítulo 6, párrafo 4, hasta el Capítulo 9, párrafo 3.


10) Tablas de eclipes por Fred Espenak y Jean Meeus (NASA / Goddard Space Flight Center); Tabla de fechas de Pascua por Susan Stolovy, Steward Observatory.


11) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los judíos", Libro 18, capítulo 4, párrafo 6.


12) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 18, capítulo 1, párrafo 1.


13) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 18, capítulo 2, párrafo 1.


14) Ramón García-Pelayo y Gross, "Pequeño Larousse Ilustrado", Ediciones Larousse Argentina, impresión de 1972.


15) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 18, capítulo 1, párrafo 1.


16) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 17, capítulo 11, párrafo 4.


17) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 17, capítulo 13, párrafo 2.


18) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 17, capítulo 13, párrafo 5; y Libro 18, capítulo 1, párrafo 1.


19) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los judíos", Libro 18, capítulo 2, párrafo 2; capítulo 4, párrafos 2 y 3; y capítulo 6, párrafo 5.


20) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los judíos", Libro 15, capítulo 11, párrafo 1.


21) Plinio el Viejo, "Historia Natural", John Bostock y Henry Thomas Riley, traductores, Editorial Taylor & Francis, Londres, 1855, Libro 18, capítulo 59.


22) Watson Mills, Roger Bullard, Edgar McKnight, y otros, editores, "Mercer Dictionary of the Bible", Mercer University Press, Macon, 1990, p. 142.


23) Mark Kidger, "The Star of Bethlehem. An astronomer's view", Princeton University Press, 1999.


24) "Los Anales de (el Emperador Hsiao)-Ai", en "La historia de la Antigua Dinastía Han", capítulo 11, publicado por el Instituto para la Tecnología Avanzada en las Humanidades, Copyright © Anne Kinney y la Universidad de Virginia, 2003.


25) "Anales de Silla", ca. 57 B.C.E. - 935, en "Samguk Sagi (La historia de los Tres Reinos)", citado por Mark Kidger en "The Star of Bethlehem. An astronomer's view", Princeton University Press, 1999.


26) "Merriam-Webster Online Dictionary", Merriam-Webster Incorporated, 2011; Ramón García-Pelayo y Gross, "Pequeño Larousse Ilustrado", Ediciones Larousse Argentina, impresión de 1972.


27) “Lista de Novas en la Vía Láctea”, Central Bureau for Astronomical Telegrams, Unión Astronómica Internacional, 2010.


28) John Mosley, “Common Errors in ‘Star of Bethlehem’ Planetarium Shows”, The Planetarian, tercer cuatrimestre de 1981.


29) Roger Sinnott, “Sky and Telescope”, diciembre de 1968.


30) Michael R. Molnar, "The Star of Bethlehem: the legacy of the Magi", Rutgers University Press, New Brunswick, New Jersey and London, 1999.


31) Plinio el Viejo, "Historia Natural", John Bostock y Henry Thomas Riley, traductores, Editorial Taylor & Francis, Londres, XXX, Sección VI.


32) Dio Cassius, “Historia Romana”, Vol. VIII, Libro LXII.


33) Gertrude Landa, "Cuentos de hadas y leyendas judías", Londres, 1919, republicado por Forgotten Books, 2008, 2010, capítulo "The star-child", página 47 y siguientes.


34) Louis Ginzberg, "Las leyendas de los judíos", New York, 1909, republicado por Forgotten Books, 2008, 2010, capítulo 5, páginas 123-124 y 136-138.


35) “The Book of Jasher. Referred to in Joshua and Second Samuel. Faithfully translated (1840) from the original Hebrew into English”, J.H. Parry & Company, Salt Lake City, 1887. El traductor fue Moses Samuel, de Liverpool, Inglaterra, aunque su nombre no se incluyó originalmente por disputas.


36) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los judíos", Libro 4, capítulo 9, párrafo 2,


37) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades judías", con una traducción inglesa por Henry Saint John Thackeray", en nueve volúmenes, The Loeb Classical Library, William Heinemann Ltd., Londres, 1930, 1957, 1961, reimpresión de 1961, volumen 4, p. 253.


38) Gustav Weil, "La Biblia, el Corán y el Talmud; o, leyendas bíblicas de los musulmanes, compiladas de fuentes arábigas, y comparadas con tradiciones judías", traducido del alemán al inglés, con notas ocasionales, Harper & Brothers, New York, 1846, p. 117.


39) Joseph Ingraham, “Los Pilares de fuego: o, Israel en esclavitud”, Pudney & Russell, editores, New York, 1859, carta 17, p. 278.


40) Daniel David Luckenbill, “Ancient Records of Assyria and Babylonia”, The University of Chicago Press, Chicago, Illinois, 1927, Volumen 2, capítulo 1, página 2, párrafo 4.


41) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 15, capítulo 3, párrafo 3.


42) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 16, capítulo 11, párrafo 7.


43) Titus Flavius Josephus, "Antigüedades de los Judíos", Libro 17, capítulo 7, párrafo 1.



SOBRE LA ILUSTRACIÓN


El famoso fresco “La adoración de los Magos”, por Giotto, ca. 1305. Se piensa que contiene el más antiguo retrato conocido del cometa Halley. Esta hermosa pintura de 185 cm x 200 cm adorna el muro sur de la Capilla de la Arena (construida por la familia de usureros Scrovegni y dedicada a Santa María de la Caridad), en Padua, Italia. Está listado como Patrimonio Mundial por la UNESCO.


“Con camellos y regalos, los tres reyes han seguido al cometa por el estrecho sendero rocoso hasta el establo de Belén. En el fresco, este establo realmente parece ser el final del camino. El rey más viejo se ha quitado la corona y se arrodilla ante el niño Jesús. Todos los presentes observan lo que está sucediendo en silencio y con reverencia. Sólo una figura secundaria vívidamente representada, el camellero, prefiere atender a sus animales. Giotto usa este contraste para aumentar el efecto de la escena principal.” – Anne Mueller von der Haegen, “Giotto di Bondone, about 1267-1337”, Könemann, Colonia, 1998. Con permiso.


Crédito de la ilustración: Giotto di Bondone, vía Bijbels Museum. Con permiso del Sector de Museos y Bibliotecas de la Comuna de Padua.


Una versión de este libro fue publicada originalmente como artículo de una página en el diario ABC Color, del domingo 24 de diciembre de 2006.


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